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sábado, 19 de abril de 2014

Memoria del piquete



Una verdadera jauría se lanzó sobre la organización de los piquetes en la jornada de la huelga general. Incluyó a los voceros del gobierno, a los que la convocaron (Moyano, Barrionuevo), a los opositores que impugnaron la propia huelga pero se juramentaron “terminar con el autoritarismo del piquete” (Macri) o “la locura” de organizar un piquete para “forzar un paro” (Massa) y, presumiblemente, a los que guardaron silencio (Carrió, Binner, Cobos). Uno de los que más lejos llegó fue Facundo Moyano, quien planteó que “el piquete no tiene nada que ver con la huelga, no es un derecho”. De aquí a ilegalizar los piquetes o movilizar a la burocracia sindical contra ellos -como lo plantearon en varias oportunidades los ministros de Trabajo y de Interior tanto de Duhalde como de Kirchner -hay apenas un paso.


Historia

Desde la Circular de la Liga Comunista de Alemania, en 1850, el movimiento obrero y el socialismo internacionales han inscripto el piquete en sus programas, considerándolos una herramienta imprescindible en defensa de la huelga y de los trabajadores que la emprendían, que eran el eslabón débil de la sociedad frente al aparato del estado volcando en su contra con todos sus recursos. Una vez votada la huelga, la acción de los piquetes era la herramienta indispensable para disuadir o impedir la acción de los rompehuelgas organizados por los patrones con la anuencia del estado, que eran traídos desde regiones alejadas y aún países extranjeros al solo efecto de quebrar el movimiento de lucha. En 1871 ¡hace casi 150 años¡ el gobierno inglés impuso la Ley de Enmienda del Derecho Criminal, limitando, hasta un punto de anulación, el derecho a formar piquetes de huelga. No por casualidad, los piquetes fueron prohibidos luego de la gran huelga general inglesa de 1926 y una vez más en 1985, cuando Margaret Thatcher volvió a dejarlos fuera de la ley y hasta creó una fuerza especial de represión para quebrar la huelga minera. La misma historia, con otras fechas, se puede encontrar en otros escenarios. Esa gran periodista que fue Susana Viau destacó que en el inicio del movimiento de lucha de los desocupados en Cutral Co, Tartagal y otros campamentos abandonados de YPF “la palabra piquete con la que se autodesignaron fue el eslabón que el lenguaje les proporcionó para demostrar que seguían formando parte de la clase obrera” (Clarín, 25/11/12).

Piquetes e independencia política y sindical

De esto se trata, Facundo Moyano. El joven burócrata sindical no sabe siquiera de los piquetes de los años posteriores al derrocamiento de Perón. La gran huelga general en defensa del frigorífico Lisandro de la Torre (1959) cubrió de barricadas barriadas enteras de la Ciudad de Buenos Aires. El llamado a terminar con los piquetes está dirigido a movilizar a la clase media, o a una parte de ella, contra la organización de la clase obrera y tiene, en principio, un carácter fascista. En este caso, en particular, es un ataque referido al protagonismo del Frente de Izquierda. No por casualidad Facundo Moyano completó su anatema contra los piquetes, planteando que “la izquierda carece de representatividad en el conjunto de los trabajadores”, una expresión de deseos que delata al burócrata que siente su territorio en peligro.

¿Cómo no plantear asambleas y piquetes -justamente lo que la burocracia se opone cerrilmente a promover- para que el que está sufriendo las consecuencias del “ajuste” tome las riendas de un proceso político que, de otro modo, terminará guiado por los Massa o los Scioli?

Los piquetes, en la huelga del 10, han sido la expresión del movimiento obrero que busca un rumbo político y sindical propio.

Christian Rath

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PC-K: una ruta de colisión tardía

partido comunista nuevo encuentro



En los últimos días, ha circulado la versión de que el Partido Comunista estaría a punto de romper con el gobierno nacional. Ocurre que Martín Sabbatella (un ex CC del PC) despidió a la directora del AFSCA de La Rioja y militante del PC, María Reynoso, quien es abogada querellante en tres causas donde se investiga la participación del jefe del Ejército, César Milani, en la desaparición de personas durante la última dictadura militar.

A esta ‘causal’ de cesantía se agregaría la circunstancia de que Reynoso es la esposa del secretario general del gremio docente de la provincia, Rogelio Leonardi, quien es dirigente del PC. Los docentes de La Rioja están en lucha contra el gobierno provincial kirchnerista de Beder Herrera; en Chilecito se desarrolla una huelga general por tiempo indeterminado.

El despido habría sido decidido, además de por Sabbatella, por Carlos Zannini; uno ex ‘prosoviético’ y el otro ex ‘prochino’. El “democratizador de medios” se ha convertido en defensor de participantes del genocidio, como Milani. Carta Abierta no ha abierto la boca, quizá por la distracción que le produce la figura de Luis Barrionuevo.

Las divergencias del PC con el gobierno parecen haber alcanzado también a la devaluación monetaria y al ajuste. El ex cajero del PC, Carlos ‘Credicoop’ Heller, apoya en cambio con fervor una tasa de interés del 30%. Del mismo modo que apoyó la ley financiera de Martínez de Hoz y la creación de las AFJP, por parte de Domingo Cavallo. Por la primera convirtió a una caja de crédito en un banco, y por la segunda creó la AFJP Previsol.

El PC se incorporó relativamente tarde al kichnerismo, al cual había caracterizado como ‘neoliberal’ y menemista durante los tres primeros años de gobierno. La voltereta posterior obedeció a las presiones diplomáticas de los gobiernos amigos.
En tanto, en el PC evalúan armar un frente “de la izquierda y el progresismo como Alternativa Popular”. Es una constatación de que el kirchnerismo “ya fue”. Es lo que hicieron, por otra parte, en las elecciones últimas con una lista encabezada por Pablo Ferreyra, con el propósito de convertir a Mariano, nuestro compañero, en un mártir de los K. La lista se dedicó al trabajo sucio de atacar al Frente de Izquierda. Esta completa falta de complacencia, de nuestra parte, con el PC, no significa que ignoremos que este episodio de expulsiones es un responso de difuntos para el kirchnerismo.

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viernes, 18 de abril de 2014

La usina del piquete


El ataque a los piquetes en el paro del 10 de abril, es “el” punto común entre el gobierno, la oposición patronal y las burocracias sindicales ligadas a estos partidos del sistema. Por eso vale la pena entenderlo en toda su dimensión.

El piquete obrero emerge de la tradición de nuestra clase, con casi dos siglos de experiencia y maduración. Nació como un método de extender y asegurar las huelgas, el método colectivo de clase contra las presiones de la patronal: “el esfuerzo por hacer prevalecer la voluntad colectiva de la clase obrera”(1) y es, por lo tanto, una herramienta de educación política fundamental. Es la fuerza contraria al carneraje, la extorsión y la represión del Estado: “los piquetes anarquistas y socialistas de principios de siglo, de la Semana Roja de 1909, de la Semana Trágica de 1919 y de la Patagonia Rebelde (…) los grandes piquetes de huelga de la Década Infame y con los combativos piquetes obreros de la época de la dictadura ‘Libertadora’ y del gobierno de Frondizi, y con los Cordobazos, Rosariazos, Tucumanazos y las grandes puebladas de fines de los ‘60 y comienzos de los ‘70.”(1)

Luego, es la catástrofe capitalista, con la masividad de la desocupación de los gobiernos “carnales del imperialismo” de Menem y De la Rúa, que crea la condiciones para su ampliación a los desocupados. Así el movimiento piquetero, desde 1996, toma las rutas, generalizando los piquetes y llevándolos a la rebelión popular de 2001, unidos a las cacerolas. Es el que desarrolla un planteo político de salida a la desocupación, con sus Asambleas Nacionales de Trabajadores.

Hoy, el piquete reúne toda esta experiencia obrera y la recrea en las actuales condiciones históricas contra el nacionalismo burgués, que embiste con el Rodrigazo K-K. Desde el plenario obrero del Sutna, han cambiado el paro a una huelga activa, donde los piquetes generalizan una política independiente, no atada al peronismo en ninguna de sus variantes y ni las demás variantes burguesas, una línea de unión del movimiento obrero con la izquierda revolucionaria, que ubica a la burocracia sindical oficialista y opositora, en el terreno contrario a los intereses políticos de los trabajadores, como su freno político. En esto radica su triunfo contra el ajuste del gobierno. Enorme maduración. Un periodista dijo en la TV, que los piquetes eran de la izquierda que había recibido muchos votos en la última elección.
Lo que no dicen los medios, entre otras cosas, es lo que ocurre dentro del piquete, donde hierven todo tipo de lazos revolucionarios: las agrupaciones clasistas organizan sus reuniones y charlas, se lee y vende la “Prensa Obrera”, se debaten los planteos de movilizaciones, reclamos y las declaraciones del gobierno contra el paro, se recuerda llamar a tal o cual compañero para que no falte a la charla política, se recibe a las columnas de las fábricas con “unidad de los trabajadores”, se habla de teatro, poesía, música, mientras se arma el cordón, se trepa la loma para cortar y se cantan las consignas. Y mientras se tiene de frente a los gendarmes, se intercambian ideas sobre nuestra fortaleza política. Un verdadero combate en los términos de transformación social de la clase obrera, con la izquierda revolucionaria.

Silvia Jayo

1. Luis Oviedo: “Una historia del movimiento piquetero”.

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La pinochetista ley antipiquetes de los K

Foto: Antimarxistas weones. 

«Der Steppenwolf»Por: Diego Rojas  

El diputado Carlos Kunkel, un kirchnerista de paladar negro, ( que ayer nego el ser kirchnerista y dijo ser peronista como Menem y Duhalde ) acaba de enviar un proyecto de ley al parlamento que regimienta la protesta social. Las consideraciones del proyecto, que más adelante serán detalladas, muestran no sólo el declive del gobierno, sino el modo en el que se realiza: mediante la ruptura total con el campo popular, en medio del temor del Estado a la movilización, a través de la profundización de la tendencia fascistizante al control de todo aspecto de la vida social y, en última instancia, a la realización de la historia.

Sería posible imaginar ¿que el 20 de diciembre de 2001 los centenares de miles de manifestantes hubieran designado mediadores para discutirle a De la Rua la decisión del Estado de Sitio? ¿Podría considerarse que los obreros de Avellaneda hubieran elegido representantes para solicitarle a Edelmiro Farrell la liberación del teniente Juan Domingo Perón, preso en la isla Martín García, para luego movilizarse por dos horas antes de ser reprimidos por la policía, en el marco legítimo de la ley? ¿Es pertinente pensar siquiera que los trabajadores y estudiantes cordobeses le hubieran anticipado al gobierno de Onganía cuarenta y ocho horas antes que tomarían el barrio Clínicas con barricadas y autos quemados para determinar el fin de ese tramo de la dictadura?

El absurdo que atraviesa el proyecto de Kunkel podría hacer presumible que su autor es un ignorante absoluto acerca de los procesos sociales y el desarrollo no tan sólo de la historia argentina, sino de la universal. Pero no es así. Kunkel fue uno de los diputados de la Juventud Peronista que en 1974 renunció a la bancada oficialista ante la presentación por parte del entonces presidente Perón de la ley de Asociaciones Profesionales, que todavía rige, y que abrió el camino a la eternización de las burocracias sindicales y al bloqueo de direcciones alternativas en todas las ramas de la producción. El proyecto de ley de Kunkel no es ingenuo ni absurdo. Es peligroso. Y da cuenta de la total degradación del proyecto político del oficialismo.

La ley está inspirada en otra que aplicó el régimen dictatorial de Augusto Pinochet en Chile. El “Decreto Supremo 1086”, promulgado por Pinochet el 15 de septiembre de 1983, años en los que la lucha democrática lanzaba a miles a las calles a desafiar a la opresión militar. Su artículo segundo indica los datos que los manifestantes deben avisar a los funcionarios de gobierno con dos días de anticipación: “El aviso indicado deberá ser por escrito y firmado por los organizadores de la reunión, con indicación de su domicilio, profesión y número de su cédula de identidad. Deberá expresar quiénes organizan dicha reunión, qué objeto tiene, dónde se iniciará, cuál será su recorrido, donde se hará uso de la palabra, qué oradores lo harán y dónde se disolverá la manifestación”. 

El proyecto de ley kirchnerista calca a la ley dictatorial y señala en su artículo séptimo: “Toda manifestación pública debe ser notificada ante representación policial con una antelación no menor a las 48 horas. En esa notificación deberá indicarse: a) El lugar en que se llevará a cabo. b) El tiempo estimado.c) El objeto de la manifestación. d) El manifestante delegado.”

El proyecto K introduce la figura del “manifestante delegado”, que tendría la misión de parlamentar con los representantes estatales o privados a los que se dirijan las peticiones de la manifestación por el lapso de dos horas. Pasado ese período, se declararía la ilegitimidad de la protesta y las fuerzas de seguridad deberían disolverla –aunque, según indica la norma, la fuerza debería usarse en su “mínima expresión” y (gracias Ley de Medios) la protesta declarada “legítima” debería ser difundida en los medios públicos-. Dos horas es el tiempo de legitimidad que le otorgaría el Estado antes de quedar libre de manos para la represión. Félix Uriburu, Juan Carlos Onganía y Jorge Rafael Videla palmearían los hombros de los diputados que aprueben esta ley.

La actual coyuntura marca un incremento exponencial de la protesta social, que tuvo un pico la semana pasada con la realización del paro general, de carácter activo debido a los piquetes de la izquierda sindical. Estos sectores impulsan la continuidad de la protesta, con paros progresivos de 36 y 72 horas
aunque el moyanismo se manifiesta proclive a llegar a acuerdos y acomodamientos políticos de cara al 2015 antes que verificar el cumplimiento de sus reclamos-. Frente a esta alza de luchas es que se erige la muralla represiva de la ley antipiquetes de los K.  

No está de más recordar que el periodo que se inició con la convulsión social de 2001 y 2002 encontró a Néstor Kirchner reprimiendo a los vecinos asambleístas que se reunían en Río Gallegos, Santa Cruz. Cristina Fernández da fin al ciclo kirchnerista con una reaccionaria ley para seguir reprimiendo.
Fuente : Infobae 

PRO - Cesado

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