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lunes, 12 de noviembre de 2018

Derrotemos a Macri y al Rectorado en la Fuba

8 de noviembre de 2018 | #1527


Por Julián Asiner Presidente de la FUBA

El “Frente por una Nueva Fauba” ganó las elecciones de centro en Agronomía
Hace unos meses, las agrupaciones ligadas al gobierno de Cambiemos y al rector peronista Alberto Barbieri lanzaron una ofensiva política, mediática e incluso judicial contra la conducción de la Federación Universitaria de Buenos Aires. Pasadas las elecciones estudiantiles en las trece facultades, la derrota de este bloque es total y completa. La última semana, Agronomía se sumó a la ola de desgracias para Nuevo Espacio y el PJ que había comenzado en Medicina y seguido en Sociales. Agro tuvo su particularidad, porque implicó la caída del LAI, una agrupación derechista -vinculada con la Sociedad Rural- que había hegemonizado el centro de estudiantes durante los últimos ¡35! años.

El derrumbe económico, la crisis del macrismo y la emergencia de los pañuelos verdes y de la huelga universitaria, se expresaron en las urnas mediatizadas por la acción de las fuerzas políticas en presencia. El nuevo panorama que se abrió en la UBA representa un claro progreso político. El fraude de Estado que se quiso orquestar contra la principal federación universitaria del país quedó frustrado por el desarrollo del movimiento que irrumpió al calor de la huelga docente. Un sector mayoritario del movimiento estudiantil se colocó del lado de sus docentes, contra el macrismo ajustador y la Franja Morada, utilizando para ello los recursos que tenía a mano. Los millones malgastados en operetas mediáticas se evaporaron en el aire.

El “anti-macrismo”

El conglomerado de fuerzas que emergió en las nuevas direcciones de los centros es altamente heterogéneo. Con la conquista de la presidencia de los centros de estudiantes de Medicina, Filosofía y Letras (en este caso compartida con el PTS), Farmacia y Veterinaria y la secretaría general de la lista ganadora en Agronomía, la UJS-PO es la principal agrupación opositora al Rectorado y al macrismo. Casi duplicamos a la segunda fuerza en la distribución de delegados a la Fuba. Detrás nuestro aparece La Mella, que logró defender Exactas (aunque nuestra lista quedó sólo a 27 votos de ganar el centro) y enhebrar distintos frentes que se impusieron en Sociales, Psico y Agro sobre las agrupaciones ligadas a Barbieri. Para lograrlo, La Mella debió girar su discurso a la izquierda, buscando erigirse como representación de un movimiento al que había torpedeado cuando la burocracia kirchnerista se lanzó a entregar la paritaria.

Esta delimitación no llegó a procesarse hasta el final en el activismo estudiantil. Agrupaciones que en el pasado apoyaron al Frente de Izquierda, como La Corriente o La Dignidad, hoy profesan una suerte de “anti-macrismo” que aspira a hacer yunta con el principal cómplice de Macri, el peronismo opositor. Esta línea llevó a la ruptura del centro en Fadu y en Sociales, y en Psico ayudó a bloquear una evolución hacia la izquierda. Ahora, la lucha política entre quienes propugnamos por un movimiento estudiantil independiente, unido a los trabajadores, y quienes se esfuerzan por conducirlo por la ruta del nacionalismo capitalista, podrá desenvolverse a una escala superior, en la propia dirección de la Fuba.

Otro dato que dejaron las elecciones es que, con la excepción de Sociales, el kirchnerismo “puro y duro” (La Cámpora/Nuevo Encuentro) no logró capitalizar el derrumbe morado. Unidos a La Mella, tanto en Filo, Farmacia y Económicas quedaron debajo de la izquierda. En Exactas fueron desplazados al tercer lugar, en Derecho al cuarto y en las otras facultades prácticamente no obtuvieron votos. En Medicina, La Cámpora está directamente enlazada a la camarilla pejotista de Carlos Rojo, virtual decano de la facultad, que acaba de erigir un monumento a la reacción: la resolución que restringe la posibilidad de ocupar cargos docentes a los médicos, en detrimento del resto de las profesiones que intervienen en el ámbito de la salud.

El Congreso de la Fuba

Junto con las elecciones de los centros de estudiantes se eligieron también los delegados para el Congreso de la Fuba. El bloque que armó la “Fuba” paralela desde el Rectorado sufrió un retroceso, que lo deja lejos de reunir quórum. Siendo una primera minoría podrían, sin embargo, alzarse con la conducción de la Fuba sobre el resto de los bloques considerados por separado. Las agrupaciones que reivindicamos la lucha universitaria desde diferentes posiciones y programas, en cambio, sumamos más delegados y tenemos condiciones para alcanzar el quórum y reunir el Congreso. Pero sólo podríamos doblegar al gobierno con una lista unificada, que incluya a la izquierda y a las distintas agrupaciones que se referencian con el nacionalismo burgués, desde La Mella hasta la Cámpora. El orden de una lista común para ganarle al macrismo y al Rectorado debe estar determinado por los delegados reunidos por cada agrupación, ya que es la representación más cabal del voto de los estudiantes recién emitido. Cualquier intento de desconocer ese resultado debe ser rechazado porque atentaría contra el mandato del movimiento estudiantil.

No se nos escapa ni por un minuto que una lista compuesta por estas agrupaciones representaría un acuerdo precario, pues incluye divergencias estratégicas irreconciliables. Pero aún así, no lo consideramos sólo necesario sino también por completo adecuado, ya que la resolución de esta lucha estratégica ofrece un mejor escenario si se realiza a partir de la derrota de la derecha macrista y del Rectorado. Por su propia naturaleza, un acuerdo de este tipo debe hacerse en la mayor claridad. Sería un error, por lo tanto, encubrir las divergencias con un programa genérico, que confundiría al movimiento estudiantil en vistas a las luchas que se avecinan y al papel de cada fuerza política en la situación nacional y universitaria. No queremos palabras vagas sino hechos. Nuestra propuesta será que se fije un programa de reivindicaciones fundamentales de la universidad y del movimiento estudiantil, y un plan de acción para obtenerlas. Junto con ello plantearemos la convocatoria a un Congreso Extraordinario para la primera quincena de abril, una vez que se hayan retomado las clases, preparado con asambleas por facultad. Sobre la metodología de la federación pondremos como condición el funcionamiento regular de sus organismos y la elaboración de actas públicas sobre las votaciones y debates. A través de este método público aspiramos a procesar las divergencias de cara a la masa estudiantil.

Las fuerzas de izquierda deben participar activamente de esta lista y reclamar que se respete la representación que han obtenido en las elecciones. Cualquier acción abstencionista sólo puede ser funcional al macrismo y al Rectorado, ya que sin lista común serían ellos quien ganen la dirección de la federación, o al nacionalismo-kirchnerismo, pues la ausencia parcial de la izquierda en una lista ganadora incrementaría el peso de ellos por encima de la votación real obtenida. Llamamos muy especialmente a las fuerzas del Frente de Izquierda a tomar esta política y a realizar una campaña común.

Se abre una nueva experiencia para el movimiento estudiantil que deberemos abordar mediante una acción que combine el impulso a la lucha contra el ajuste fondomonetarista en la universidad y la educación, la unidad con la clase obrera y una delimitación política estratégica con el nacionalismo de contenido burgués. En el desarrollo mismo de este proceso debemos apostar a que los estudiantes, por su propia experiencia, lleguen a la conclusión de la superioridad de la izquierda revolucionaria.
 
 
El triunfo en Agronomía
Las elecciones estudiantiles en la UBA culminaron con un resultado histórico en la Facultad de Agronomía. Tras 35 años de hegemonía de la Línea de Agronomía Independiente (LAI), una agrupación derechista vinculada con la Sociedad Rural, se impuso con el 54% de los votos el “Frente por una Nueva Fauba” - Lista 3. Estos fueron los resultados:

Frente por una Nueva Fauba (Fana/UJS-PO/Mella): 
54,84% - 1.003 votos
LAI: 
41,77% - 764 votos
ATP (La Cámpora/Nuevo Encuentro): 
2,84% - 52 votos
Blancos: 
0,55% - 10 votos


Fuente: https://prensaobrera.com/universidad/44976-derrotemos-a-macri-y-al-rectorado-en-la-fuba

domingo, 11 de noviembre de 2018

Estados Unidos: Balance de las elecciones legislativas

8 de noviembre de 2018 | #1527

Estados Unidos: Balance de las elecciones legislativas

Los resultados no dotaron a Trump de los recursos políticos necesarios en relación con la agenda y los desafíos que tiene por delante

Las elecciones legislativas han dejado un panorama político abierto. Los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes. Según los últimos cómputos, sumarían 30 bancas más y superarían así, holgadamente, las 23 que necesitan para conquistar la mayoría. Por su parte, los republicanos mantienen la primacía del Senado, e incluso han ampliado el número de su bloque.
Todos los contendientes se adjudicaron la victoria, empezando por el propio Trump. Es cierto que la ola “azul” (color con que se identifica a los demócratas) no se produjo. El jefe de la Casa Blanca logró sortear el trance electoral y seguir en pie. Pero los resultados distan de dotarlo de los recursos políticos necesarios en relación con la agenda y los desafíos que tiene por delante. El desenlace electoral no lo aproxima al respaldo que necesita para el afianzamiento de un régimen de poder personal, de carácter bonapartista, ante las crisis y conflictos que debe abordar en el frente interno y en el plano internacional: la crisis migratoria, el agravamiento de la guerra comercial (en primer lugar con China), la extensión del escenario bélico a escala global y el desarrollo de la bancarrota capitalista, cuyos efectos se hacen sentir con especial fuerza en el desplome de Wall Street. La caída de la Bolsa ha encendido las alarmas de la economía estadounidense y dan cuenta de la fragilidad de la publicitada recuperación económica de la que se jactaba Trump.

Corresponde destacar que Donald Trump hizo hincapié en que estos comicios era un plebiscito de su gestión. En ese cuadro, y en el cómputo total de votos, “el New York Times está proyectando 9 puntos de diferencia en favor de la oposición. La última vez que los demócratas lograron un triunfo similar fue en 2008, cuando Estados Unidos estaba en mitad de un colapso económico y empantanado en una guerra extremadamente impopular en Irak” (El País, 7/11). En esta elección se reprodujo lo ocurrido en la contienda presidencial de hace dos años: los demócratas cosecharon dos millones de votos más que los republicanos, pero perdieron las elecciones, en este caso las del Senado. Ello revela, por un lado, el carácter antidemocrático y distorsivo del régimen electoral estadounidense y, por el otro, resalta los límites de la gestión de Trump para los dos años que le restan de mandato. Por lo pronto, la mayoría opositora en la Cámara de Representantes será un obstáculo para la aprobación de leyes que la Casa Blanca tiene en carpeta.

Ni qué decir que, en el nuevo escenario, podrían activarse las investigaciones contra el presidente y hasta el pedido de juicio político, aunque es difícil que progrese porque su aprobación final debe pasar por el Senado. El resorte senatorial le sirve también para el nombramiento de jueces de la Corte.

Realineamientos

Las elecciones han puesto de relieve la creciente descomposición de los partidos tradicionales. Así como Trump irrumpió como un “advenedizo” por derecha en las filas del Partido Republicano, lo mismo se constata en el Partido Demócrata, pero hacia la izquierda. Una legión de jóvenes, mujeres y representantes de las minorías han irrumpido en el escenario político y enfrentado al personal más conservador que ha manejado históricamente los hilos del partido. El fenómeno que se insinuó con Sanders en 2016 se ha multiplicado.

Con los resultados disponibles, el Capitolio pasa a tener al mayor número de congresistas mujeres de su historia. Esto da cuenta del lugar ganado el movimiento de la mujer, vigorizado por la ola “Metoo”, que apuntó sus cañones contra el presidente acusado de abusos por varias mujeres y que se ha caracterizado por sus comentarios misóginos. Por primera vez un homosexual declarado fue electo gobernador en Colorado, mientras Alexandria Ocasio-Cortez, de Nueva York, se convirtió, con 29 años, en la mujer más joven elegida nunca en la Cámara de Representantes. La victoria de Rashida Tlaib en Michigan significó la llegada del primer musulmán al Capitolio. A esto se suma, el ingreso de representantes de las minorías latinas.

Esta candidaturas han logrado despertar el entusiasmo en las filas de Partido Demócrata, en particular en la nueva generación.
(el progresismo trucho democrata )Su postulación fue acompañada de una gran movilización y fueron capaces de contagiar en el interés por concurrir a votar a quienes que se habían abstenido de hacerlo dos años atrás con la nominación de Hillary Clinton. El número de votantes fue superior a la elección de medio término de 2014. En la agenda de estos “outsiders” figuran reivindicaciones sociales ignoradas por el establishment demócrata, como un salario mínimo de 15 dólares, la defensa del seguro de salud y su ampliación, y la supresión de las restricciones migratorias. Así quedó expuesto el abismo creciente entre la cúpula del Partido Demócrata y su base popular de adherentes y votantes.

La cuestión migratoria estuvo ausente en la propaganda oficial demócrata, cuando Trump hizo del ataque a los migrantes uno de los ejes centrales de la campaña republicana. Esto no debe extrañar si tenemos presente que Obama fue un deportador serial bajo su mandato.
Trump explotó la pusilanimidad de los demócratas pero, aún así, no pudo evitar que se produjera un vuelco en el voto. A las conquistas demócratas en el Congreso hay que sumarle nuevas gobernaciones en los estados de Michigan, Illinois, Nuevo México y Kansas, que emparejan el reparto de Estados del país. En distritos industriales, como Michigan, ello indica un desplazamiento en la clase obrera que en 2016 votó por Trump. En Texas, un distrito con mayor peso de la población rural e históricamente republicano, se produjo una gran votación al candidato demócrata, aunque no alcanzó para una victoria. Como lo señalaron algunos analistas, allí se coló el descontento de los ruralistas, que soportan una caída de los precios de la soja debida a las represalias de China.

La política del gobierno ha provocado una creciente división en la burguesía. Un sector de ella es reacia a la guerra comercial y señala que ella amenaza con provocar un dislocamiento de la economía mundial. Los aranceles encarecen los costos industriales, aumentan los precios al consumo y perjudican las exportaciones. La guerra comercial, monetaria y financiera, señalan, agudiza la tendencia al cierre de los mercados por parte de los países afectados por las medidas adoptadas en Washington. Otro punto de controversia gira en torno de la inmigración, cuyas restricciones chocan con la clase capitalista que usufructúa la mano de obra migrante.

Perspectivas


La política de Trump encierra contradicciones explosivas, tanto en el plano interno como en el internacional. Washington apuesta a sobrevivir ahondando esa política. Su hoja de ruta incluye un reforzamiento del Estado policial y la persecución a los inmigrantes y minorías, una acentuación de la guerra comercial, en primer lugar contra China, del militarismo y las escaladas bélicas.
Su minoría en la Cámara de Representantes debilita estos planes, aunque la mayorría demócrata defiende la gobernabilidad.

Nancy Pelosi, quien será consagrada presidenta de la Cámara de Representantes, ya adelantó que el Partido Demócrata se empeñará en una “cooperación” con la Casa Blanca, y evitará que la sangre llegue al río. De todos modos, la agenda en la cual Washington está empeñado plantea un escenario convulsivo y sólo puede abrirse paso por medio de sacudidas políticas. Esto acicateará los choques en el seno de la burguesía y en el régimen político, lo que ya se expresa en la guerra de los servicios y en la mediática, y en las denuncias que pesan sobre Trump y que, a su turno, pueden activar un impeachment.

A caballo de ello, pueden desenvolverse las tendencias a la irrupción popular, con más razón si declina la actividad económica. Este escenario es el caldo de cultivo para una polarización política y para la aparición en escena de tendencias políticas independientes de los partidos del sistema.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Abajo el código represivo de Bullrich y Pichetto

8 de noviembre de 2018 | #1527


El gobierno anunció una modificación del Código Penal contra las manifestaciones populares.

Su objetivo es claro: atacar el derecho a luchar, cuando la carestía galopante, los despidos y el derrumbe económico colocan la urgente necesidad de una gran respuesta de lucha por parte de los trabajadores.
“Entorpecer la circulación” -algo que ocurre con cualquier protesta- pasará a ser delito.

La medida ha sido acompañada por una mayor persecución a los inmigrantes. Quieren penalizar y expulsar del país a los que participaron
de la marcha del pasado 24. La extorsión es clara: el trabajador extranjero puede ser superexplotado y precarizado, pero no tiene derecho a organizarse ni movilizarse por sus reclamos.

Esta escalada reaccionaria ha sido plenamente acompañada por los Pichetto y Scioli.

No debe sorprender: el Pejota acompaña con su voto el Presupuesto de ajuste 2019, mientras sus burócratas sindicales archivan hasta las amenazas de un paro nacional.

Además de los pactos parlamentarios y las capitulaciones sindicales, la gobernabilidad de Macri y sus socios “opositores” incluirá el reforzamiento represivo.

Rechacemos el código de Bullrich-Pichetto.


Libertad y derechos plenos a los inmigrantes.
Fuera los represores y sus cómplices políticos.
 
 
 

viernes, 9 de noviembre de 2018

Fuera Macri, Fuera Trump y Bolsonaro

8 de noviembre de 2018 | #1527

Impulsemos una agenda de movilización política en rechazo del G20
El viernes 30 tendrá lugar una marcha general de la izquierda y diversas organizaciones sociales contra la cumbre imperialista

Los funcionarios argentinos anuncian la futura reunión de mandatarios del G20 con invocaciones a la “globalización” y al “comercio internacional inclusivo”. A pesar de estas frases rimbombantes, la reunión que tendrá lugar en Buenos Aires entre el 30 y el 1º de diciembre próximos será el escenario de una aguda disputa internacional. El telón de fondo de esta pelea es la crisis mundial capitalista y sus más recientes manifestaciones de agravamiento. En vez del “comercio inclusivo”, la cumbre fue precedida por la guerra de aranceles entre Estados Unidos y China y, de un modo general, por las restricciones que le ha impuesto Trump a las importaciones de productos industriales a otros de sus socios del G20.

En la anterior reunión del G20 en Hamburgo (2017), su declaración final hacía alusión a los esfuerzos por “reducir la capacidad ociosa” de acero. Detrás de las limitaciones al comercio, subyace una crisis de sobreinversión y sobreproducción, y una discusión encarnizada respecto de qué bloques deben hacerse cargo de esa crisis. El pretendido foro de la “globalización”, en suma, asiste a la fractura del mundo “global”.

Pero los planteos proteccionistas de Trump son apenas el punto de apoyo de una política agudamente expansionista. Detrás de las nuevas barreras comerciales a China, subyace la tentativa de someter al coloso asiático a una recolonización financiera e industrial de carácter integral. En las divergencias que preceden a la nueva reunión del G20 aparece también la cuestión del cambio climático, que no es ajena a la guerra de bloques. Trump ha liberalizado el control ambiental a los grandes capitalistas de sus “viejas” industrias, para favorecer la reducción de sus costos. En esa línea, retiró a Estados Unidos del acuerdo global sobre el cambio climático.

En la agenda del G20 de Buenos Aires aparece un destaque especial para “la cuestión del trabajo”. Cuando esta “preocupación” la traen las grandes potencias imperialistas -y las burocracias restauracionistas de China y Rusia-, ello sólo puede significar el impulso a la precarización y el ataque a las conquistas laborales -o sea, trasladarle a los trabajadores las costas de la crisis.

Detrás de la guerra comercial y de la competencia por costos ambientales y “laborales”, asoma la perspectiva de la guerra misma. La cumbre de mandatarios sólo será un episodio de la descomposición capitalista y su tendencia a la barbarie.

Trump, Bolsonaro, Macri


A la reunión de Buenos Aires concurrirá también el fascista Bolsonaro, a pesar que recién asumirá como presidente en enero. Su presencia buscará subrayar la existencia de un eje continental derechista bendecido por Trump. Pero el pasaje de las fotos y las declaraciones a los hechos deberá transitar por las contradicciones de la crisis capitalista. Como ya se demostró con Macri, la “identificación política” con Trump no eximió a la Argentina de las restricciones proteccionistas -mucho menos de la fuga de capitales y la megadevaluación disparadas por la suba de las tasas de interés en Estados Unidos. Sin perjuicio de ello, los derechistas regionales no se privarán de redoblar los planes de colaboración militar con el imperialismo, donde la supuesta lucha contra el narcotráfico viene siendo la coartada para un reforzamiento represivo del Estado contra los explotados. En los últimos días, han recrudecido las versiones sobre la instalación de bases militares yanquis en Brasil, junto a los reclamos para que se adopten “acciones urgentes” sobre la frontera con Venezuela. De este lado del Mercosur, la victoria de Bolsonaro ha insuflado los aires de la ministra Bullrich, para reclamar, junto al pejotista Pichetto, la represión a las movilizaciones populares y la persecución a los inmigrantes. En esa línea, el macrismo ha preparado un operativo represivo inédito contra las marchas que recibirán al G20.

Contracumbre de fracasos

La cumbre del G20 será precedida por una convocatoria de nacionalistas continentales -la llamada “contracumbre”, que contará con la presencia de Dilma, Cristina Kirchner y probablemente Rafael Correa. Harán un gran acto de encubrimiento respecto de cómo los “nacionales y populares” le abrieron paso a la reacción política en cada uno de sus países. Después de haber gobernado como lobbista de la patria contratista y del capital internacional, el PT permitió que el golpismo militar y la reacción asumieran el control de la transición política que culminó, días atrás, con la victoria electoral de Bolsonaro. En Ecuador, Correa ungió como sucesor a Lenin Moreno, una suerte de “Scioli” que luego se deschavó como agente directo del imperialismo. Por su parte, Cristina Kirchner se ha servido del “efecto Bolsonaro” para reforzar sus negociaciones de “unidad” con el pejotismo que ha cogobernado -y continúa haciéndolo- con el ajustador Macri. La contracumbre del nacionalismo fracasado no puede ofrecerle ningún futuro a la lucha de los trabajadores del continente contra el imperialismo y la reacción política.

Por una intensa campaña política

En este cuadro, la presencia del G20 le plantea a la izquierda revolucionaria un doble desafío. Por un lado, es necesario desplegar una intensa clarificación y agitación política contra la cumbre imperialista y sus propósitos reaccionarios. El viernes 30 tendrá lugar una marcha general de la izquierda y diversas organizaciones sociales. Debemos prepararla con charlas y actividades de repudio en lugares de trabajo, colegios y facultades. Es la oportunidad también para convocar a los artistas revolucionarios a desplegar iniciativas en lugares públicos, que refuercen la agitación política. Una enérgica campaña es también la oportunidad de una delimitación política respecto del nacionalismo burgués y sus compromisos con el imperialismo. En esta línea, el Partido Obrero le ha propuesto a los partidos del FIT un acto en la semana previa al G20, por la expulsión del imperialismo, de los Trump-Macri-Bolsonaro y por la Unidad Socialista de América Latina.

También a pocos días del G20 -entre el 16 y el 18 de noviembre- tendrá lugar la Conferencia Latinoamericana convocada por el PO y el PT de Uruguay, junto a delegaciones de militantes y luchadores de varios otros países del continente. Será la oportunidad de debatir y resolver iniciativas de lucha y movilización política para el desarrollo de la izquierda revolucionaria en el continente.
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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Politica Obrera