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martes, 5 de mayo de 2015

A Kicillof no le cierran los números

Edición Impresa #1361 | Por Jorge Altamira

En diciembre, el ministro Axel Kicillof intentó recaudar 3.000 millones de dólares mediante la emisión del Bonar 24. El bono ofrecía una supertasa del 9%, pero las ofertas recibidas apenas llegaron a la décima parte. También propuso canjear por un nuevo bono, el Boden 2015, que vence en octubre próximo, por 6.700 millones, pero tampoco tuvo aceptación. La situación empezaba a lucir peligrosa toda vez que Argentina no tiene los dólares en efectivo para pagar ese vencimiento
El fracaso suponía la imposibilidad, también, de un canje de ese bono por otro a la fecha del vencimiento, lo que hubiera colocado a la Argentina ante la necesidad de una nueva reestructuración de toda la deuda, ya reestructurada. En el mercado financiero, una tasa del 9%, considerablemente por encima del bono a diez años del Tesoro norteamericano -del 2,3 %-, es calificada como riesgo de defol. ‘Kici’, por otro lado, ha hecho un curso acelerado de fraude, porque esta vez colocó el Bonar 24 a un precio inferior al que cotizaba en el mercado hasta el día interior. Las malas lenguas aseguran que, de ese modo, disimuló el pago de comisiones al Deustche Bank, que habría hecho de colocador en las sombras.
 
¿Qué pasó ahora? Pidió 500 millones de dólares, de nuevo por un Bonar 2024, y recibió ofertas que sobrepasaron ese monto -1.490 millones- de nuevo a una supertasa de 9%. ‘Kici’ cantó victoria. ¿Es para tanto? ¿Qué significa este ‘éxito'? El Bonar 24 es un título en circulación, que ya fue usado para cancelar la indemnización de Repsol y las multas por litigios en el Ciadi-Banco Mundial. Emitido ahora con legislación local, el gobierno K y los compradores del título esperan que la operación no sea bloqueada por Griesa.
 
La ‘alegría’ del ministro es una confesión de parte, porque es claro que pretende resolver la crisis de deuda por medio de un endeudamiento mayor, a tasas de interés superiores a las existentes. La otra ‘satisfacción’ oficial obedecería a la expectativa de que el gobierno pueda endeudarse en dólares, con inversores internacionales, a pesar del litigio con los fondos buitre. Todo el mundo sabe, sin embargo, que el ‘éxito’ de la operación reciente está vinculado con la certeza de los capitalistas de que el gobierno que surja de las elecciones tiene en carpeta un arreglo definitivo en los términos del juicio que se ventila en Nueva York.
 
La ‘alegría’ K, por el reconocimiento de la solvencia de Argentina que representaría el éxito de la emisión del Bonar 24, recuerda la del primer ministro griego, Samaras, cuando obtuvo ofertas, hace poco más de un año, por 20.000 millones de dólares para una colocación que pedía solamente 5.000 millones de dólares. Bailaba, aunque no lo sabía, sobre el abismo. En el mundo financiero y en el académico impera la falacia de que la abundancia de liquidez mundial ampara a la humanidad entera de cualquier defol, porque siempre habrá plata para refinanciar deudas. Pero ¿adónde se ha visto que el capital proteja a su competencia y que no procure ponerla fuera de acción bajo el procedimiento de la quiebra? Los capitalistas solamente aceptan dinero ficticio hasta cuando estiman que pueden convertirlo en cualquier momento en valor real. La verificación entre uno y otro supone la posibilidad y la necesidad de las quiebras y bancarrotas.
 
 
El drenaje de reservas
 
La urgencia -sino la desesperación- de ‘Kici’ es comprensible. Las reservas en divisas decrecen, entre otras cosas, por la venta de ellas a ahorristas que luego las revenden en el mercado negro, lo cual mantiene ‘planchado’ el dólar. En marzo, el Central vendió 485 millones de dólares y en el año supera los 1.400 millones. Un cálculo conservador asegura que, hasta las elecciones, se esfumarían 4.680 millones de dólares. El Central tendría solamente unos 12.000 millones de dólares de reservas líquidas -o sea disponibles para cubrir vencimientos. Cuando habla de endeudamiento, el gobierno K omite las nuevas deudas en pesos del Tesoro, por más de 10.000 millones de pesos, que tuvo que emitir porque ya no puede exprimir solamente al Banco Central. Pero, precisamente, a la hora de cancelarlas, no se podrá hacerlo con pesos del Central, lo cual desatará una corrida al dólar. A esto hay que agregar la deuda dolarizada o atada al dólar de las provincias y la ciudad capital.
 
La situación financiera es considerablemente más seria cuando se computan las deudas por giro de dividendos bloqueados y por importaciones financiadas desde afuera. El sciolista Miguel Bein ha estimado la deuda por giro pendiente de dividendos en 14.000 millones de dólares. ‘Kici’ ha conseguido una tregua con estos acreedores, porque una parte de los dólares que entran irán a esos giros y porque la compra de Bonar 24 ha servido para girar esos dividendos al exterior en la forma de un título de deuda externa que puede venderse a precio razonable en el mercado internacional. Fue lo que hizo Repsol, cuando le vendió al Citibank los títulos que le entregó Argentina por la expropiación pasada.
 
La operación ha sido cuestionada, de todos modos, ante el juzgado de Griesa, con el argumento de que cualquier emisión en dólares es deuda externa, sin que importe la jurisdicción en que se haya hecho. YPF hizo una emisión propia, dos días después, ¡bajo legislación norteamericana! El nac&pop ‘Kici’ resultó ser un alumno aventajado de Martínez de Hoz, quien endeudó a YPF en dólares a cambio de pesos -como ocurre ahora con Galuccio- y la mandó a la quiebra. Pedir dólares para invertir en pesos es del más rancio monetarismo, el pecado capital que los K atribuyen al ‘neoliberalismo’, y una clara manifestación de sometimiento nacional. En ambos casos, la deuda nueva es para pagar deuda vieja y girar dinero al exterior. La tesis de los fondos buitre no es caprichosa: es la misma que aplicó la Comisión de Valores de Estados Unidos al BNP de Francia, por operaciones en dólares con Irán, a pesar de que respetaban la legislación francesa, lo cual significó una multa de 8.000 millones de dólares, que casi hace quebrar al BNP. La Justicia norteamericana se considera el custodio de la moneda internacional de reserva que emite su país. Por el contrario, sin un sistema monetario solvente propio, el recurso a nueva deuda extranjera para pagar deuda vencida revela la condición colonial de la Argentina K.
 
 
La emisión "exitosa"
 
 
La "exitosa" emisión de 1.400 millones es una pequeña parte de los montos que están en juego. Para eso, el "gobierno tuvo que vender el título a 103 dólares el papel, 2 dólares por debajo de lo que cerró ayer (105 dólares) y 5 dólares menos que los que cotizaba el 10 de abril pasado (109,125 dólares)" (Cronista, 22/4). Sin ese "regalito" no habría logrado lo recaudado. La agencia Moody's, luego del anuncio de la colocación, recalificó la deuda argentina como "deuda basura" y con "alto riesgo de defol".
 
A estas cifras se suma la creciente deuda del Banco Central y el Tesoro, que supera los 330.000 millones de dólares.
 
La consultora Ecolatina "estima que el Banco Central pagará un monto por intereses de 60.000 millones de pesos hasta fines de 2015 o un 2,8% del PBI" (Cronista, 21/4), que al precio del dólar actual son unos 17.000 millones de dólares más. Calculan  que el aumento de la base monetaria hará crecer "el stock de Lebacs un 60%, hasta alcanzar unos 500.000 millones de pesos a fines de año".
 
Desde la colocación del Bonar, los bonos comenzaron a bajar. A pocos días de la colocación, el clima es adverso a cualquier nueva colocación. Mientras YPF emitió también deuda por 1.500 millones de dólares al 9%, Petrobras pagó 6%, a pesar de su fenomenal derrumbe financiero.
 
El diseño de un enfrentamiento electoral entre Scioli y Macri (o incluso Massa) tiene su base económica en la insolvencia de Argentina, luego de una ‘década ganada’, no en su supuesta renovada ‘estabilidad’. Esos ‘tres mosqueteros’ constituyen el personal político que goza de la confianza del gran capital para llevar hasta el final el reendeudamiento usurario de los ‘Kici’, lo cual supone devaluaciones, aumentos tarifarios y de impuestos a los trabajadores, y rebajas salariales. A CFK solamente la sostiene la ley de la gravedad.

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