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miércoles, 5 de junio de 2013

2013 – 2023: la década que queremos

Por  Martín Ogando

junio 5, 2013 - Número 4, Revista


Todavía es posible escuchar los ecos del último 25 de mayo. La última fiesta patria quedó bajo el fuego cruzado de oficialismo y oposición. “Década ganada”, “década perdida”, “oportunidad desperdiciada”, son alguno de los motes que se impusieron en medios y movilizaciones. Y se sabe, cuando el marketing abunda, la reflexión es flaca. De nuestra parte, más que concentrarnos en el balance de la década pasada, nos gustaría aportar a los desafíos de la que se viene. No porque aquello carezca de importancia, sino porque hay bastante ya dicho y porque sentimos la necesidad de vislumbrar el horizonte para orientar mejor nuestra praxis política.
Obviamente, aún sin entrar en un detallado balance de la década, es necesario trazar una breve ubicación. MAREA Popular es parte de un entramado de organizaciones sociales y políticas que aspiran a la construcción una nueva izquierda popular, democrática, heterodoxa y latinoamericana; una izquierda que busca la recreación de un socialismo nuestroamericano del siglo XXI. Y la lectura que esta militancia no eclesiástica tiene del proceso kirchnerista es bien clara. Mejor dicho, es clara y bien fundamentada, por más que irrite por igual al camporismo (o al pejotismo) y a la oposición filo-liberal de “izquierda” o derecha.

El kirchnerismo fue un gran administrador del descontento popular post-2001, una consecuencia indirecta de aquella irrupción callejera, pero también de los miedos y el pedido de orden posterior. El comando kirchnerista de la recuperación económica post-devaluación fue la forma que adquirió la recomposición hegemónica de las clases dominantes, del Estado y del propio ciclo de negocios. Recomposición que supuso sustanciales modificaciones en la forma de ejercicio de esa hegemonía, que a partir de allí debió tomar nota de la organización popular, los reclamos sociales y un naciente nuevo mapa latinoamericano. De allí en más lo conocido. Primero Néstor y después Cristina atendieron a una serie de demandas postergadas, promovieron nuevos derechos sociales y políticos, reposicionaron al Estado como autoridad mediadora y como asignador de recursos, al mismo tiempo que ayudaron a perpetuar los intereses de una parte de los grupos económicos concentrados, locales y extranjeros, impulsando una estrategia político-económica que hemos llamado neo-desarrollismo. No hay extensión para el detalle, pero nos entenderemos fácil si decimos que esta década ha visto convivir la anulación de las leyes de impunidad con la aprobación de la ley anti-terrorista; la ampliación de derechos, como el matrimonio igualitario, con la perpetuación de un sistema político y una institucionalidad elitista y reacia a la participación popular; la AUH con el techo a la paritarias y la estigmatización del reclamo sindical; la recuperación de los fondos jubilatorios con una desastrosa política energética y una errática estrategia industrial. En fin, medidas parciales, limitadas y en algunos casos tardías, que no alcanzan a constituir una alternativa de desarrollo favorable a los sectores populares ni a atacar de manera estructural la dependencia nacional.

Por un lado, para los sectores populares esta ha sido una década ganada, y no hace falta adherir al relato oficial para sostenerlo. Si tomamos como referencia la desastrosa situación previa a la devaluación, las condiciones de vida de gran parte de la población trabajadora son mejores, se han conquistado pisos importantes en cuanto a conciencia política y valores culturales, y la organización popular ha logrado avances y se encuentra viva. En síntesis, los que queremos dejar atrás definitivamente la Argentina neoliberal estamos mejor para ir por más.

Por otro lado también es posible enfatizar que en esta década se han perdido muchas oportunidades, en el marco de un crecimiento económico importante, con precios favorables de las materias primas, con los factores de la derecha política largo tiempo a la defensiva y un contexto geopolítico mundial novedoso. Si posamos la mirada en la situación de nuestra industria, en la inexpugnable precarización de más de un tercio de la clase trabajadora, en la falta de soberanía sobre nuestros recursos y en la continuidad del saqueo y la contaminación, la hipótesis de la oportunidad perdida resulta al menos plausible. Es hora también de que el punto de referencia para evaluar lo conquistado deje de ser tan modesto: el 2001 constituyó en términos de indicadores sociales una de las catástrofes más grande de la historia argentina. Más bien creemos que deberíamos pugnar por instalar un punto de comparación más realista (y ambicioso) para evaluar la efectividad de la militancia y la prédica kirchnerista, pero sobre todo para mensurar de manera realista las correlaciones de fuerzas sociales.

En nuestra humilde opinión, el problema fundamental de los años por venir es que la Argentina que hoy tenemos sigue siendo tremendamente desigual, dependiente y saqueada, con una economía extranjerizada y concentrada en pocas manos, con una clase política mayoritariamente alejada del pueblo y sus necesidades. Terminar con ese país, cambiarlo de raíz, es el gran desafío de una nueva generación militante.

El 2015 como punto de inflexión
Sin embargo, lejos de esta mirada, en general la oposición critica al kirchnerismo por lo bueno que ha hecho, no por lo malo. Un triunfo antikirchnerista, para nada descartable en el 2015, puede entrañar retroceder en lo conquistado y renovar las miradas más conservadores y antipopulares.

No hay dudas sobre esto. No estamos dispuestos a regresar, a volver atrás, a perder efectivamente una década que se parió con la resistencia en los 90 y la rabia popular en aquel diciembre de 2001. Pero estamos también convencidos que no es profundizando “lo que hay” que trazaremos un camino estratégico para las fuerzas populares de nuestro país. Profundizar lo que hay es profundizar también elementos retardatarios que constituyen pilares del “modelo”: el saqueo de nuestros recursos naturales, una altísima rentabilidad empresaria incompatible con una efectiva redistribución de la riqueza, un sistema tributario regresivo, bolsones enormes de pobreza, entre muchos otros aspectos que no hay que “profundizar” sino desmantelar. Sin embargo, el principal problema de que la militancia popular kirchnerista asuma la idea de “profundizar el modelo” es que esto, en la práctica, supone la adhesión a un punto de equilibrio que ha tendido a consolidarse en su fase más conservadora, expulsando las posibles tensiones creativas de las que podía estar preñado el proceso. Todo proceso popular tiene contradicciones, tensiones, y de eso estamos seguros. No pretendemos construir una mirada purista, impugnadora del proceso actual en pos de revoluciones ideales o librescas. El problema es que el kirchnerismo ha tendido a resolver y estabilizar esas tensiones en una fase más bien conservadora del proceso. Y más aún, se ha detenido de manera muy cauta frente a ciertos poderes económicos y corporativos. Lejos de la propaganda liberal-conservadora, no “van por todo”, sino que más bien contemplan con cierta satisfacción y conformismo la obra de estos años. Y allí, más allá del propio balance de lo hecho, no hay entonces potencialidad para derribar las barreras que han quedado en píe protegiendo a la Argentina del pasado. Un ejemplo: el 25 de mayo último la presidenta habló de organizarse, de empoderar al pueblo para defender las conquistas. Bienvenido sea como interpelación pero, ¿cuáles fueron las medidas que durante estos años dieron concreción a esa apuesta? ¿Cómo se articula esa convocatoria con una lógica de construcción verticalista, una militancia donde la crítica es excepción y se refuerzan las estructuras políticas tradicionales?

Es imposible no pensar el 2015 como un punto de inflexión. Se ha convertido en un año polisémico: algunos sueñan con el fin del kirchnerismo, otros con la profundización del proyecto en curso y otros con su reemplazo por izquierda. Lo que es indudable es que se abre la posibilidad de una re-estructuración significativa del mapa político. Por primera vez desde el 2003 la continuidad directa del proyecto kirchnerista estará puesta en duda, a menos que una improbable reforma constitucional habilite la reelección. En este marco, las hipótesis sobre de qué manera el actual comando gubernamental enfrentará dicha situación son muchas. ¿Acuerdo con algún sector del PJ cediendo posiciones e incluso el timón? ¿Un candidato propio y puro en un juego más arriesgado, a todo o nada?

En concreto son muchos los motivos de preocupación para nuestro pueblo, ya que las principales alternativas con capacidad de disputa suponen una salida retardataria. Por un lado el propio PJ ha generado posibles figuras de recambio por derecha, algunas incluso dentro del gobierno, como Scioli o Massa, y otras por fuera como De la Sota o De Narváez. Habrá que esperar para ver qué acuerdos o no se tejen entre este sector y otras expresiones de la nueva derecha como Mauricio Macri. En este marco el llamado progresismo viene en un explícito giro a la derecha, asumiendo como eje de su confrontación con el gobierno un discurso republicano, liberal y anti-corrupción. Más allá de las coyunturas hay algo que está claro: ningún refrito de la nefasta Alianza puede suponer una alternativa por izquierda al kirchnerismo y, a no engañarse (ni engañar a los demás), la estrategia de Binner, de Carrió y de la UCR no lleva a otro lugar que a ese.

Frente a este escenario resulta imprescindible la emergencia de un proyecto político emancipatorio, de carácter popular, alcance nacional y con una perspectiva de liberación. Un movimiento político y social que reúna a las organizaciones populares que dan batalla en los territorios y a todos aquellos con vocación de cambio revolucionario. Que asuma la militancia de base y el sólido enraizamiento social como condición pero que lo haga en la perspectiva de una disputa contra y por el poder del Estado. Que construya poder popular como parte de una guerra de posiciones por la imposición de una nueva hegemonía de los de abajo.

Eso supone buscar la confluencia de las experiencias militantes de la izquierda independiente y social que de un tiempo a esta parte intentan proyectar sus construcciones a la disputa política global; de expresiones de izquierda tradicional que logren superar su dogmatismo y sectarismo serial; de espacios que vienen aportando en el llamado progresismo no kirchnerista, vinculados entre otras a la experiencia de la CTA y de Proyecto Sur; y, por supuesto, de una parte de la militancia popular que ha participado de la experiencia kirchnerista pero que no está dispuesta a resignarse a los límites que el propio “proyecto nacional” parece autoimponerse.

Una alternativa de esas características no se generará de la noche a la mañana ni a partir de ningún acuerdo de cúpulas a puertas cerradas. Se debería pensar como la síntesis de un proceso de lucha, construcción, debate y elaboración de cientos de organizaciones que, a lo largo de estos años, hemos transitado diversas experiencias pero compartimos un compromiso con nuestro pueblo y un horizonte de liberación.


Nuestra apuesta en 2013 

Desde MAREA Popular nos proponemos humildemente aportar a esta tarea desde nuestra militancia en cada barrio, universidad, colegio o lugar de trabajo, es decir, construyendo día a día poder popular para el cambio social. Haciendo esto de la manera más nacional posible, intentando construir organización en cada una de las provincias de nuestro país. Pero, desde hace muy poco, estamos también en condiciones de aportar a esa perspectiva en el terreno de la disputa político-institucional, terreno limitado y hostil si los hay para las fuerzas populares, pero que evaluamos como imprescindible para la construcción de un proyecto de mayorías. Hemos avanzado en este terreno en Capital Federal y en Luján (Pcia. de Bs. As.) junto con una serie de organizaciones de la izquierda independiente, pero sabemos que para ir por el proyecto emancipador al que aspiramos no alcanza con la unión de los que pensamos igual. Es necesario juntarse con otros, articular esfuerzos con los que piensan distinto, con los que tienen otras identidades, pero con los que es posible asumir un piso de acuerdos programáticos y un método de trabajo democrático.

Es en este marco que junto a varias organizaciones de la izquierda independiente hemos definido avanzar en una alianza electoral con Buenos Aires para Todos para las elecciones legislativas de la Ciudad de Buenos Aires. Entendemos que este acuerdo expresa la posibilidad de visibilizar un espacio por fuera de las estructuras políticas tradicionales, basado en la militancia social y orientado a transformaciones de fondo para cambiar la Argentina.

MAREA Popular y Buenos Aires para Todos venimos transitando experiencias políticas distintas y tenemos orígenes ideológicos diversos, esto no es un secreto para nadie. Nosotros no acordamos con apuestas políticas como el FAP que terminan mezclando a sectores de la militancia popular con salidas netamente sistémicas que se ubican incluso a la derecha del propio gobierno nacional, como es la experiencia de Binner y el PS. En esta y otras cuestiones hay debates abiertos con los compañeros. Sin embargo, transitamos un momento político muy complejo, donde muchos procesos se encuentran abiertos y muchos debates por saldar. En esta coyuntura, valoramos positivamente que frente al giro a la derecha de gran parte del progresismo porteño (incluyendo a los integrantes del FAP y a Pino Solanas con su vergonzosa alianza con Carrió), Buenos Aires para Todos se haya negado a cerrar acuerdos con sectores conservadores y plantee la necesidad de una alternativa que supere por izquierda la experiencia del kirchnerismo. Es sobre esa base que avanzamos en la construcción de acuerdos. Y también con la convicción de que, más allá de las diferencias, es la voluntad de construir una alternativa para nuestro pueblo, rompiendo con los viejos dogmas del sectarismo y la mezquindad, lo que nos impulsa en la búsqueda de mayor unidad.
Por otro lado, este frente surge de una lectura compartida del momento político y de un acuerdo programático sólido: vamos por la distribución de la riqueza afectando la ganancia empresaria y por una reforma impositiva integral; vamos por la recuperación de nuestros recursos estratégicos y contra el saqueo y la contaminación; vamos contra la tercerización y la precarización laboral, por democracia sindical; vamos por más democracia popular, protagónica y participativa; vamos por una integración latinoamericana desde los pueblos y los movimientos sociales, en la senda de los procesos más avanzados del continente. Por último, entendemos que este acuerdo constituye una oportunidad invaluable de visibilizar una izquierda nueva, una nueva generación militante y una nueva forma de construcción política que, lamentablemente, suele estar invisibilizada en la agenda mediática y por lo tanto sin capacidad de interpelación a las grandes mayorías.

Este frente constituye un primer paso en el camino hacia un reagrupamiento de las fuerzas populares. Nuestras actuales experiencias constituyen un paso táctico pero importante en el marco de la construcción de una herramienta política estratégica. ¿Cómo será el camino? Aquí no hay verdades reveladas, sino un sendero abierto, un proyecto en construcción del que todos y todas podemos ser parte. Lo transitaremos con la convicción de estar aportando humildemente a la construcción de un nuevo proyecto socialista para el siglo XXI, de una nueva Argentina más democrática, igualitaria y emancipada.


http://mareapopular.org/revista/2013-2023-la-decada-que-queremos/

1 comentario:

Maloperobueno dijo...

Bueno, por lo menos a los oportunistas de Marea hay que reconocerles que desde que se aliaron a Lozano apoyan los paros de la CTA. Algo es algo no? Todo sea por unos votitos....

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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