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martes, 28 de junio de 2016

“Historias napolitanas”, la ruina del capitalismo europeo

22 de junio de 2016 | #Prensa Obrera 1416 | Por Matías Rubio

El film del director italiano Antonio Capuano, “Historias Napolitanas”, retrata a partir de tres historias personales, una sociedad que se descompone y pervierte al calor de la crisis capitalista mundial. El epicentro de las historias es Bagñoli, un barrio popular del centro de Nápoles, teñido por el desempleo, la precarización, la prostitución y la droga. Lo humano, entendido como solidaridad y gestos nobles, aparece prevaleciendo sobre las acciones más egoístas que brotan de la pauperización de una población que intenta sobrevivir 
 
Las viejas industrias siderúrgicas, que se encuentran abandonadas, ocupan un lugar importante en el paisaje: simbolizando la industrialización fallida del sur italiano (mezzogiorno). 
 
Los personajes que constituyen el nudo de esta historia son: un poeta, que pasó los cincuenta años, arruinado, recién separado, que vive con su padre y comete pequeños delitos inofensivos y sacia sus impulsos e impotencias con sexo pago y algunas drogas; su padre, un anciano enfermo, fanático de Maradona, ex obrero metalúrgico, que revive y añora el pasado y, por último, un joven que abandonó el secundario y trabaja haciendo las entregas para un almacén del barrio. Estas experiencias alternan drama con comedia, con un ritmo constante y momentos disruptivos. 
 
El panorama es desolador. Sin embargo, el joven conoce una chica que es artista y colabora en “La Casa del Pueblo”, un centro político-comunitario de orientación comunista. La chica, que trata de inducirlo a la lectura, se ve sorprendida por un beso arrebatado que da comienzo a un romance. Se baila, se disfruta en medio de la desolación y también se lucha. La joven escribe: “Ni italianos ni europeístas, internacionalistas”. De esta manera, aparece la nueva generación, cerrando el entramado de historias y haciendo justicia con un mundo que no les corresponde. Hay futuro si hay lucha por el socialismo. 

A raíz de la muerte de Obregón Cano

#Prensa Obrera 1416 | Por Christian Rath 
 
El domingo 18/6 falleció Ricardo Obregón Cano, quien fuera gobernador de Córdoba junto a Atilio López, dirigente de la CGT de la provincia, por un breve período. Accedió al poder el 25 de mayo de 1973 y fue destituido el 28 de febrero de 1974, nueve meses después, por un golpe de Estado que pasó a la historia como “Navarrazo” por quien lo lideró, Antonio Navarro, jefe de policía de Córdoba
Fue parte del desalojo violento del conjunto de gobernadores que habían subido con el apoyo del peronismo sindical combativo y de la Juventud Peronista, orquestado por el propio Perón con el apoyo de la burocracia sindical. Nuestro partido lo caracterizó como “Anticordobazo” porque tuvo la intervención de quienes participaron del Cordobazo.  
 
La muerte de Obregón Cano, a la edad de 99 años y luego de treinta de silencio, ha provocado condolencias que constituyen, a ojos vista, una muestra impar de hipocresía. ¿Dónde estaba De la Sota y una larga lista de dirigentes peronistas y de la oposición cuando el golpe policíaco militar sindical ordenado por Perón derrocó al gobierno de Córdoba en 1974? ¿Dónde estaban Gioja, Balbín o la propia CFK, que confesó que cuando Perón echó a los “imberbes” de la Plaza era partidaria de quedarse para no dividir al peronismo, tres meses después del Navarrazo? ¿Alguien recuerda que Ricardo Obregón Cano fue preso por asociación ilícita bajo Alfonsín, en el mismo momento en que el presidente que vociferaba “con la democracia se vive, se come y se hace justicia”, enarbolaba la teoría de “los dos demonios”? ¿Alguien recuerda, honor para él, que Ricardo Obregón Cano denunció la ley de Obediencia Debida del propio Alfonsín, que prescribía los delitos cometidos por los miembros de las Fuerzas Armadas, cuyo grado estuviera por debajo de coronel no eran punibles? 
 
La operación burocrático-policial -organizada por el gobierno de Perón con el objetivo de liquidar las posiciones conquistadas por los trabajadores desde el Cordobazo- tiene un capítulo escasamente abordado, que es el papel del peronismo, de la burocracia sindical y de la oposición política patronal en la conspiración que colocó la ciudad bajo el mando de los escuadrones de la muerte y preparó el descabezamiento de las direcciones clasistas y combativas de la época. Fue parte de ella Ricardo Balbín (UCR), quien se ufanaría más tarde de haber excluido a la Legislatura de Córdoba de la intervención federal a la provincia -planteada en principio para los tres poderes- y Oscar Alende y Horacio Sueldo -aliados del PC en la Alianza Popular Revolucionaria (APR)-, que ayudaron a reunir el quórum -dos tercios- necesario para intervenir el Poder Ejecutivo de la provincia. 
 
El golpe se propuso destituir al gobierno de la izquierda patronal del peronismo (Obregón Cano-Atilio López) tildado de condescendiente con “la subversión” y provocar una derrota estratégica en uno de los grandes escenarios de la rebelión obrera abierta con el Cordobazo. Era parte, a la vez, de una sucesión de golpes de Estado contra los gobernadores del peronismo combativo pergeñados por el propio Perón y que destituyeron a Oscar Bidegain (provincia de Buenos Aires), Miguel Ragone (Salta), Jorge Cepernic (Santa Cruz) y Alberto Martínez Vaca (Mendoza).
 
Obregón fue un Cámpora, incapaz de enfrentar la ofensiva derechista: fue él quien nombró jefe de policía al coronel Navarro, quien luego fuera jefe de la sedición, repitiendo a Salvador Allende con Pinochet y, más tarde, a Isabel Perón con Videla. 
 
El Navarrazo se inició el 27 de febrero de 1974. Ese mismo día, con las calles ocupadas por la policía alzada y las bandas de matones organizados por la burocracia sindical, el cuerpo de delegados del Smata Córdoba, a instancias del Movimiento Sindical Combativo (en el que convergían Agustín Tosco y René Salamanca), resolvía abrir una instancia de negociación con las 62 Organizaciones “legalistas” -orientadas por el vicegobernador Atilio López.  
 
¿Cuál era la política de las 62 en las vísperas del golpe? Negociar con la derecha -los llamados ortodoxos, arietes del golpe- la conformación de una regional peronista que excluyera… a Tosco y Salamanca. Las 62, en la figura de López, capitularon ante Perón entregando su renuncia horas después. Obregón Cano y la JP ni siquiera intentaron enfrentar el motín, confiando en una intervención del “líder” a su favor. 
 
Para que se advierta, la clase obrera del Cordobazo fue derrotada sin pelea por esta política, en uno de los mayores centros de la rebelión clasista y combativa que recorría el país. 
 
 El “cerco”
 
Para el 1º de marzo, las Juventudes Políticas (JPA), con peso determinante de la JP, habían llamado a un acto en la Plaza Congreso para “estructurar una fuerza de apoyo al gobierno que contrapese las fuerzas reaccionarias” (Noticias, 28/2/74). En medio del motín policial, la convocatoria no fue alterada ni en una coma. El gobierno prohibió el acto y la policía sitió el lugar. Las JPA, con 50.000 jóvenes en la calle, decidieron retirarse y fueron gaseadas mientras gritaban su adhesión a Perón y repudiaban el “cerco” en torno de él.
Balbín y Perón organizaron una reunión con todos los partidos de oposición. Concurrieron ocho: UCR, APR y, entre otros, el PC -parte de la APR y el PST (luego MAS). De allí salió un documento en el que se planteaba que “los aquí presentes… han reiterado el propósito de no ahorrar actitudes y esfuerzos para mantener y consolidar el proceso de institucionalización del país, en el régimen de la democracia”. Sobre el Navarrazo, ni una palabra. 
 
Fue publicado a través de una solicitada (22/3/74). El documento era la consecuencia de una lógica política pérfida, se llamaba a defender al gobierno que en esas horas entregaba todos los resortes del poder a los organizadores del motín en Córdoba y de la Triple A, con la anuencia del propio Perón. 
 
La Triple A  
 
Obregón Cano se exilió en México en agosto del ’74. Un mes después, su compañero de fórmula, Atilio López, caía bajo las balas de la Triple A. Uno de los 600 desaparecidos y 500 ejecutados sumariamente bajo el tercer gobierno peronista. Al recordar a Obregón Cano, vale denunciar que la impunidad por la Triple A se convirtió en política de Estado bajo todos los gobiernos, incluyendo el pretendidamente nacional y popular. Nadie quiso arrimar una cuota de demagogia para castigar estos crímenes, debido a la magnitud de las responsabilidades políticas detrás de ellos (Perón) y al involucramiento personal y directo de la burocracia sindical peronista en sus filas. 
 

lunes, 27 de junio de 2016

El PTS y la corrupción

22 de junio de 2016 | #Prensa Obrera 1416 | Por Alejandro Lipco 
 
Ante la noticia del funcionario kirchnerista enterrador de millones, la primera reacción de los principales dirigentes del PTS en redes sociales fue tan curiosa como significativa 
 
"¡Más que nunca exijamos que todo funcionario público gane lo mismo que un docente! Como @NicolasdelCano @RaulGodoyPTS y @myriambregman", dijeron Del Corro y Bregman. Sin detenernos en la torpeza más evidente -¿alguien piensa que los millones provienen de un sueldo "abultado"?-, el reflejo tiene un alcance profundo. La corrupción, en esta versión, tendría que ver con los "privilegios" de una "casta", tal cual afirmaron hasta el cansancio en la campaña electoral pasada. Se trata de una conciliación monumental con el régimen burgués, toda vez que la corrupción no es un problema aislado de funcionarios, sino uno de los principales instrumentos que desarrolló la clase capitalista para controlar su Estado. El planteo de "casta", por el contrario, concluye en una reforma del Estado, al que habría que despojar de esos "parásitos". Pero un partido revolucionario debe valerse de todas las crisis para elevar la conciencia proletaria, no rebajarse a proclamas centroizquierdistas. Es interesante que el oportunismo, o sea la conciliación de clases, nunca puede restringirse a un cálculo electoral, sino que expresa las tendencias más profundas de una orientación. En el caso de la corrupción también, mal que le pese al PTS, "es el capitalismo".  
 

Pérez Corradi, una detención que salpica lejos

  | #Prensa Obrera 1416 | Por Alejandro Guerrero

Después de ocho años, la crisis política ha devuelto a la tapa de los diarios el triple crimen de General Rodríguez y sus derivados, como el negociado de obras sociales sindicales con medicamentos adulterados. Aquel caso fue convenientemente tapado por otros escándalos y porque el juez Ariel Lijo tardó ocho años en llamar a indagatoria a los imputados, cosa que hizo recién en marzo de este año. Otros encubridores sistemáticos de esas estafas criminales contra la salud del pueblo fueron el fiscal bonaerense Juan Bidone y la procuradora de la provincia de Buenos Aires, María del Carmen Falbo, ex defensora de Aníbal Fernández en otras causas penales. Falbo fue denunciada por aquel encubrimiento y esa denuncia está en el despacho de Sandra Arroyo Salgado, quien, según Elisa Carrió, la deja dormir por presiones de Sergio Massa y de dos caudillos del PRO bonaerense: Gustavo Posse y Jorge Macri. Carrió debe saber de qué habla, puesto que es socia política del PRO y de Cambiemos. En este punto, conviene recordar que María Eugenia Vidal ha armado una suerte de pacto permanente con Massa, de modo que las denuncias de Carrió apuntan a la línea de flotación de la gobernación bonaerense. 
 
Pero el caso Pérez Corradi trae otras “reminiscencias”: por ejemplo, la del financista Néstor Lorenzo, dueño de una cadena de droguerías vinculadas con la causa de los medicamentos adulterados, que involucró a la burocracia sindical al punto de haber llevado a la cárcel a Juan José Zanola durante dos años. En 2007, y con el fruto de estos negocios, se aportaron fondos a la campaña electoral de Cristina Kirchner y Julio Cobos. El recaudador de esos recursos, Héctor Capaccioli, entonces superintendente de Salud de la Nación, se definía él mismo como “soldado de Alberto Fernández”, hoy portavoz de Massa. La ruta de Pérez Corradi, como se ve, más que ruta es una autopista.
 
Ahora, aquella bomba de tiempo que se desactivó en 2008/2009 amenaza de nuevo con una explosión, por la detención de Ibar Pérez Corradi, a quien algunos consideran el instigador del triple crimen de General Rodríguez, cometido en agosto de 2008. Entonces, los cadáveres de tres empresarios farmacéuticos vinculados con el tráfico ilegal de efedrina aparecieron acribillados a tiros. Sin embargo, los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci, condenados por aquel crimen, fugados y recapturados poco después en un episodio peor que confuso, aseguran que Pérez Corradi sólo es un empleado de Aníbal Fernández. 
 
La protección, la caída 
 
Hasta hace muy poco, nadie buscaba a Pérez Corradi, que tiene “muy buenos amigos en la Side y en la Bonaerense” (La Nación, 20/6). Gendarmería dejó trascender que había alertado a Sergio Berni sobre la presencia de Pérez Corradi en Paraguay, pero el entonces secretario de Seguridad nada hizo. Ahora ¿quién lo detuvo? Contra lo que dice Patricia Bullrich, la AFI no buscó a Pérez Corradi. Ella se enteró de la detención porque la llamó el ministro del Interior paraguayo, no por la AFI. Se trate o no de una detención pactada con el propio Pérez Corradi, es evidente que la “seguridad” argentina actúa por cuenta y orden de la DEA, que “administra” el narcotráfico continental de acuerdo con los intereses de la penetración política y económica yanqui en la región. Como parte de este operativo, estaría la “reubicación” de Antonio “Jaime” Stiuso en la ex Side. 
 
La detención de Corradi podría terminar de demoler a otro flanco de la camarilla kirchnerista: la de Aníbal Fernández y su ex compañero de fórmula, Martín Sabbatella. Fernández, se sabe, es un provocador profesional contra el movimiento popular (Darío y Maxi, Mariano Ferreyra, detención del “Pollo” Sobrero).. Y hay más: la caída de Pérez Corradi golpea también a varios de los nuevos amigos o socios de Macri -los de la “oposición responsable”- y a franjas amplias de la burocracia sindical. El “mani pulite” argentino choca con las tendencias disolutorias del régimen político. 

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