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jueves, 31 de julio de 2014

“La lucha va a seguir y vamos a seguir acompañando”

La lucha va a seguir y vamos a seguir acompañando


Reportaje a Paola, de la comisión de mujeres de Lear
-¿Qué rol está jugando la Comisión de Mujeres?


-La comisión se empezó a organizar desde hace rato. Con el primer conflicto le pusimos más garra. A mi entender somos todavía pocas, queremos que vengan más mujeres. Acompañar a los maridos, a los compañeros, eso les va a dar más fuerza para seguir y no tirarse abajo. Esto ya tiene más de un mes y yo sé lo que es, porque lo veo en mi marido. No es la primera vez que lo acompaño en esto. El año pasado lo hice cuando estuvieron las suspensiones de los 16 pibes, cuando pedimos la reincorporación, lo que por fin ganamos. Eso nos enseñó y nos hizo seguir.


-¿Cómo se convocan?

-Nosotros llamamos por teléfono a las mujeres, les preguntamos si los maridos necesitan algo, si los chicos necesitan algo. La idea es que los maridos se sientan acompañados y las compañeras se sumen.


-¿Cómo se organizan?


-Nos juntamos y tratamos de hablar de los problemas de cómo podemos ayudar a un compañero u otro, ya sea con alimentos, plata, remedios. La comisión la integramos varias esposas y compañeras de Lear con la delegada de la comisión interna. Tenemos contactos con las comisiones de mujeres de otras fábricas también. A veces, charlamos ir al Encuentro Nacional de Mujeres. Ahora estamos viendo qué hacer, lo estamos planeando; con la situación de los despidos, la falta de plata, lo estamos analizando.

La lucha va a seguir y vamos a seguir acompañando, y la comisión de mujeres va a seguir hasta que la lucha triunfe.

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Defol polItico

Un-defol-no-es-lo-mismo-que-el-repudio-de-la-deuda-usuraria-2


El “pagador serial” ha caído en defol.

Esto ocurre luego de haber pagado 190.000 millones de dólares y, al mismo tiempo, duplicar el monto total de la deuda pública.

Como última maniobra se resignó a que los banqueros locales tomen en sus manos la negociación con los fondos buitre.

Sería, claro, una privatización del manejo de la deuda pública.

En pleno retroceso, el gobierno usará su propio defol para extorsionar a los trabajadores. Pedirá que depongamos nuestros reclamos en pos de una falsa “unidad nacional”.
Que aceptemos los despidos, las suspensiones, el impuesto al salario y la caída del poder adquisitivo de nuestras familias.

Entre la patria y los buitres, elegirán los buitres.

Ninguna unidad nacional con gobiernos defolteados que hacen pagar la crisis capitalista a los trabajadores.
Por un paro nacional activo de 36 horas por nuestras reivindicaciones.

Abajo la deuda usuraria.

!LeaPrensa Obrera!

miércoles, 30 de julio de 2014

Por qué un paro activo nacional



El movimiento obrero batalla en varios frentes.
El costo de vida aumentó un 40 por ciento, pero las paritarias cerraron con un aumento salarial promedio del 29,7 por ciento anual en cuotas. Así, la inflación se devora el salario -especialmente las jubilaciones, condenadas a un mísero aumento del 11,3 por ciento hasta setiembre. Esta situación ha disparado un movimiento por la reapertura de paritarias, el cual tiene expresión en la docencia bonaerense, salteña y de Rio Negro.

Un segundo frente es el impuesto al salario. Muy peculiar, pero agudo. El gobierno, al prolongar el cálculo del congelado piso de 15.000 pesos de salario bruto al mes, agravó la carga de 1.300.000 afectados. Esto suma presión despareja en gremios como el neumático, la siderurgia, el Smata o la docencia; pero presión pareja en bancarios o en los salarios patagónicos. La tabla de Machinea hace el resto.

Y un tercer frente, el más dramático, es el de los despidos y suspensiones, retiros ‘voluntarios’ y jubilaciones anticipadas o simples cortes de contratos temporarios. Contra el ‘relato’ de los Pignanelli, las suspensiones y recursos de crisis se transforman crecientemente en despidos.

La recesión está declarada, aunque no en toda su magnitud. En el primer trimestre del año se cerraron 310.000 cuentas sueldo en los bancos. El movimiento obrero tiene aquí su batalla más difícil contra la asociación de la burocracia sindical al gobierno y su política consciente de ajuste. La recesión está siendo además usada, por patronales como Weatherford, Gestamp, Calsa o Lear, para imponer planes de superexplotación contra los trabajadores, atacando a su activismo. Otras, como la industria frigorífica, operan planes de reestructuración a escala del Mercosur, algo común también a las autopartistas.

Las luchas -en su momento la de Valeo, que disparó el paro general de la UOM cordobesa, más recientemente Calsa, Gestamp o Lear- representan un esfuerzo del movimiento obrero por poner un límite a esta ofensiva de conjunto, apoyada en las líneas centrales de una política económica que comparte toda la clase capitalista. Ofensiva apoyada también por oficialismo y oposición, que unifica a los pagadores de la deuda y de los buitres.

Pero ocurre que en el campo del movimiento obrero, ni la CGT oficial ni la opositora dijeron palabra sobre la crisis de la deuda que sacude al país y a los trabajadores, porque están en el campo político de los pagadores. Esencialmente, la burocracia sindical está subordinada al ajuste (miremos, si no, las paritarias de camioneros). Los topes fueron rotos por grandes huelgas docentes, por aceiteros o la alimentación, no por camioneros, cuyos trabajadores no fueron convocados a la lucha.

Moyano enfrenta la atomización de camarillas de la burocracia con el método de la rosca, la que no evita nuevas escisiones como las de los gremios del transporte. Así, han pasado cuatro meses desde el gran paro del 10 de abril. Se reproduce el sistema del paro aislado que usara Saúl Ubaldini, su objetivo es reposicionar a una burocracia, no quebrar una política económica y social. No en función de una alternativa política contra los ajustadores. No en función de un plan económico elaborado por los trabajadores.

Nuestro planteo de paro activo nacional -el que debería ser de 36 horas, para empezar con un abandono de plantas- tiene por objeto, en primer lugar, ofrecer un canal a los cientos y cientos de fábricas afectadas por los despidos y suspensiones, para reagruparse contra la ofensiva patronal alrededor de la medida de conjunto. Para ello, promovemos asambleas en cada lugar de trabajo. El paro y su preparación oxigenaría luchas actuales -como Lear, Weatherford, Emfer- o a las que pueden venir -como la gráfica Donnelley, con 123 despidos anunciados.

Nuestro planteo de paro activo tiene un programa. Esto es clave, porque el paro “repudio” muere al otro día. Necesitamos armar a la clase obrera. Por ello, el planteo de prohibición de despidos y suspensiones, reparto de las horas de trabajo y apertura de cuentas de las empresas involucradas. En los otros frentes, reapertura de paritarias y abolición del impuesto a las ganancias sobre el salario convencional.

El clasismo y la izquierda no reúnen la fuerza para convocar a un paro nacional, pero tenemos la política para luchar por él y, mediante el programa, discutir en asambleas de los lugares de trabajo, privados o estatales, transformándolo en un instrumento en la línea de poner en pie, contra el ajuste, al conjunto del movimiento obrero. Cada fábrica que pare en esta línea, estará en mejores condiciones de pensar una huelga u ocupación de fábricas, los métodos de la clase obrera para enfrentar la ofensiva. Lo mismo en el caso de los sectores o gremios que luchan contra la desvalorización salarial y el impuesto al salario. Finalmente, la cuestión jubilatoria tiene que ser una bandera de toda la clase obrera: inmediato aumento de emergencia de 3.600 pesos, 82 por ciento móvil y devolución de la Anses a un directorio electo por trabajadores y jubilados.

La potencia de la izquierda obrera y socialista está en el hecho de que levanta las reivindicaciones para organizar y no para “contener”, y en que presenta una alternativa política al hundimiento de la burocracia sindical peronista y de centroizquierda: el Frente de Izquierda.

No a Pignanelli, no al fascismo en los sindicatos

La burocracia del Smata tiene sobre sus espaldas la colaboración con la dictadura militar y el señalamiento de delegados y miembros de comisiones internas para que fuesen secuestrados. En democracia y bajo el gobierno supuestamente nacional y popular ha protagonizado un hecho que la coloca a la altura de esa historia. Ha secuestrado, manu militari, a casi 300 trabajadores de Lear para obligarlos a revocar el mandato de su combativa comisión interna actuando como fuerza de choque directa de la multinacional y el gobierno.

La patronal citó a todos los trabajadores de Lear el pasado 17 de julio en la puerta de otra fábrica, VW, con el argumento de que ingresarían todos juntos para sortear el bloqueo de activistas y organizaciones de lucha en la puerta de la planta. Cuando los trabajadores estaban en la espera aparecieron entre 10 y 15 colectivos a los que se les indicó subir y una vez adentro, integrantes de la burocracia y de la patota que le responde cerraron las puertas e informaron que no iban a la fábrica sino a la sede del Smata para concretar una asamblea. Llegados a la sede fueron llevados a un salón donde Pignanelli y Manrique leyeron una carta de la patronal planteando que si no se revocaba a los delegados actuales la empresa podría resolver el cierre de la fábrica. A continuación la “mesa” informó que en esta asamblea no iba a haber debate y los trabajadores debían ir a firmar un escrito revocando el mandato de los delegados, para evitar los despidos y el eventual cierre.

Así fue descabezada la comisión interna votada (segundo mandato) por el 70 por ciento de los trabajadores. De la supuesta asamblea no participaron los 200 despedidos, ni los delegados “destituidos”, pero, eso sí, contó con la presencia cómplice de un veedor del Ministerio de Trabajo que le dio “legalidad” al secuestro. Cuatro trabajadores que se opusieron a la “convocatoria” de la burocracia fueron los nuevos despedidos.

“Ya no quedan delegados de izquierda en fábricas en las que está el Smata” se jactó Pignanelli horas después. Si hubiera dicho “zurdos” el paralelo con la burocracia sindical mecánica del 70, protagonista de la Triple A, hubiera sido total. La afirmación revela la profunda conciencia de la burocracia sindical sobre el avance de la unión entre el movimiento obrero y la izquierda, burocracia que es el garante de los despidos, el ajuste y correa de transmisión, sin subterfugios, de la política patronal. Cuanto más profunda es la crisis, más sale a luz el entrelazamiento de la burocracia con el estado y los grupos capitalistas.

La vehemencia contra la lucha obrera y la izquierda que tiende a liderarla quedó expuesta durante la dura pelea de los compañeros de Gestamp, donde Pignanelli abiertamente expresó que “una cosa es una lucha sindical y otra un delito”, planteado expresamente su repudio a la acción por los despedidos. En esa oportunidad insultó a Néstor Pitrola públicamente y publicó una solicitada acusando al Partido Obrero y a la Izquierda de “hacer una prueba piloto”, en términos que copian a los de José Rodríguez -el burócrata que al día de hoy sigue siendo parte del procerato del Smata, a pesar de su responsabilidad criminal en la desaparición de los luchadores mecánicos.

La lucha de los trabajadores de Lear ha encontrado desde el comienzo un bloque común entre el gobierno, la burocracia y la patronal yanqui. A todos los une un problema de carácter estratégico; evitar la rebelión de los trabajadores contra el ajuste. La enorme lucha de los compañeros de Lear abre un camino en uno de los gremios más importantes del país. En ese camino se encuentran todos nuestros esfuerzos.

Christian Rath


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PRO - Cesado

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