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jueves, 4 de mayo de 2017

FRANCIA: “NI BANQUEROS, NI RACISTAS”




La prensa internacional ha dedicado la mayor parte de sus comentarios sobre los resultados del primer turno electoral en Francia, a advertir acerca del cuadro de desintegración política que emerge de ellos. Menos empeño ha puesto en destacar que a pesar de todo esto se ha impuesto el candidato del continuismo. Emmanuel Macron, el ganador, no es sino el ex ministro de Economía del gobierno actual de Francois Hollande, que de este modo logró zafar de su propio fracaso político y de la derrota de su primer ministro, Manuel Valls, en la interna del partido socialista oficial. El oficialismo logró triunfar mediante un candidato extrapartidario de su propio palo.

El régimen político, en Francia, viene a los tumbos, en realidad, desde el final de la segunda guerra mundial, lo cual forzó el ascenso del bonapartista De Gaulle, y desde la conmoción de Mayo de 1968, que le puso fin. El histórico partido socialistaconocido como la Sección Francesa de la Internacional Obrera (Sfio)desapareció en la década del 60, cuando fue adquirido por una camarilla imperialista piloteada por un anti-socialista histórico, Francois Mitterand. Luego del rápido fracaso de esta tentativa, Francia pasó a ser gobernada por un régimen de “cohabitación” entre el ejecutivo de un signo político y la mayoría parlamentaria del otro. En este período comienza el ascenso del Frente Nacional. El domingo pasado, el partido político más grande después de la guerra, el partido comunista, ni siquiera concurrió a la cita electoral.

La victoria de Macron fue saludada por un ascenso de la cotización bursátil de los bancos del 8 al 10% en una jornada. Lo mismo ocurrió con la deuda pública de Francia. La euforia obedeció a que se descuenta la victoria de Macron en la segunda vuelta, y a que se evitó que el ballotage quedara acaparado entre dos adversarios de la zona euro, Melenchon, un ex socialista, y Le Pen, También partidarios de un fuerte impulso al gasto fiscal y a una moneda devaluada para reflotar la economía. Macron es el candidato de la rebaja de impuestos a las corporaciones, la anulación de la semana laboral de 35 horas, la flexibilidad laboral y de una operación de venta de las acciones que posee el Estado en capitales que cotizan en la Bolsa.

El continuismo enfrenta, sin embargo, la cuadratura del círculo en las elecciones parlamentarias que tendrán lugar a principios de junio. La improvisada agrupación de Macron no tiene candidatos conocidos ni suficientes para cubrir la apuesta. Los observadores atribuyen al Frente Nacional la posibilidad de conquistar cien diputados sobre los más de quinientos que componen la Asamblea. También podría entrar con fuerza el partido de los “Insumisos” de Mélenchon, que depende de acuerdos electorales con el partido comunista. El resultado dependerá de las alianzas que tejan los diversos partidos, debido a que los parlamentarios se eligen también entre los dos más votados en la primera vuelta. En “Los Republicanos”, el partido del centro-derecha, que obtuvo el tercer lugar el domingo reciente, solamente la fracción del ex presidente Sarkozy plantea gobernar con Macron. En principio, el partido socialista friltearía con el suicidio. En resumen, Macron debería gobernar ‘a la Macri’.

Todo esto son minucias, de cualquier modo, ante la crisis industrial y bancaria que enfrenta Francia, el crecimiento de los despidos y la ‘racionalización’ productiva – y una acentuación de los antagonismos con Alemania en relación a la gobernabilidad de la Unión Europea. Macrón plantea dos objetivos estratégicos - una unión fiscal y bancaria de la zona euro, y un mayor financiamiento a cargo del BCE -, que debería ser sostenido por el Tesoro y el Banco Central de Alemania. El continuismo ‘neoliberal’ en Francia no atenúa el antagonismo con Alemania – incluso lo acentúa. Este conflicto se desarrolla al mismo tiempo que se potencian los choques entre Gran Bretaña, por un lado, y Francia y Alemania, por el otro, con relación al Brexit. Macron ha dicho que pretende reforzar la plaza bancaria de Paris en detrimento de Londres.

La crisis capitalista mundial, por un lado, y las tendencias centrífugas en Europa, por el otro, siguen operando en forma implacable en la capacidad de gobierno de la burguesía y en la acentuación de la crisis social. El relato de la prensa acerca del choque entre Macron y Le Pen en la fábrica de Whirepool, en Amiens, en torno a la deslocalización de la empresa a Polonia y los despidos consiguientes, muestran el volcán social sobre el que se asienta el régimen político precario que viene. Es la oportunidad de una vigorosa campaña por la abstención, en la segunda vuelta presidencial, el 7 de mayo próximo, que sirva a la preparación de una lucha obrera contra la política que implementará Macron. La burocracia sindical y gran parte de la izquierda escamotea esta orientación con el argumento de ‘no ser funcionales’ a la chovinista Le Pen, como si lo mejor para la clase obrera no fuera dejar al desnudo poner en minoría común a dos candidatos antagónicos a los trabajadores. “En la tweetesfera de izquierda, se inquieta el Financial Times, circula el hashtag #SinMiEl7deMayo, llamando a la abstención” contra “banqueros” (Macron) y “racistas” (Le Pen).

Debajo de la superficie de las querellas electorales y parlamentarias, la fuerza de fondo es la acción disolvente implacable que ejerce la decadencia capitalista y la crisis mundial. Como ha ocurrido a lo largo de su historia revolucionaria, el inmovilismo en la cima es, en Francia, un síntoma de la explosión que se acumula por abajo.

Jorge Altamira
 

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