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martes, 23 de agosto de 2016

A la mesa nacional del Frente de Izquierda

22 de agosto de 2016 | Por Partido Obrero Comité Nacional 
 
A mediados de julio, el PTS solicitó una reunión de la Mesa del Frente de Izquierda. Allí, sus representantes propusieron la realización de un acto del FIT, transmitiendo una resolución de su Congreso partidario. El Comité Nacional del Partido Obrero debatió la propuesta del PTS y arribó a la siguiente conclusión política y propuestas de acción común, que queremos transmitirles. 
 
1. A nadie escapa que el Frente de Izquierda se encuentra paralizado, puesto que no realizó campañas y actividades en común desde que finalizara la campaña electoral del año pasado. Oportunidades, desde luego, no faltaron: la delimitación de la izquierda con el nuevo gobierno de Macri, con un acto en oportunidad del inicio del período de sesiones; el PO también propuso un acto en común en las puertas del Congreso, en las vísperas de la votación del pacto buitre, que no fue aceptado por los otros partidos del FIT. Mucha mayor gravedad revistió la crisis del acto del 1° de Mayo, que el FIT viene realizando regularmente desde su constitución, cuando el PTS rompió el acto acusando a IS y a su corriente de pro-golpista o cómplice de los golpistas brasileños. Y al PO, de “capitulación ante los golpistas”, ello, por haber defendido la concreción del acto de Plaza de Mayo con el programa y los planteos políticos del FIT. El PTS desertó de un acto cuya convocatoria señalaba que en “América Latina sólo la clase obrera podrá sacar al país de la opresión y el atraso”, para emprender un acto solitario que eludió una delimitación estratégica con el nacionalismo burgués. Desde entonces, no hemos concretado actividades en común ni se ha reunido tampoco la mesa del Frente de Izquierda.
 
2. A pesar de esta parálisis (y del daño brutal que le infringe a las perspectivas del FIT) la necesidad de los trabajadores y explotados de desarrollar una alternativa independiente de los partidos capitalistas está planteada con nuevas potencialidades, al calor de la impasse que atraviesa al gobierno y el régimen como un todo. La pretensión de que la asunción del gobierno macrista consolidaba una larga temporada de dominio derechista, contra la cual sólo cabía ofrecer una prolongada “resistencia”, choca con el empantanamiento que exhibe el gobierno “Cambiemos”. Si la crisis mundial capitalista ha terminado abatiendo a las experiencias nacionalistas o “progresistas”, tampoco le abre una perspectiva a los Macri o Temer. Por eso, se desmiente la especie lanzada por el kirchnerismo, de que su derrota electoral equivalía a una derrota de los trabajadores. Esto es falso, no sólo porque parte de una premisa falsa (que el kirchnerismo y los trabajadores tienen una comunidad de intereses), sino porque ignora lo fundamental: que los choques de fondo y decisivos contra las masas aún están por librarse. El macrismo es consciente de ello, y sabe, además, que carece de los recursos políticos para imprimirles a los trabajadores una derrota decisiva, que permita trasladarle el peso de la bancarrota dejada por el kirchnerismo. Por el otro, la oposición, y el kirchnerismo-pejotismo en primer lugar, choca con los límites de su propia descomposición política, que el macrismo explota para su propia supervivencia. 
 
3. En este cuadro, el lugar de la izquierda, y del Frente de Izquierda en primer lugar, es reforzar la delimitación política respecto de los bloques capitalistas, ofreciendo un programa y una orientación de lucha contra los ajustadores. A partir de la asunción del macrismo, esta delimitación ofrece nuevos desafíos: no se nos escapa que el pasaje del nacionalismo burgués a la oposición ha acentuado su margen de demagogia política. El carácter impostor de sus invectivas al gobierno es doble: por un lado, porque busca encubrir su pasado reciente en el gobierno, que constituyó una gran operación de rescate de los acreedores de la deuda, los privatizadores y otros intereses capitalistas. Pero también en relación al cuadro actual, donde su verborragia opositora se contrapone con el carácter ajustador de las gobernaciones pejotistas o kirchneristas -comenzando por la patagónica Alicia Kirchner, que enfrenta huelgas docentes y estatales contra la oferta salarial más miserable del país. Pero la demagogia nacionalista, más allá de este fin encubridor, tiene un alcance estratégico: su objetivo de fondo es explotar la crisis del macrismo y la insatisfacción popular en pos de su reconstrucción política, para bloquear el desarrollo de una alternativa propia de los trabajadores. "A mi izquierda está la pared", el lema con el cual el kirchnerismo hostigó y persiguió al clasismo y a los luchadores durante su gobierno, está planteado hoy con brutal vigencia para los K.
 
4. La parálisis del Frente de Izquierda está conectada directamente con esta presión del nacionalismo. Si el FIT surgió como una expresión a favor de la independencia de clase, el seguidismo al nacionalismo de algunos de sus componentes expresa objetivamente una reversión de tendencias. Sobran ejemplos en ese sentido. La presión en pos de este recauchutaje del decadente nacionalismo capitalista se ha hecho sentir al interior del FIT en varios episodios políticos cruciales. Por ejemplo, en el verano pasado, cuando el PTS e Izquierda Socialista marcharon junto a Agustín Rossi, Moreno y La Cámpora en oportunidad de la detención de Milagro Sala –o sea que a partir de un acto represivo del macrismo se ensayó un frente político con los represores del nacionalismo, y bajo la consigna del “volveremos”. El PTS fue más a fondo aún, integrándose a un “comité permanente” con estos personeros de la política capitalista reaccionaria. Más recientemente, cuando el PTS aprovechó la operación político-judicial sobre Hebe Bonafini para lanzarse a un nuevo acto de disolución en el kirchnerismo, el cual, de la mano de las operaciones empresariales que rodearon a la cooptación de Bonafini, ensució la historia y la lucha de las Madres con una banda de vaciadores de fondos públicos, maltratadores de obreros y estafadores de miles de trabajadores que reclamaban por su derecho a la vivienda. En la misma línea se inscribe el apoyo del PTS en Diputados a la moción de Kicillof en favor de un plebiscito, cuyo propósito era pagarle a los buitres en términos similares que al resto de los bonistas del negociado de los canjes I y II. En estos días, da– debemos agregar la participación –luego revisade un importante dirigente sindical del PTS en una actividad del kirchnerista, el “Foro para la construcción de una Mayoría Popular”, acompañada por un video de propaganda donde ese dirigente convoca al “Foro” en los términos políticos de sus organizadores.
 
La ´movilización’ junto a los K diluye a la izquierda detrás de los figurones del nacionalismo, porque se trata de acciones de aparato y no de masas, donde prima la consigna “volveremos” por encima de cualquier reivindicación de tipo popular. No es el caso de la acción de organizaciones de masas -como sindicatos- cuando estos movilizan de conjunto, o, por caso, de los cacerolazos, que tuvieron un alcance superior al de los aparatos convocantes. En esos casos, participamos con banderas y planteos propios, por ejemplo el 29 de abril, el pasado 2 de junio o el próximo 2 de setiembre, donde marchamos en columnas independientes del clasismo y la izquierda. 
 
El seguidismo al nacionalismo se ha combinado, en estos meses, con otro veneno para el Frente de Izquierda -la ruptura del frente único de clase al interior de las organizaciones obreras, en aras del faccionalismo y la autoproclamación. Es lo que ocurrió con el boicot sin miramientos del PTS a una ejemplar acción del clasismo encabezada por el Sutna y la Unión Ferroviaria de Oeste y otros sindicatos antiburocráticosla marcha del 9 de agosto–, sin renunciar por ello a servirse de su convocatoria para mantener en el candelero a sus figuras públicas, fraguando una “acción” alternativa en Corrientes y Callao en la mañana del mismo día 9. 
 
El faccionalismo, sin embargo, debe ser caracterizado en su contenido político: vaciar una marcha del clasismo, y explotarla en beneficio de objetivos autoproclamatorios, es siempre un servicio a los agentes de la burguesía en el movimiento obrero, en especial, a sus voceros “nacionales y populares”. Todos estos actos escisionistas, naturalmente, deben ser inscriptos en un derrotero más ampliopor ejemplo, la determinación del PTS de romper todos los bloques del FIT en el Congreso y todas las legislaturas del país. 
 
5. Por todo lo anterior, teníamos derecho a dudar respecto de si la propuesta del PTS de realizar una acción política del FIT constituía “un cambio de política o una maniobra” (Prensa Obrera, 28/7). Al menos en el PO, no estamos dispuestos a ser funcionales a una maniobra, esto es, a formar parte de una acción circunstancial y aislada –el acto que ustedes proponen–, mientras otra parte del FIT cultiva simultáneamente un “frente antimacrista” sin contornos definidos, donde la izquierda se someta al nacionalismo. La pertenencia a varios "frentes" y coaliciones políticas al mismo tiempo es el oportunismo político en estado puro, el cual, en una corriente de izquierda, expresa un rechazo visceral a la tarea de afirmar una estrategia obrera y revolucionaria. 
 
Para el Partido Obrero, un acto del Frente de Izquierda sólo cobra sentido como parte de una acción política del FIT de carácter integral, dirigida a reinstalarlo como alternativa. La primera condición de ese relanzamiento es ponernos de acuerdo en un planteamiento político, que debe estar presidido por tres premisas: a) la completa independencia del nacionalismo burgués, la denuncia del carácter impostor de sus pretensiones opositoras y el llamado a los trabajadores a estructurar una alternativa independiente de los agentes del pago serial de la deuda, Chevron y los crímenes contra la clase obrera (Mariano Ferreyra); b) la delimitación y el rechazo a las acciones de aparato del kirchnerismo, que se sirven de los agravios del macrismo al movimiento popular en pos del "volveremos" y que, al participar de ellas, la izquierda convierte en frases vacías toda referencia a la independencia de clase; c) el frente único de clase en las organizaciones obreras y populares, en oposición al faccionalismo y la autoproclamación, para impulsar la lucha contra el ajuste y por la recuperación de las organizaciones obreras de la burocracia sindical. 
 
Una lucha consecuente por las reivindicaciones amenazadas constituye una importante delimitación de la oposición patronal y sus agentes burocráticos en el movimiento obrero, que le han otorgado al gobierno macrista una tregua a perpetuidad. Pero esa demarcación plantea también que le opongamos, a la salida capitalista a la crisis, una salida y un programa de los trabajadores. La nueva crisis de deuda que augura el reendeudamiento nacional en curso; el empantanamiento del tarifazo, que es el de las privatizaciones menemistas que el kirchnerismo intentó rescatar; la enorme crisis industrial, al calor de la crisis mundial y del colapso brasileño, plantean la necesidad de que el Frente de Izquierda levante un programa de transformación social bajo la dirección de los trabajadores. 
 
En segundo lugar, la acción política que proponemos debe estar presidida por un método: en oposición a un acto aislado, planteamos una campaña política del Frente de Izquierda, contra los ajustadores macristas y todos los gobernadores, y para colocar a los trabajadores y a la izquierda como alternativa. Proponemos una campaña de tipo nacional con la realización de actos y actividades comunes en las provincias, con nuestros voceros políticos y luchadores obreros. El acto central del FIT debería ser la culminación de una intensa campaña de dos o tres meses de iniciativas a lo largo del país. 
 
Compañeros: a nadie escapa que la prolongada parálisis del FIT ha reflotado las ilusiones del centroizquierdismo en sus diferentes vertientes. La recreación de una izquierda postrada ante los agentes del capital constituiría un monumental retroceso respecto de lo que hemos conquistado a lo largo de una década de lucha contra el nacionalismo burgués. La Iglesia está trabajando activamente para reconstruir esa variante. 
 
En esa lucha por el liderazgo político de los trabajadores, el Frente de Izquierda no es una franquicia, ni tiene comprado un lugar a perpetuidad en el escenario de la lucha de clases. El lugar que supimos ocupar deberá ser revalidado –y probablemente reconquistado– a través de una acción política definida, en el campo de las batallas y delimitaciones que plantea el ajuste macrista y sus crisis. 
 
En la reunión del FIT de julio pasado, los compañeros de IS descartaron la posibilidad de una acción política del Frente de Izquierda, al menos durante este año. Llamamos a los compañeros a revisar esta posición: el abstencionismo respecto del lugar que debe jugar el FIT en la crisis política, y respecto de la propia crisis del FIT, es mortal para el propio Frente e incluso para sus organizaciones.
 
Con esta propuesta, reafirmamos el contenido y la función política fundamental del Frente de Izquierda: un frente único de la izquierda, los obreros y los luchadores contra el capital y sus partidos.
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