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jueves, 2 de enero de 2014

Antecedentes de la restauración capitalista en Cuba ( Partido Obrero | 1 marzo, 1997)

Nota de hace 17 años que la realidad demuestra en los hechos actuales 

Por Rafael Santos                                                             
Partido Obrero | 1 marzo, 1997

Cuando el 1º de enero de 1959 Fidel Castro entró en La Habana se rompió el mito de que a 90 millas del imperialismo yanqui no pudiera triunfar la revolución. Fue una revolución democrática que, bajo las presiones del imperialismo y del gran capital, fue tomando medidas radicales y expropió a los capitalistas. La revolución se había transformado en la primera revolución socialista de América Latina.
Revolución permanente

Al declarar el carácter socialista de la Revolución, Fidel Castro buscó comprometer el apoyo diplomático y militar de la Unión Soviética. Pero se puso en evidencia que las revoluciones en nuestra época no pueden culminar sus tareas si no se transforman también en anticapitalistas, socialistas. Los PC stalinistas propugnaban que no podía haber en Latinoamérica una revolución de carácter obrero y socialista. Cuba demostró que esto no era así. La revolución cubana fue un golpe muy importante contra los PC stalinistas. Se acababa de realizar el 20º congreso del PCUS, que había declarado que la marcha hacia el socialismo sería por vía pacífica y parlamentaria. La Revolución Cubana vino a desmentirlo. No hubo casi PC que en los años subsiguientes a la Revolución Cubana no comenzara un proceso de crisis y de rupturas con motivo de todo esto.

La Revolución Cubana demostró, en poco tiempo, las ventajas de los métodos de planificación centralizada anti-capitalista. Rápidamente eliminó los grados más grandes de miseria; se eliminó por completo el analfabetismo. Hoy en día, uno de cada quince cubanos es estudiante o ha cursado estudios universitarios, uno de cada ocho tiene un título técnico. En materia de salud, desaparecieron todas las enfermedades endémicas, la tasa de mortalidad infantil es la más baja de Latinoamérica, y ha tenido un desarrollo de las fuerzas productivas superior a otros países que estaban en su misma situación en 1959. En los primeros años de la Revolución, a pesar del bloqueo y de las dificultades económicas, el salario real y el nivel de vida de los trabajadores cubanos creció enormemente.

Internacionalismo o burocratización
El triunfo de la Revolución Cubana planteó rápidamente el problema de su extensión. En 1965, hubo una importante revolución en la República Dominicana que fue ahogada políticamente por el nacionalismo burgués y, militarmente, por el imperialismo. Va a ver toda una serie de tentativas y de movimientos revolucionarios de diversas características. A fines de la década del 70 vuelve a levantar el proceso revolucionario en Centroamérica, con el triunfo de la revolución nicaragüense.
Pero los procesos revolucionarios, si no se extienden a nivel internacional, tienen que entrar inevitablemente en una situación de reflujo, lo cual significa, en lo interno, burocratización. Esto es previsible si el impulso revolucionario no logra establecer una supremacía internacional de la clase obrera. El reflujo recrea las tendencias a una burocratización.

La burocracia que se crea tiende a asimilarse a las relaciones internaciones del momento. En el marco de las relaciones internacionales dominadas por la política de coexistencia contrarrevolucionaria entre el imperialismo y la burocracia soviética, la tendencia que se va a plantear en el régimen cubano es a asimilarse a ese cuadro político después de haber intentado, por algunas vías empíricas (foquismo), extender la Revolución. Cada vez que en la situación política internacional se creó un pico de crisis revolucionaria, la tendencia de las burocracias fue a tratar de converger más rápidamente con el imperialismo para frenarla. En 1968, los obreros de Francia se levantaron y los obreros, en Checoslovaquia, tiraron al gobierno de la burocracia stalinista. Esos movimientos no triunfaron, pero asustaron terriblemente tanto al imperialismo como a la burocracia y aceleraron su convergencia para tratar de asfixiar y controlar al movimiento revolucionario. Por un instante, la burocracia rusa tuvo el temor de que los trabajadores checoslovacos tomaran el poder y generaran una situación revolucionaria en todo el bloque soviético. También el imperialismo lo tuvo: era un alza revolucionaria que se desarrolló mundialmente (Checoslovaquia, Mayo francés, ofensiva del Tet en Viet Nam, Cordobazo en la Argentina, etc.). Esto acelerará la tendencia restauracionista de la burocracia rusa, asustada por la perspectiva de perder sus privilegios a manos de la acción revolucionaria de los obreros. En aquel momento, Castro se coloca en contra de la revolución en Checoslovaquia: apoyó abiertamente la invasión de los tanques rusos. El Che Guevara ya no estaba al frente del Estado; había sido asesinado en Bolivia. Y el mismo hecho de su retiro de la dirección cubana para tratar de impulsar la Revolución Mundial fue considerado, en su momento, como una disidencia entre sectores burocráticos del PC cubano y el Che, que quería extender la revolución a toda costa y no quería encerrarse en un proceso de burocratización del Estado Obrero cubano.

Esta tendencia de Fidel Castro de llegar a un acuerdo con la burocracia soviética, incluso con el imperialismo, se va a ir profundizando. En forma contradictoria, cuando estalla la revolución en Nicaragua, Reagan reclama un acuerdo concreto a la burocracia rusa para tratar de contener la revolución centroamericana. Gorbachov viaja a La Habana y, con Fidel Castro, se comprometen a no apoyar los procesos revolucionarios y a tratar de resolver por “métodos pacíficos” todos los problemas en Centroamérica. La insurrección nicaragüense fue más profunda que la cubana: costó 50.000 muertos, fueron insurrecciones populares de características pocas veces vista en la historia. Pero el sandinismo en el gobierno de Nicaragua —asesorado por Fidel— planteó que no repetiría la historia de Cuba: de expropiar a los capitalistas. Conocemos el desenlace: de entrada se hizo un gobierno con la incorporación de la Chamorro y, finalmente, el sandinismo fue expulsado del poder por una coalición burguesa. Fidel había cambiado de posición: era partidario de luchar por un Nuevo Orden Económico mundial. Planteaba la necesidad de que los países latinoamericanos integraran un frente común para afrontar la deuda externa, un acuerdo con las burguesías latinoamericanas para tratar de renegociar, con el imperialismo, la situación de la deuda externa en plena expansión y crisis.

Fue contenida la revolución en Nicaragua, fue desarmada la guerrilla en El Salvador, el Farabundo Martí llegó a un acuerdo de “pacificación” y todos los movimientos que estaban en desarrollo y tenían una posición importante en la lucha de clases centroamericana fueron controlados, desarmados y ‘pacificados’, con el propósito de salvaguardar un acuerdo de paz en toda la región y permitir al gobierno cubano llegar a un acuerdo más general con el imperialismo. Ya Fidel había declarado, en 1986, que no había posibilidad de una revolución socialista en América Latina por lo menos por 50 años y que, por lo tanto, había que revalorizar los regímenes democráticos, los acuerdos con los sectores progresistas, la unidad de todas las burguesías latinoamericanas. Es decir, retrocedía en su propio pensamiento revolucionario.

Esta es la base política sobre la que se está desarrollando el proceso de restauración capitalista en Cuba. En general, los castristas plantean que se ha llegado a esta situación porque cayó la Unión Soviética y ‘el campo socialista’. La caída de sus principales aliados habría obligado al castrismo a adoptar el curso que tiene en la actualidad, que es llamar al capital extranjero a Cuba. Pero esto no es cierto, porque la crisis con Gorbachov y el Muro de Berlín son de la década del 90. Y toda la política que llevó a un estrangulamiento económico de la Revolución Cubana se inicia mucho antes.

La deuda externa


Fidel acompañó, igual que todos los gobiernos latinoamericanos, de los países coloniales y de los Estados obreros, todo el proceso de lo que se llamó la acumulación de la deuda externa. Cuba pasó de 2.000 millones de dólares en el 82-83, a 6.500 millones de deuda externa en el 87. Es decir, en la misma época en que gran parte de los países latinoamericanos se endeudaron creando el fenómeno político-económico de la deuda externa. A pesar del bloqueo yanqui, Cuba recibió empréstitos de bancos extranjeros. La deuda, que se triplicó en 3-4 años, ya no pudo ser pagada a partir de 1986. Prácticamente, el 30% de las exportaciones cubanas se destinaban al pago de los intereses, lo que sumado a la parte de capital que tenía que ir amortizando, era más del 70% de las exportaciones cubanas. En el 86, como Cuba no estaba en condiciones de pagar la deuda externa, Fidel se dirigió al Club de París, que es un consorcio de grandes bancos, a plantear la necesidad de renegociar los pagos de la deuda externa. El Club de París reclamó entonces que Cuba pagara con ciertas concesiones económicas y políticas, como se hizo con otras naciones. Como Cuba no estaba en condiciones de cumplir esto, se produjo la moratoria de la deuda externa, y eso le corta el crédito internacional.
Vemos, entonces, un fenómeno muy parecido al de otros países semicoloniales. Cuba, por lo tanto, siguió el proceso de endeudamiento que creó el imperialismo a nivel internacional. Nosotros sabemos —por todos los estudios que se han hecho— que ése fue un endeudamiento fomentado por el propio imperialismo. Los grandes bancos, con sus excesos de capital, obligaron a los gobiernos a endeudarse. Cuba siguió esta tendencia parasitaria.

Socialismo en el CAME
La economía cubana estaba por completo integrada a la Unión Soviética y a los países de Europa oriental. A pesar del bloqueo norteamericano, que comienza en el 62, el 40% del comercio internacional de Cuba era con Occidente —30% con países imperialistas y el otro 10% con países semicoloniales. En 1973, Cuba retoma el comercio con la Argentina. Antes, con Chile. Tenía un comercio importante, y no solamente respecto de países semicoloniales como el nuestro, sino también países imperialistas importantes. Pero en 1972, Fidel asocia a Cuba al CAME, bajo la dirección de la burocracia rusa, y prácticamente el 90% del comercio cubano se terminará realizando con ese bloque económico. Esto se aceleró con la crisis de la deuda en el 86, cuando Cuba, sin divisas y por falta de crédito internacional, disminuyó drásticamente su comercio con Occidente. “En 1986, el gobierno cubano —dice un economista de la isla— toma la decisión de mantener reducidas al mínimo posible las relaciones económicas con los países capitalistas y concentrar la mayor proporción de éstas con los países del CAME, sobre todo con la URSS” (1).

Hay una serie de estudios de economistas cubanos, y del propio gobierno cubano, que demuestran que desde que se asoció al CAME, en el 72, hasta el año 85, se produjo un deterioro importante en los términos de intercambio —entre lo que exportaba Cuba hacia el mercado común con la URSS y lo que importaba desde allí— en detrimento de Cuba. En el 85, se calcula que se había producido un desbalance del 70% en ese comercio. Nada más que en trece años, se había producido un desbalance importante.

Se dice que la Unión Soviética sostenía a Cuba económicamente, que la Unión Soviética le vendía petróleo a Cuba a crédito a un precio fijo, y como una forma de ayuda permitía que Cuba revendiera los excedentes que ahorraba. Cuba reexportaba unos 2-3 millones de toneladas de 12 millones que recibía, convirtiéndose en fuente de cerca del 40% de las divisas que recibía la Isla. La caída de los precios internacionales del petróleo, desde el 85, impactó negativamente en la economía cubana (y creó una fabulosa deuda con la URSS). En la actualidad, la deuda externa cubana está en el orden de los 9.000 millones de dólares. Pero esta deuda externa, es la deuda externa con los bancos imperialistas, porque existe al mismo tiempo una deuda que sigue en discusión, por la cual Rusia le exige a Cuba 15.000 millones de rublos.

Desarrollo atrasado y deformado
Pero el punto quizás más importante es que esta relación económica que estableció Cuba con la CAME significó una perpetuación del atraso y una deformación de su desarrollo económico total. Porque Cuba comenzó a comprar máquinas y equipamientos para su industria a la URSS y a los países de Europa oriental. Pero esas máquinas y equipamientos eran muy atrasados tecnológicamente. Como eran comprados a crédito y por la relación que había establecido la burocracia rusa con Cuba, prácticamente Cuba se llenó de una cantidad de maquinaria que, desde el punto de vista comparativo con las tendencias de productividad del mercado mundial, eran obsoletas. Y esto condujo a una productividad muy baja respecto a los parámetros internacionales. Cuando en 1990 se rompen las relaciones económicas entre el CAME y Cuba, y todo el comercio de Cuba retrocede prácticamente a una octava parte, Cuba se da cuenta que tiene que reformar por completo todo el sistema industrial.

Cuba es gran exportadora de azúcar. Otra exportación importante es el níquel. Las plantas y las máquinas que le compró a la URSS, para equipar dicha industria, llevaron a que el precio del níquel cubano quedara completamente descolocado. Las inversiones que está realizando Cuba hasta el día de hoy son para tratar de transformar la maquinaria utilizada en la fabricación de níquel, que insume una cantidad de energía descomunal, que Cuba por otra parte no tiene (porque no tiene petróleo, ni gas), lo que la encarece terriblemente. Esto fue el resultado de la alianza política que establecieron Fidel y la burocracia rusa y que ha llevado a una deformación total de la economía cubana. Esto también se evidenció en los planes de producción cubanos. Cuba se empeñó, más que nunca, en su principal producción: el azúcar. Y lo que siempre fue criticado cuando estalló la Revolución Cubana, el monocultivo, nunca fue revertido.

Por lo tanto, si uno hace el análisis en qué fueron invertidos los 6.500 millones de dólares de la deuda externa, que llevaron la asfixia a Cuba, cómo se equipó Cuba industrialmente, etc., va a ver que todo el plan económico que se desarrolló en esos 20 años fue un plan económico completamente parasitario.
La capacidad de importación de Cuba había caído, entonces, de 8.000 millones de dólares en 1989 a 2.000 millones en el 91. Pero aun así tenía déficit del comercio exterior: quiere decir que no exportaba nada. Exportaba nada más que una parte del azúcar; el níquel no lo podía exportar o lo exportaba en condiciones muy desventajosas. Tuvo que comenzar una política de reconversión industrial para revertir esta situación. Por ejemplo: Cuba importa muchos alimentos porque no tiene agricultura (produce sólo cítricos y azúcar). Comienza, recién en el 90, a dedicar una parte de la tierra a producir ciertos cultivos (arroz, etc.), para poder alimentar a su población. Porque antes importaba una parte importante de su alimentación. Con la energía lo mismo. Como tenía el petróleo ruso, no buscó en ningún momento ninguna otra fuente alternativa. Hacia el final de la relación con la URSS, se empezó a construir una planta de energía atómica que hubiera reemplazado una cuarta parte de las importaciones de petróleo. Esto quedó detenido por la crisis: todavía faltaban invertir 1.000 millones de dólares.

Estatismo no es socialismo

En el año 68, Cuba estatiza toda la producción comercial, mercantil, agrícola; de la mano del apoyo político a la contrarrevolución en Checoslovaquia, se decide la estatización total de toda la economía. Eso no es socialismo, sino estatismo. Hasta hace unos años atrás, todo el comercio minorista estaba en manos del Estado, controlado por una creciente e inútil burocracia. Esto no era socialismo, porque socialismo no es estatización indiscriminada. El socialismo supone el control en manos del Estado de los principales medios de producción, pero no el control burocrático de los kiosquitos, etc. Esto último crea una frondosa burocracia. Uno no espera que el socialismo sea el control de la pequeña producción, sino el control de la gran producción, y a la larga, con el desarrollo de las fuerzas productivas, que la pequeña producción sea absorbida por la gran producción. Llegó a formarse un régimen de características recontraparasitarias (muy bien caricaturizado por la película Guantanamera) que, lógicamente, en el 90 llega al colapso.

Viraje restauracionista
Esta situación, creada por la política parasitaria y burocrática, llevó a plantear una redefinición estratégica. Se impone el racionamiento y se plantea la ‘apertura externa’, usando las ‘ventajas comparativas’ de la economía cubana: el turismo y la mano de obra calificada.

Lógicamente, esto condiciona el desarrollo económico y social, porque hay que construir hoteles e infraestructura para el turismo. Capitales mexicanos desarrollan una industria del cemento que es una de las más importantes de Centroamérica. Con el turismo aparece un comercio complementario. En 1980, Fidel había rechazado impulsar una industria del turismo, porque significaba —eran sus argumentos en aquel momento— una deformación en el desarrollo económico de Cuba, y producir una diferenciación económica y social dentro de Cuba.

Legalidad restauracionista
Para desarrollar esta apertura al capital extranjero, se toman una serie de medidas políticas y económicas. En 1992 se produce una reforma de la Constitución y se declara la posibilidad de las privatizaciones. A partir de ahí, vienen una cantidad de leyes, que van abriendo el camino a una intervención creciente del capital. La Ley 140 del 93 permite la tenencia y comercialización de divisas extranjeras.

Van a regir dos monedas. En Cuba está el peso convertible y el peso corriente. Entre el peso convertible y el corriente hay una relación aproximada de 25 a 1. El área de los hoteles y de las negociaciones maneja el peso convertible. El salario de los trabajadores se paga en pesos corrientes. Hay dos monedas que se manejan simultáneamente, produciendo una diferenciación económica.

En octubre del 95 sale una nueva ley, la Ley 77, que es votada por unanimidad en la asamblea popular cubana (todas las leyes son votadas por unanimidad), que autoriza un régimen muy liberal en materia de inversión de capital en el país. El artículo 10, por ejemplo, plantea que se puede invertir en todos los sectores, menos en educación, salud y defensa (pero sí en las fábricas de defensa). El capital extranjero puede ejercer la dirección de las empresas. Se dan ventajas impositivas impresionantes y por períodos largos. Se pueden repatriar dividendos sin ningún tipo de problemas. Se liquida el monopolio del comercio exterior. Las empresas pueden importar y exportar libremente, están autorizadas para hacerlo en todo lo que se refiere al ámbito de su producción. Se permite la instalación de zonas francas. Hay un boom de inversiones: más de 600 grupos capitalistas que están trabajando en diversas categorías y sectores. Es un sector que está en constante desarrollo y que es alentado en forma abierta. Pero esta situación no ha logrado superar la crisis de Cuba. Como en la Argentina, ‘entran’ capitales, compran fábricas, privatizan, pero esto no significa que el país haya salido de la crisis.

Competencia y desocupación
No se ha logrado eliminar el déficit del comercio exterior, que se va agregando a una deuda externa creciente. La economía dual ha abierto una polémica en el seno del PC cubano y en la burocracia dirigente en Cuba. Se plantea eliminar las dos economías que están en paralelo para llegar a un solo régimen económico. Esto significaría el régimen de mercado en forma abierta, de libre penetración de capitales extranjeros en todas las áreas, incluso la privatización de las empresas estatales. Para que esto avance, habría que tomar dos medidas fundamentales: acabar con lo que quede de la planificación económica estatal, posibilitar la quiebra de las empresas estatales y el despido de los obreros. Esto, para los capitalistas, es muy importante. No ha habido nunca un desarrollo de una economía capitalista sin ejército de desocupados.

Capitalización
Lo que se está reclamando también es la capitalización de la deuda cubana, o sea, una privatización general de todas las empresas estatales mediante el canje de la deuda externa.
El imperialismo está mayoritariamente de acuerdo con este tipo de medidas y piensa que éste es el curso que debe seguir el proceso. El imperialismo norteamericano utiliza el bloqueo como un arma. El imperialismo piensa que la deuda externa se va a ir cobrando, que se va a privatizar todo lo que existe, y que Cuba va a ser reasimilada. Esto lo ha entendido el imperialismo mundial: en este momento, hay inversiones en Cuba de alemanes, franceses, ingleses, españoles, de todos los imperialismos, e incluso de norteamericanos que, imposibilitados por la política de bloqueo, usan sus filiales en el exterior y usan testaferros para llevar adelante las inversiones.

Cuba tiene la particularidad de contar con una colonia de exiliados muy fuerte económicamente, que reclama la devolución de las propiedades que les confiscó la Revolución. Pero esta devolución parece bastante difícil en muchos aspectos, porque una parte de estas propiedades ya está en manos de otros capitalistas. La liberalización de las inversiones extranjeras ha planteado el problema de si los “gusanos” que viven en el extranjero también pueden invertir. Fidel ha respondido por la afirmativa; que si los “gusanos” vienen con capitales y con tecnología, están en las mismas condiciones que el resto. Efectivamente se está explorando un proceso de inversión: una parte de los capitales que está entrando es de los “gusanos”.

El año que viene, el Papa va a Cuba. Y el Papa negoció con el imperialismo norteamericano que levantara el bloqueo de giros que la colonia cubana de La Florida hacía a sus parientes en Cuba, y está reconstituyendo el partido clerical. Se plantea la devolución de los derechos políticos. La colonia de los “gusanos” está dividida: una parte es totalmente intransigente o finge, y otra parte está de acuerdo en iniciar un “diálogo nacional”.

Tenemos dos procesos: la apertura de Cuba al capital extranjero, y junto con eso, la presión para que la apertura económica vaya de la mano de lo que se llama la apertura política, devolución de los derechos políticos, preparación de elecciones “democráticas” en Cuba, etc.

Diferenciación social

Las medidas económicas ‘aperturistas’ están produciendo en Cuba una diferenciación social muy grande. En primer lugar, hay muchas familias que ahora están autorizadas a recibir dólares del exterior. Tenemos un 25% de la población que recibe giros del exterior. En general, es el sector más ligado a los exiliados. Un dólar es igual a 25 pesos cubanos, y el salario promedio de un trabajador cubano es de 350 pesos corrientes. Una parte de los precios en pesos corrientes es baja. Tiene precios bajos, subvencionados.

El segundo problema es que las empresas que radican sus capitales pagan los salarios en dólares, pero no a los trabajadores, sino al gobierno, que paga a los obreros en pesos corrientes. Se produce una expropiación del trabajador.

Teóricamente, el gobierno lo hace para mantener un igualitarismo, si no, los trabajadores que están en empresas extranjeras ganarían 20 veces más que sus compañeros que trabajan en empresas estatales. Pero es una expropiación. Para los que tienen pesos convertibles hay tiendas especiales. Se pueden comprar en Cuba productos especiales sólo con dólares o pesos convertibles. Y a eso no tiene acceso el trabajador común. Los únicos que tienen acceso son los que reciben dinero de la emigración (los giros que manda la familia), la gente de la burocracia estatal o los que tienen algún tipo de acceso a la corrupción del régimen hotelero. El gobierno cubano ha ido eliminando los subsidios sociales, para nivelar el déficit de presupuesto.

Crisis y revolución política

El régimen cubano mantiene una lucha con el gobierno norteamericano por el problema de los derechos políticos. Desde ya que no otorga ningún derecho político a los trabajadores cubanos. En Cuba no existen sindicatos libres e independientes. No existen partidos políticos, sólo está el partido político oficial, y todo el régimen político cubano está regimentado. La población nunca se pronuncia en función de una estrategia o de un programa de conjunto. No tiene posibilidad la población de organizarse políticamente. Y crece, cada vez más, el poder personal, bonapartista, de Fidel.

¿Qué tenemos por delante? Una liquidación total del régimen político que comenzó en el 59. Vuelve el capital, las masas no tienen ningún principio de organización. Entendemos perfectamente que en una situación económica difícil se procure llegar a acuerdos con sectores capitalistas. En la Rusia soviética, después de una guerra civil muy prolongada, Lenin hizo acuerdos con algunos capitales extranjeros para explotar ciertas áreas económicas que la URSS no tenía posibilidad de desarrollar (extracción de petróleo, etc.). Pero Lenin mantuvo el control de todas las palancas decisivas del Estado en sus manos, el control del comercio exterior, el control de la banca, de las principales industrias, y, más importante que eso, obligó a que los capitalistas reconocieran la existencia de sindicatos. Pero en Cuba no, el derecho de huelga está prohibido, los sindicatos no existen. Cuba es, en la actualidad, para los capitales extranjeros que se han radicado, un paraíso. Porque el régimen cubano garantiza una estabilidad total, una tranquilidad social como no existe en otro país. Se pretende seguir avanzando en el proceso de apertura económica con un gobierno centralizado, que vaya arbitrando los conflictos. Hay un régimen que mantiene todavía cierto consenso, pero que avanza lenta pero sistemáticamente contra las posiciones de las masas: permite el acrecentamiento del capital externo, permite el acrecentamiento de la influencia de los partidos contrarrevolucionarios (los “gusanos”, el clero) y ha abierto un proceso de restauración capitalista.

Frente a esto, lo que interesa a una corriente revolucionaria es cómo levantar un programa de transición que permita a los trabajadores organizarse en forma independiente. Derecho a tener sindicatos y a las huelgas. Derecho al control obrero sobre las industrias nacionales y privadas. Impedir que vengan los partidos contrarrevolucionarios. Legalidad para todos los partidos que dicen defender los principios de la revolución socialista. Es un programa contra una intervención del imperialismo extranjero y de los “gusanos”, que impulsa a la clase obrera a luchar contra el restauracionismo capitalista y en defensa de las conquistas de la revolución.

Notas
1. Julio Carranza Valdés, Cuba: los restos de la economía.

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Antecedentes de la restauración capitalista en Cuba

Rafael Santos
Cuando el 1º de enero de 1959 Fidel Castro entró en La Habana se rompió el mito de que a 90 millas del imperialismo yanqui no pudiera triunfar la revolución. Fue una revolución democrática que, bajo las presiones del imperialismo y del gran capital, fue tomando medidas radicales y expropió a los capitalistas. La revolución se había transformado en la primera revolución socialista de América Latina.
Revolución permanente
Al declarar el carácter socialista de la Revolución, Fidel Castro buscó comprometer el apoyo diplomático y militar de la Unión Soviética. Pero se puso en evidencia que las revoluciones en nuestra época no pueden culminar sus tareas si no se transforman también en anticapitalistas, socialistas. Los PC stalinistas propugnaban que no podía haber en Latinoamérica una revolución de carácter obrero y socialista. Cuba demostró que esto no era así. La revolución cubana fue un golpe muy importante contra los PC stalinistas. Se acababa de realizar el 20º congreso del PCUS, que había declarado que la marcha hacia el socialismo sería por vía pacífica y parlamentaria. La Revolución Cubana vino a desmentirlo. No hubo casi PC que en los años subsiguientes a la Revolución Cubana no comenzara un proceso de crisis y de rupturas con motivo de todo esto.
La Revolución Cubana demostró, en poco tiempo, las ventajas de los métodos de planificación centralizada anti-capitalista. Rápidamente eliminó los grados más grandes de miseria; se eliminó por completo el analfabetismo. Hoy en día, uno de cada quince cubanos es estudiante o ha cursado estudios universitarios, uno de cada ocho tiene un título técnico. En materia de salud, desaparecieron todas las enfermedades endémicas, la tasa de mortalidad infantil es la más baja de Latinoamérica, y ha tenido un desarrollo de las fuerzas productivas superior a otros países que estaban en su misma situación en 1959. En los primeros años de la Revolución, a pesar del bloqueo y de las dificultades económicas, el salario real y el nivel de vida de los trabajadores cubanos creció enormemente.
Internacionalismo o burocratización
El triunfo de la Revolución Cubana planteó rápidamente el problema de su extensión. En 1965, hubo una importante revolución en la República Dominicana que fue ahogada políticamente por el nacionalismo burgués y, militarmente, por el imperialismo. Va a ver toda una serie de tentativas y de movimientos revolucionarios de diversas características. A fines de la década del 70 vuelve a levantar el proceso revolucionario en Centroamérica, con el triunfo de la revolución nicaragüense.
Pero los procesos revolucionarios, si no se extienden a nivel internacional, tienen que entrar inevitablemente en una situación de reflujo, lo cual significa, en lo interno, burocratización. Esto es previsible si el impulso revolucionario no logra establecer una supremacía internacional de la clase obrera. El reflujo recrea las tendencias a una burocratización.
La burocracia que se crea tiende a asimilarse a las relaciones internaciones del momento. En el marco de las relaciones internacionales dominadas por la política de coexistencia contrarrevolucionaria entre el imperialismo y la burocracia soviética, la tendencia que se va a plantear en el régimen cubano es a asimilarse a ese cuadro político después de haber intentado, por algunas vías empíricas (foquismo), extender la Revolución. Cada vez que en la situación política internacional se creó un pico de crisis revolucionaria, la tendencia de las burocracias fue a tratar de converger más rápidamente con el imperialismo para frenarla. En 1968, los obreros de Francia se levantaron y los obreros, en Checoslovaquia, tiraron al gobierno de la burocracia stalinista. Esos movimientos no triunfaron, pero asustaron terriblemente tanto al imperialismo como a la burocracia y aceleraron su convergencia para tratar de asfixiar y controlar al movimiento revolucionario. Por un instante, la burocracia rusa tuvo el temor de que los trabajadores checoslovacos tomaran el poder y generaran una situación revolucionaria en todo el bloque soviético. También el imperialismo lo tuvo: era un alza revolucionaria que se desarrolló mundialmente (Checoslovaquia, Mayo francés, ofensiva del Tet en Viet Nam, Cordobazo en la Argentina, etc.). Esto acelerará la tendencia restauracionista de la burocracia rusa, asustada por la perspectiva de perder sus privilegios a manos de la acción revolucionaria de los obreros. En aquel momento, Castro se coloca en contra de la revolución en Checoslovaquia: apoyó abiertamente la invasión de los tanques rusos. El Che Guevara ya no estaba al frente del Estado; había sido asesinado en Bolivia. Y el mismo hecho de su retiro de la dirección cubana para tratar de impulsar la Revolución Mundial fue considerado, en su momento, como una disidencia entre sectores burocráticos del PC cubano y el Che, que quería extender la revolución a toda costa y no quería encerrarse en un proceso de burocratización del Estado Obrero cubano.
Esta tendencia de Fidel Castro de llegar a un acuerdo con la burocracia soviética, incluso con el imperialismo, se va a ir profundizando. En forma contradictoria, cuando estalla la revolución en Nicaragua, Reagan reclama un acuerdo concreto a la burocracia rusa para tratar de contener la revolución centroamericana. Gorbachov viaja a La Habana y, con Fidel Castro, se comprometen a no apoyar los procesos revolucionarios y a tratar de resolver por “métodos pacíficos” todos los problemas en Centroamérica. La insurrección nicaragüense fue más profunda que la cubana: costó 50.000 muertos, fueron insurrecciones populares de características pocas veces vista en la historia. Pero el sandinismo en el gobierno de Nicaragua —asesorado por Fidel— planteó que no repetiría la historia de Cuba: de expropiar a los capitalistas. Conocemos el desenlace: de entrada se hizo un gobierno con la incorporación de la Chamorro y, finalmente, el sandinismo fue expulsado del poder por una coalición burguesa. Fidel había cambiado de posición: era partidario de luchar por un Nuevo Orden Económico mundial. Planteaba la necesidad de que los países latinoamericanos integraran un frente común para afrontar la deuda externa, un acuerdo con las burguesías latinoamericanas para tratar de renegociar, con el imperialismo, la situación de la deuda externa en plena expansión y crisis.
Fue contenida la revolución en Nicaragua, fue desarmada la guerrilla en El Salvador, el Farabundo Martí llegó a un acuerdo de “pacificación” y todos los movimientos que estaban en desarrollo y tenían una posición importante en la lucha de clases centroamericana fueron controlados, desarmados y ‘pacificados’, con el propósito de salvaguardar un acuerdo de paz en toda la región y permitir al gobierno cubano llegar a un acuerdo más general con el imperialismo. Ya Fidel había declarado, en 1986, que no había posibilidad de una revolución socialista en América Latina por lo menos por 50 años y que, por lo tanto, había que revalorizar los regímenes democráticos, los acuerdos con los sectores progresistas, la unidad de todas las burguesías latinoamericanas. Es decir, retrocedía en su propio pensamiento revolucionario.
Esta es la base política sobre la que se está desarrollando el proceso de restauración capitalista en Cuba. En general, los castristas plantean que se ha llegado a esta situación porque cayó la Unión Soviética y ‘el campo socialista’. La caída de sus principales aliados habría obligado al castrismo a adoptar el curso que tiene en la actualidad, que es llamar al capital extranjero a Cuba. Pero esto no es cierto, porque la crisis con Gorbachov y el Muro de Berlín son de la década del 90. Y toda la política que llevó a un estrangulamiento económico de la Revolución Cubana se inicia mucho antes.
La deuda externa
Fidel acompañó, igual que todos los gobiernos latinoamericanos, de los países coloniales y de los Estados obreros, todo el proceso de lo que se llamó la acumulación de la deuda externa. Cuba pasó de 2.000 millones de dólares en el 82-83, a 6.500 millones de deuda externa en el 87. Es decir, en la misma época en que gran parte de los países latinoamericanos se endeudaron creando el fenómeno político-económico de la deuda externa. A pesar del bloqueo yanqui, Cuba recibió empréstitos de bancos extranjeros. La deuda, que se triplicó en 3-4 años, ya no pudo ser pagada a partir de 1986. Prácticamente, el 30% de las exportaciones cubanas se destinaban al pago de los intereses, lo que sumado a la parte de capital que tenía que ir amortizando, era más del 70% de las exportaciones cubanas. En el 86, como Cuba no estaba en condiciones de pagar la deuda externa, Fidel se dirigió al Club de París, que es un consorcio de grandes bancos, a plantear la necesidad de renegociar los pagos de la deuda externa. El Club de París reclamó entonces que Cuba pagara con ciertas concesiones económicas y políticas, como se hizo con otras naciones. Como Cuba no estaba en condiciones de cumplir esto, se produjo la moratoria de la deuda externa, y eso le corta el crédito internacional.
Vemos, entonces, un fenómeno muy parecido al de otros países semicoloniales. Cuba, por lo tanto, siguió el proceso de endeudamiento que creó el imperialismo a nivel internacional. Nosotros sabemos —por todos los estudios que se han hecho— que ése fue un endeudamiento fomentado por el propio imperialismo. Los grandes bancos, con sus excesos de capital, obligaron a los gobiernos a endeudarse. Cuba siguió esta tendencia parasitaria.
Socialismo en el CAME
La economía cubana estaba por completo integrada a la Unión Soviética y a los países de Europa oriental. A pesar del bloqueo norteamericano, que comienza en el 62, el 40% del comercio internacional de Cuba era con Occidente —30% con países imperialistas y el otro 10% con países semicoloniales. En 1973, Cuba retoma el comercio con la Argentina. Antes, con Chile. Tenía un comercio importante, y no solamente respecto de países semicoloniales como el nuestro, sino también países imperialistas importantes. Pero en 1972, Fidel asocia a Cuba al CAME, bajo la dirección de la burocracia rusa, y prácticamente el 90% del comercio cubano se terminará realizando con ese bloque económico. Esto se aceleró con la crisis de la deuda en el 86, cuando Cuba, sin divisas y por falta de crédito internacional, disminuyó drásticamente su comercio con Occidente. “En 1986, el gobierno cubano —dice un economista de la isla— toma la decisión de mantener reducidas al mínimo posible las relaciones económicas con los países capitalistas y concentrar la mayor proporción de éstas con los países del CAME, sobre todo con la URSS” (1).
Hay una serie de estudios de economistas cubanos, y del propio gobierno cubano, que demuestran que desde que se asoció al CAME, en el 72, hasta el año 85, se produjo un deterioro importante en los términos de intercambio —entre lo que exportaba Cuba hacia el mercado común con la URSS y lo que importaba desde allí— en detrimento de Cuba. En el 85, se calcula que se había producido un desbalance del 70% en ese comercio. Nada más que en trece años, se había producido un desbalance importante.
Se dice que la Unión Soviética sostenía a Cuba económicamente, que la Unión Soviética le vendía petróleo a Cuba a crédito a un precio fijo, y como una forma de ayuda permitía que Cuba revendiera los excedentes que ahorraba. Cuba reexportaba unos 2-3 millones de toneladas de 12 millones que recibía, convirtiéndose en fuente de cerca del 40% de las divisas que recibía la Isla. La caída de los precios internacionales del petróleo, desde el 85, impactó negativamente en la economía cubana (y creó una fabulosa deuda con la URSS). En la actualidad, la deuda externa cubana está en el orden de los 9.000 millones de dólares. Pero esta deuda externa, es la deuda externa con los bancos imperialistas, porque existe al mismo tiempo una deuda que sigue en discusión, por la cual Rusia le exige a Cuba 15.000 millones de rublos.
Desarrollo atrasado y deformado
Pero el punto quizás más importante es que esta relación económica que estableció Cuba con la CAME significó una perpetuación del atraso y una deformación de su desarrollo económico total. Porque Cuba comenzó a comprar máquinas y equipamientos para su industria a la URSS y a los países de Europa oriental. Pero esas máquinas y equipamientos eran muy atrasados tecnológicamente. Como eran comprados a crédito y por la relación que había establecido la burocracia rusa con Cuba, prácticamente Cuba se llenó de una cantidad de maquinaria que, desde el punto de vista comparativo con las tendencias de productividad del mercado mundial, eran obsoletas. Y esto condujo a una productividad muy baja respecto a los parámetros internacionales. Cuando en 1990 se rompen las relaciones económicas entre el CAME y Cuba, y todo el comercio de Cuba retrocede prácticamente a una octava parte, Cuba se da cuenta que tiene que reformar por completo todo el sistema industrial.
Cuba es gran exportadora de azúcar. Otra exportación importante es el níquel. Las plantas y las máquinas que le compró a la URSS, para equipar dicha industria, llevaron a que el precio del níquel cubano quedara completamente descolocado. Las inversiones que está realizando Cuba hasta el día de hoy son para tratar de transformar la maquinaria utilizada en la fabricación de níquel, que insume una cantidad de energía descomunal, que Cuba por otra parte no tiene (porque no tiene petróleo, ni gas), lo que la encarece terriblemente. Esto fue el resultado de la alianza política que establecieron Fidel y la burocracia rusa y que ha llevado a una deformación total de la economía cubana. Esto también se evidenció en los planes de producción cubanos. Cuba se empeñó, más que nunca, en su principal producción: el azúcar. Y lo que siempre fue criticado cuando estalló la Revolución Cubana, el monocultivo, nunca fue revertido.
Por lo tanto, si uno hace el análisis en qué fueron invertidos los 6.500 millones de dólares de la deuda externa, que llevaron la asfixia a Cuba, cómo se equipó Cuba industrialmente, etc., va a ver que todo el plan económico que se desarrolló en esos 20 años fue un plan económico completamente parasitario.
La capacidad de importación de Cuba había caído, entonces, de 8.000 millones de dólares en 1989 a 2.000 millones en el 91. Pero aun así tenía déficit del comercio exterior: quiere decir que no exportaba nada. Exportaba nada más que una parte del azúcar; el níquel no lo podía exportar o lo exportaba en condiciones muy desventajosas. Tuvo que comenzar una política de reconversión industrial para revertir esta situación. Por ejemplo: Cuba importa muchos alimentos porque no tiene agricultura (produce sólo cítricos y azúcar). Comienza, recién en el 90, a dedicar una parte de la tierra a producir ciertos cultivos (arroz, etc.), para poder alimentar a su población. Porque antes importaba una parte importante de su alimentación. Con la energía lo mismo. Como tenía el petróleo ruso, no buscó en ningún momento ninguna otra fuente alternativa. Hacia el final de la relación con la URSS, se empezó a construir una planta de energía atómica que hubiera reemplazado una cuarta parte de las importaciones de petróleo. Esto quedó detenido por la crisis: todavía faltaban invertir 1.000 millones de dólares.
Estatismo no es socialismo
En el año 68, Cuba estatiza toda la producción comercial, mercantil, agrícola; de la mano del apoyo político a la contrarrevolución en Checoslovaquia, se decide la estatización total de toda la economía. Eso no es socialismo, sino estatismo. Hasta hace unos años atrás, todo el comercio minorista estaba en manos del Estado, controlado por una creciente e inútil burocracia. Esto no era socialismo, porque socialismo no es estatización indiscriminada. El socialismo supone el control en manos del Estado de los principales medios de producción, pero no el control burocrático de los kiosquitos, etc. Esto último crea una frondosa burocracia. Uno no espera que el socialismo sea el control de la pequeña producción, sino el control de la gran producción, y a la larga, con el desarrollo de las fuerzas productivas, que la pequeña producción sea absorbida por la gran producción. Llegó a formarse un régimen de características recontraparasitarias (muy bien caricaturizado por la película Guantanamera) que, lógicamente, en el 90 llega al colapso.
Viraje restauracionista
Esta situación, creada por la política parasitaria y burocrática, llevó a plantear una redefinición estratégica. Se impone el racionamiento y se plantea la ‘apertura externa’, usando las ‘ventajas comparativas’ de la economía cubana: el turismo y la mano de obra calificada.
Lógicamente, esto condiciona el desarrollo económico y social, porque hay que construir hoteles e infraestructura para el turismo. Capitales mexicanos desarrollan una industria del cemento que es una de las más importantes de Centroamérica. Con el turismo aparece un comercio complementario. En 1980, Fidel había rechazado impulsar una industria del turismo, porque significaba —eran sus argumentos en aquel momento— una deformación en el desarrollo económico de Cuba, y producir una diferenciación económica y social dentro de Cuba.
Legalidad restauracionista
Para desarrollar esta apertura al capital extranjero, se toman una serie de medidas políticas y económicas. En 1992 se produce una reforma de la Constitución y se declara la posibilidad de las privatizaciones. A partir de ahí, vienen una cantidad de leyes, que van abriendo el camino a una intervención creciente del capital. La Ley 140 del 93 permite la tenencia y comercialización de divisas extranjeras.
Van a regir dos monedas. En Cuba está el peso convertible y el peso corriente. Entre el peso convertible y el corriente hay una relación aproximada de 25 a 1. El área de los hoteles y de las negociaciones maneja el peso convertible. El salario de los trabajadores se paga en pesos corrientes. Hay dos monedas que se manejan simultáneamente, produciendo una diferenciación económica.
En octubre del 95 sale una nueva ley, la Ley 77, que es votada por unanimidad en la asamblea popular cubana (todas las leyes son votadas por unanimidad), que autoriza un régimen muy liberal en materia de inversión de capital en el país. El artículo 10, por ejemplo, plantea que se puede invertir en todos los sectores, menos en educación, salud y defensa (pero sí en las fábricas de defensa). El capital extranjero puede ejercer la dirección de las empresas. Se dan ventajas impositivas impresionantes y por períodos largos. Se pueden repatriar dividendos sin ningún tipo de problemas. Se liquida el monopolio del comercio exterior. Las empresas pueden importar y exportar libremente, están autorizadas para hacerlo en todo lo que se refiere al ámbito de su producción. Se permite la instalación de zonas francas. Hay un boom de inversiones: más de 600 grupos capitalistas que están trabajando en diversas categorías y sectores. Es un sector que está en constante desarrollo y que es alentado en forma abierta. Pero esta situación no ha logrado superar la crisis de Cuba. Como en la Argentina, ‘entran’ capitales, compran fábricas, privatizan, pero esto no significa que el país haya salido de la crisis.
Competencia y desocupación
No se ha logrado eliminar el déficit del comercio exterior, que se va agregando a una deuda externa creciente. La economía dual ha abierto una polémica en el seno del PC cubano y en la burocracia dirigente en Cuba. Se plantea eliminar las dos economías que están en paralelo para llegar a un solo régimen económico. Esto significaría el régimen de mercado en forma abierta, de libre penetración de capitales extranjeros en todas las áreas, incluso la privatización de las empresas estatales. Para que esto avance, habría que tomar dos medidas fundamentales: acabar con lo que quede de la planificación económica estatal, posibilitar la quiebra de las empresas estatales y el despido de los obreros. Esto, para los capitalistas, es muy importante. No ha habido nunca un desarrollo de una economía capitalista sin ejército de desocupados.
Capitalización
Lo que se está reclamando también es la capitalización de la deuda cubana, o sea, una privatización general de todas las empresas estatales mediante el canje de la deuda externa.
El imperialismo está mayoritariamente de acuerdo con este tipo de medidas y piensa que éste es el curso que debe seguir el proceso. El imperialismo norteamericano utiliza el bloqueo como un arma. El imperialismo piensa que la deuda externa se va a ir cobrando, que se va a privatizar todo lo que existe, y que Cuba va a ser reasimilada. Esto lo ha entendido el imperialismo mundial: en este momento, hay inversiones en Cuba de alemanes, franceses, ingleses, españoles, de todos los imperialismos, e incluso de norteamericanos que, imposibilitados por la política de bloqueo, usan sus filiales en el exterior y usan testaferros para llevar adelante las inversiones.
Cuba tiene la particularidad de contar con una colonia de exiliados muy fuerte económicamente, que reclama la devolución de las propiedades que les confiscó la Revolución. Pero esta devolución parece bastante difícil en muchos aspectos, porque una parte de estas propiedades ya está en manos de otros capitalistas. La liberalización de las inversiones extranjeras ha planteado el problema de si los “gusanos” que viven en el extranjero también pueden invertir. Fidel ha respondido por la afirmativa; que si los “gusanos” vienen con capitales y con tecnología, están en las mismas condiciones que el resto. Efectivamente se está explorando un proceso de inversión: una parte de los capitales que está entrando es de los “gusanos”.
El año que viene, el Papa va a Cuba. Y el Papa negoció con el imperialismo norteamericano que levantara el bloqueo de giros que la colonia cubana de La Florida hacía a sus parientes en Cuba, y está reconstituyendo el partido clerical. Se plantea la devolución de los derechos políticos. La colonia de los “gusanos” está dividida: una parte es totalmente intransigente o finge, y otra parte está de acuerdo en iniciar un “diálogo nacional”.
Tenemos dos procesos: la apertura de Cuba al capital extranjero, y junto con eso, la presión para que la apertura económica vaya de la mano de lo que se llama la apertura política, devolución de los derechos políticos, preparación de elecciones “democráticas” en Cuba, etc.
Diferenciación social
Las medidas económicas ‘aperturistas’ están produciendo en Cuba una diferenciación social muy grande. En primer lugar, hay muchas familias que ahora están autorizadas a recibir dólares del exterior. Tenemos un 25% de la población que recibe giros del exterior. En general, es el sector más ligado a los exiliados. Un dólar es igual a 25 pesos cubanos, y el salario promedio de un trabajador cubano es de 350 pesos corrientes. Una parte de los precios en pesos corrientes es baja. Tiene precios bajos, subvencionados.
El segundo problema es que las empresas que radican sus capitales pagan los salarios en dólares, pero no a los trabajadores, sino al gobierno, que paga a los obreros en pesos corrientes. Se produce una expropiación del trabajador.
Teóricamente, el gobierno lo hace para mantener un igualitarismo, si no, los trabajadores que están en empresas extranjeras ganarían 20 veces más que sus compañeros que trabajan en empresas estatales. Pero es una expropiación. Para los que tienen pesos convertibles hay tiendas especiales. Se pueden comprar en Cuba productos especiales sólo con dólares o pesos convertibles. Y a eso no tiene acceso el trabajador común. Los únicos que tienen acceso son los que reciben dinero de la emigración (los giros que manda la familia), la gente de la burocracia estatal o los que tienen algún tipo de acceso a la corrupción del régimen hotelero. El gobierno cubano ha ido eliminando los subsidios sociales, para nivelar el déficit de presupuesto.
Crisis y revolución política
El régimen cubano mantiene una lucha con el gobierno norteamericano por el problema de los derechos políticos. Desde ya que no otorga ningún derecho político a los trabajadores cubanos. En Cuba no existen sindicatos libres e independientes. No existen partidos políticos, sólo está el partido político oficial, y todo el régimen político cubano está regimentado. La población nunca se pronuncia en función de una estrategia o de un programa de conjunto. No tiene posibilidad la población de organizarse políticamente. Y crece, cada vez más, el poder personal, bonapartista, de Fidel.
¿Qué tenemos por delante? Una liquidación total del régimen político que comenzó en el 59. Vuelve el capital, las masas no tienen ningún principio de organización. Entendemos perfectamente que en una situación económica difícil se procure llegar a acuerdos con sectores capitalistas. En la Rusia soviética, después de una guerra civil muy prolongada, Lenin hizo acuerdos con algunos capitales extranjeros para explotar ciertas áreas económicas que la URSS no tenía posibilidad de desarrollar (extracción de petróleo, etc.). Pero Lenin mantuvo el control de todas las palancas decisivas del Estado en sus manos, el control del comercio exterior, el control de la banca, de las principales industrias, y, más importante que eso, obligó a que los capitalistas reconocieran la existencia de sindicatos. Pero en Cuba no, el derecho de huelga está prohibido, los sindicatos no existen. Cuba es, en la actualidad, para los capitales extranjeros que se han radicado, un paraíso. Porque el régimen cubano garantiza una estabilidad total, una tranquilidad social como no existe en otro país. Se pretende seguir avanzando en el proceso de apertura económica con un gobierno centralizado, que vaya arbitrando los conflictos. Hay un régimen que mantiene todavía cierto consenso, pero que avanza lenta pero sistemáticamente contra las posiciones de las masas: permite el acrecentamiento del capital externo, permite el acrecentamiento de la influencia de los partidos contrarrevolucionarios (los “gusanos”, el clero) y ha abierto un proceso de restauración capitalista.
Frente a esto, lo que interesa a una corriente revolucionaria es cómo levantar un programa de transición que permita a los trabajadores organizarse en forma independiente. Derecho a tener sindicatos y a las huelgas. Derecho al control obrero sobre las industrias nacionales y privadas. Impedir que vengan los partidos contrarrevolucionarios. Legalidad para todos los partidos que dicen defender los principios de la revolución socialista. Es un programa contra una intervención del imperialismo extranjero y de los “gusanos”, que impulsa a la clase obrera a luchar contra el restauracionismo capitalista y en defensa de las conquistas de la revolución.
Notas
1. Julio Carranza Valdés, Cuba: los restos de la economía.
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Antecedentes de la restauración capitalista en Cuba

Rafael Santos
Cuando el 1º de enero de 1959 Fidel Castro entró en La Habana se rompió el mito de que a 90 millas del imperialismo yanqui no pudiera triunfar la revolución. Fue una revolución democrática que, bajo las presiones del imperialismo y del gran capital, fue tomando medidas radicales y expropió a los capitalistas. La revolución se había transformado en la primera revolución socialista de América Latina.
Revolución permanente
Al declarar el carácter socialista de la Revolución, Fidel Castro buscó comprometer el apoyo diplomático y militar de la Unión Soviética. Pero se puso en evidencia que las revoluciones en nuestra época no pueden culminar sus tareas si no se transforman también en anticapitalistas, socialistas. Los PC stalinistas propugnaban que no podía haber en Latinoamérica una revolución de carácter obrero y socialista. Cuba demostró que esto no era así. La revolución cubana fue un golpe muy importante contra los PC stalinistas. Se acababa de realizar el 20º congreso del PCUS, que había declarado que la marcha hacia el socialismo sería por vía pacífica y parlamentaria. La Revolución Cubana vino a desmentirlo. No hubo casi PC que en los años subsiguientes a la Revolución Cubana no comenzara un proceso de crisis y de rupturas con motivo de todo esto.
La Revolución Cubana demostró, en poco tiempo, las ventajas de los métodos de planificación centralizada anti-capitalista. Rápidamente eliminó los grados más grandes de miseria; se eliminó por completo el analfabetismo. Hoy en día, uno de cada quince cubanos es estudiante o ha cursado estudios universitarios, uno de cada ocho tiene un título técnico. En materia de salud, desaparecieron todas las enfermedades endémicas, la tasa de mortalidad infantil es la más baja de Latinoamérica, y ha tenido un desarrollo de las fuerzas productivas superior a otros países que estaban en su misma situación en 1959. En los primeros años de la Revolución, a pesar del bloqueo y de las dificultades económicas, el salario real y el nivel de vida de los trabajadores cubanos creció enormemente.
Internacionalismo o burocratización
El triunfo de la Revolución Cubana planteó rápidamente el problema de su extensión. En 1965, hubo una importante revolución en la República Dominicana que fue ahogada políticamente por el nacionalismo burgués y, militarmente, por el imperialismo. Va a ver toda una serie de tentativas y de movimientos revolucionarios de diversas características. A fines de la década del 70 vuelve a levantar el proceso revolucionario en Centroamérica, con el triunfo de la revolución nicaragüense.
Pero los procesos revolucionarios, si no se extienden a nivel internacional, tienen que entrar inevitablemente en una situación de reflujo, lo cual significa, en lo interno, burocratización. Esto es previsible si el impulso revolucionario no logra establecer una supremacía internacional de la clase obrera. El reflujo recrea las tendencias a una burocratización.
La burocracia que se crea tiende a asimilarse a las relaciones internaciones del momento. En el marco de las relaciones internacionales dominadas por la política de coexistencia contrarrevolucionaria entre el imperialismo y la burocracia soviética, la tendencia que se va a plantear en el régimen cubano es a asimilarse a ese cuadro político después de haber intentado, por algunas vías empíricas (foquismo), extender la Revolución. Cada vez que en la situación política internacional se creó un pico de crisis revolucionaria, la tendencia de las burocracias fue a tratar de converger más rápidamente con el imperialismo para frenarla. En 1968, los obreros de Francia se levantaron y los obreros, en Checoslovaquia, tiraron al gobierno de la burocracia stalinista. Esos movimientos no triunfaron, pero asustaron terriblemente tanto al imperialismo como a la burocracia y aceleraron su convergencia para tratar de asfixiar y controlar al movimiento revolucionario. Por un instante, la burocracia rusa tuvo el temor de que los trabajadores checoslovacos tomaran el poder y generaran una situación revolucionaria en todo el bloque soviético. También el imperialismo lo tuvo: era un alza revolucionaria que se desarrolló mundialmente (Checoslovaquia, Mayo francés, ofensiva del Tet en Viet Nam, Cordobazo en la Argentina, etc.). Esto acelerará la tendencia restauracionista de la burocracia rusa, asustada por la perspectiva de perder sus privilegios a manos de la acción revolucionaria de los obreros. En aquel momento, Castro se coloca en contra de la revolución en Checoslovaquia: apoyó abiertamente la invasión de los tanques rusos. El Che Guevara ya no estaba al frente del Estado; había sido asesinado en Bolivia. Y el mismo hecho de su retiro de la dirección cubana para tratar de impulsar la Revolución Mundial fue considerado, en su momento, como una disidencia entre sectores burocráticos del PC cubano y el Che, que quería extender la revolución a toda costa y no quería encerrarse en un proceso de burocratización del Estado Obrero cubano.
Esta tendencia de Fidel Castro de llegar a un acuerdo con la burocracia soviética, incluso con el imperialismo, se va a ir profundizando. En forma contradictoria, cuando estalla la revolución en Nicaragua, Reagan reclama un acuerdo concreto a la burocracia rusa para tratar de contener la revolución centroamericana. Gorbachov viaja a La Habana y, con Fidel Castro, se comprometen a no apoyar los procesos revolucionarios y a tratar de resolver por “métodos pacíficos” todos los problemas en Centroamérica. La insurrección nicaragüense fue más profunda que la cubana: costó 50.000 muertos, fueron insurrecciones populares de características pocas veces vista en la historia. Pero el sandinismo en el gobierno de Nicaragua —asesorado por Fidel— planteó que no repetiría la historia de Cuba: de expropiar a los capitalistas. Conocemos el desenlace: de entrada se hizo un gobierno con la incorporación de la Chamorro y, finalmente, el sandinismo fue expulsado del poder por una coalición burguesa. Fidel había cambiado de posición: era partidario de luchar por un Nuevo Orden Económico mundial. Planteaba la necesidad de que los países latinoamericanos integraran un frente común para afrontar la deuda externa, un acuerdo con las burguesías latinoamericanas para tratar de renegociar, con el imperialismo, la situación de la deuda externa en plena expansión y crisis.
Fue contenida la revolución en Nicaragua, fue desarmada la guerrilla en El Salvador, el Farabundo Martí llegó a un acuerdo de “pacificación” y todos los movimientos que estaban en desarrollo y tenían una posición importante en la lucha de clases centroamericana fueron controlados, desarmados y ‘pacificados’, con el propósito de salvaguardar un acuerdo de paz en toda la región y permitir al gobierno cubano llegar a un acuerdo más general con el imperialismo. Ya Fidel había declarado, en 1986, que no había posibilidad de una revolución socialista en América Latina por lo menos por 50 años y que, por lo tanto, había que revalorizar los regímenes democráticos, los acuerdos con los sectores progresistas, la unidad de todas las burguesías latinoamericanas. Es decir, retrocedía en su propio pensamiento revolucionario.
Esta es la base política sobre la que se está desarrollando el proceso de restauración capitalista en Cuba. En general, los castristas plantean que se ha llegado a esta situación porque cayó la Unión Soviética y ‘el campo socialista’. La caída de sus principales aliados habría obligado al castrismo a adoptar el curso que tiene en la actualidad, que es llamar al capital extranjero a Cuba. Pero esto no es cierto, porque la crisis con Gorbachov y el Muro de Berlín son de la década del 90. Y toda la política que llevó a un estrangulamiento económico de la Revolución Cubana se inicia mucho antes.
La deuda externa
Fidel acompañó, igual que todos los gobiernos latinoamericanos, de los países coloniales y de los Estados obreros, todo el proceso de lo que se llamó la acumulación de la deuda externa. Cuba pasó de 2.000 millones de dólares en el 82-83, a 6.500 millones de deuda externa en el 87. Es decir, en la misma época en que gran parte de los países latinoamericanos se endeudaron creando el fenómeno político-económico de la deuda externa. A pesar del bloqueo yanqui, Cuba recibió empréstitos de bancos extranjeros. La deuda, que se triplicó en 3-4 años, ya no pudo ser pagada a partir de 1986. Prácticamente, el 30% de las exportaciones cubanas se destinaban al pago de los intereses, lo que sumado a la parte de capital que tenía que ir amortizando, era más del 70% de las exportaciones cubanas. En el 86, como Cuba no estaba en condiciones de pagar la deuda externa, Fidel se dirigió al Club de París, que es un consorcio de grandes bancos, a plantear la necesidad de renegociar los pagos de la deuda externa. El Club de París reclamó entonces que Cuba pagara con ciertas concesiones económicas y políticas, como se hizo con otras naciones. Como Cuba no estaba en condiciones de cumplir esto, se produjo la moratoria de la deuda externa, y eso le corta el crédito internacional.
Vemos, entonces, un fenómeno muy parecido al de otros países semicoloniales. Cuba, por lo tanto, siguió el proceso de endeudamiento que creó el imperialismo a nivel internacional. Nosotros sabemos —por todos los estudios que se han hecho— que ése fue un endeudamiento fomentado por el propio imperialismo. Los grandes bancos, con sus excesos de capital, obligaron a los gobiernos a endeudarse. Cuba siguió esta tendencia parasitaria.
Socialismo en el CAME
La economía cubana estaba por completo integrada a la Unión Soviética y a los países de Europa oriental. A pesar del bloqueo norteamericano, que comienza en el 62, el 40% del comercio internacional de Cuba era con Occidente —30% con países imperialistas y el otro 10% con países semicoloniales. En 1973, Cuba retoma el comercio con la Argentina. Antes, con Chile. Tenía un comercio importante, y no solamente respecto de países semicoloniales como el nuestro, sino también países imperialistas importantes. Pero en 1972, Fidel asocia a Cuba al CAME, bajo la dirección de la burocracia rusa, y prácticamente el 90% del comercio cubano se terminará realizando con ese bloque económico. Esto se aceleró con la crisis de la deuda en el 86, cuando Cuba, sin divisas y por falta de crédito internacional, disminuyó drásticamente su comercio con Occidente. “En 1986, el gobierno cubano —dice un economista de la isla— toma la decisión de mantener reducidas al mínimo posible las relaciones económicas con los países capitalistas y concentrar la mayor proporción de éstas con los países del CAME, sobre todo con la URSS” (1).
Hay una serie de estudios de economistas cubanos, y del propio gobierno cubano, que demuestran que desde que se asoció al CAME, en el 72, hasta el año 85, se produjo un deterioro importante en los términos de intercambio —entre lo que exportaba Cuba hacia el mercado común con la URSS y lo que importaba desde allí— en detrimento de Cuba. En el 85, se calcula que se había producido un desbalance del 70% en ese comercio. Nada más que en trece años, se había producido un desbalance importante.
Se dice que la Unión Soviética sostenía a Cuba económicamente, que la Unión Soviética le vendía petróleo a Cuba a crédito a un precio fijo, y como una forma de ayuda permitía que Cuba revendiera los excedentes que ahorraba. Cuba reexportaba unos 2-3 millones de toneladas de 12 millones que recibía, convirtiéndose en fuente de cerca del 40% de las divisas que recibía la Isla. La caída de los precios internacionales del petróleo, desde el 85, impactó negativamente en la economía cubana (y creó una fabulosa deuda con la URSS). En la actualidad, la deuda externa cubana está en el orden de los 9.000 millones de dólares. Pero esta deuda externa, es la deuda externa con los bancos imperialistas, porque existe al mismo tiempo una deuda que sigue en discusión, por la cual Rusia le exige a Cuba 15.000 millones de rublos.
Desarrollo atrasado y deformado
Pero el punto quizás más importante es que esta relación económica que estableció Cuba con la CAME significó una perpetuación del atraso y una deformación de su desarrollo económico total. Porque Cuba comenzó a comprar máquinas y equipamientos para su industria a la URSS y a los países de Europa oriental. Pero esas máquinas y equipamientos eran muy atrasados tecnológicamente. Como eran comprados a crédito y por la relación que había establecido la burocracia rusa con Cuba, prácticamente Cuba se llenó de una cantidad de maquinaria que, desde el punto de vista comparativo con las tendencias de productividad del mercado mundial, eran obsoletas. Y esto condujo a una productividad muy baja respecto a los parámetros internacionales. Cuando en 1990 se rompen las relaciones económicas entre el CAME y Cuba, y todo el comercio de Cuba retrocede prácticamente a una octava parte, Cuba se da cuenta que tiene que reformar por completo todo el sistema industrial.
Cuba es gran exportadora de azúcar. Otra exportación importante es el níquel. Las plantas y las máquinas que le compró a la URSS, para equipar dicha industria, llevaron a que el precio del níquel cubano quedara completamente descolocado. Las inversiones que está realizando Cuba hasta el día de hoy son para tratar de transformar la maquinaria utilizada en la fabricación de níquel, que insume una cantidad de energía descomunal, que Cuba por otra parte no tiene (porque no tiene petróleo, ni gas), lo que la encarece terriblemente. Esto fue el resultado de la alianza política que establecieron Fidel y la burocracia rusa y que ha llevado a una deformación total de la economía cubana. Esto también se evidenció en los planes de producción cubanos. Cuba se empeñó, más que nunca, en su principal producción: el azúcar. Y lo que siempre fue criticado cuando estalló la Revolución Cubana, el monocultivo, nunca fue revertido.
Por lo tanto, si uno hace el análisis en qué fueron invertidos los 6.500 millones de dólares de la deuda externa, que llevaron la asfixia a Cuba, cómo se equipó Cuba industrialmente, etc., va a ver que todo el plan económico que se desarrolló en esos 20 años fue un plan económico completamente parasitario.
La capacidad de importación de Cuba había caído, entonces, de 8.000 millones de dólares en 1989 a 2.000 millones en el 91. Pero aun así tenía déficit del comercio exterior: quiere decir que no exportaba nada. Exportaba nada más que una parte del azúcar; el níquel no lo podía exportar o lo exportaba en condiciones muy desventajosas. Tuvo que comenzar una política de reconversión industrial para revertir esta situación. Por ejemplo: Cuba importa muchos alimentos porque no tiene agricultura (produce sólo cítricos y azúcar). Comienza, recién en el 90, a dedicar una parte de la tierra a producir ciertos cultivos (arroz, etc.), para poder alimentar a su población. Porque antes importaba una parte importante de su alimentación. Con la energía lo mismo. Como tenía el petróleo ruso, no buscó en ningún momento ninguna otra fuente alternativa. Hacia el final de la relación con la URSS, se empezó a construir una planta de energía atómica que hubiera reemplazado una cuarta parte de las importaciones de petróleo. Esto quedó detenido por la crisis: todavía faltaban invertir 1.000 millones de dólares.
Estatismo no es socialismo
En el año 68, Cuba estatiza toda la producción comercial, mercantil, agrícola; de la mano del apoyo político a la contrarrevolución en Checoslovaquia, se decide la estatización total de toda la economía. Eso no es socialismo, sino estatismo. Hasta hace unos años atrás, todo el comercio minorista estaba en manos del Estado, controlado por una creciente e inútil burocracia. Esto no era socialismo, porque socialismo no es estatización indiscriminada. El socialismo supone el control en manos del Estado de los principales medios de producción, pero no el control burocrático de los kiosquitos, etc. Esto último crea una frondosa burocracia. Uno no espera que el socialismo sea el control de la pequeña producción, sino el control de la gran producción, y a la larga, con el desarrollo de las fuerzas productivas, que la pequeña producción sea absorbida por la gran producción. Llegó a formarse un régimen de características recontraparasitarias (muy bien caricaturizado por la película Guantanamera) que, lógicamente, en el 90 llega al colapso.
Viraje restauracionista
Esta situación, creada por la política parasitaria y burocrática, llevó a plantear una redefinición estratégica. Se impone el racionamiento y se plantea la ‘apertura externa’, usando las ‘ventajas comparativas’ de la economía cubana: el turismo y la mano de obra calificada.
Lógicamente, esto condiciona el desarrollo económico y social, porque hay que construir hoteles e infraestructura para el turismo. Capitales mexicanos desarrollan una industria del cemento que es una de las más importantes de Centroamérica. Con el turismo aparece un comercio complementario. En 1980, Fidel había rechazado impulsar una industria del turismo, porque significaba —eran sus argumentos en aquel momento— una deformación en el desarrollo económico de Cuba, y producir una diferenciación económica y social dentro de Cuba.
Legalidad restauracionista
Para desarrollar esta apertura al capital extranjero, se toman una serie de medidas políticas y económicas. En 1992 se produce una reforma de la Constitución y se declara la posibilidad de las privatizaciones. A partir de ahí, vienen una cantidad de leyes, que van abriendo el camino a una intervención creciente del capital. La Ley 140 del 93 permite la tenencia y comercialización de divisas extranjeras.
Van a regir dos monedas. En Cuba está el peso convertible y el peso corriente. Entre el peso convertible y el corriente hay una relación aproximada de 25 a 1. El área de los hoteles y de las negociaciones maneja el peso convertible. El salario de los trabajadores se paga en pesos corrientes. Hay dos monedas que se manejan simultáneamente, produciendo una diferenciación económica.
En octubre del 95 sale una nueva ley, la Ley 77, que es votada por unanimidad en la asamblea popular cubana (todas las leyes son votadas por unanimidad), que autoriza un régimen muy liberal en materia de inversión de capital en el país. El artículo 10, por ejemplo, plantea que se puede invertir en todos los sectores, menos en educación, salud y defensa (pero sí en las fábricas de defensa). El capital extranjero puede ejercer la dirección de las empresas. Se dan ventajas impositivas impresionantes y por períodos largos. Se pueden repatriar dividendos sin ningún tipo de problemas. Se liquida el monopolio del comercio exterior. Las empresas pueden importar y exportar libremente, están autorizadas para hacerlo en todo lo que se refiere al ámbito de su producción. Se permite la instalación de zonas francas. Hay un boom de inversiones: más de 600 grupos capitalistas que están trabajando en diversas categorías y sectores. Es un sector que está en constante desarrollo y que es alentado en forma abierta. Pero esta situación no ha logrado superar la crisis de Cuba. Como en la Argentina, ‘entran’ capitales, compran fábricas, privatizan, pero esto no significa que el país haya salido de la crisis.
Competencia y desocupación
No se ha logrado eliminar el déficit del comercio exterior, que se va agregando a una deuda externa creciente. La economía dual ha abierto una polémica en el seno del PC cubano y en la burocracia dirigente en Cuba. Se plantea eliminar las dos economías que están en paralelo para llegar a un solo régimen económico. Esto significaría el régimen de mercado en forma abierta, de libre penetración de capitales extranjeros en todas las áreas, incluso la privatización de las empresas estatales. Para que esto avance, habría que tomar dos medidas fundamentales: acabar con lo que quede de la planificación económica estatal, posibilitar la quiebra de las empresas estatales y el despido de los obreros. Esto, para los capitalistas, es muy importante. No ha habido nunca un desarrollo de una economía capitalista sin ejército de desocupados.
Capitalización
Lo que se está reclamando también es la capitalización de la deuda cubana, o sea, una privatización general de todas las empresas estatales mediante el canje de la deuda externa.
El imperialismo está mayoritariamente de acuerdo con este tipo de medidas y piensa que éste es el curso que debe seguir el proceso. El imperialismo norteamericano utiliza el bloqueo como un arma. El imperialismo piensa que la deuda externa se va a ir cobrando, que se va a privatizar todo lo que existe, y que Cuba va a ser reasimilada. Esto lo ha entendido el imperialismo mundial: en este momento, hay inversiones en Cuba de alemanes, franceses, ingleses, españoles, de todos los imperialismos, e incluso de norteamericanos que, imposibilitados por la política de bloqueo, usan sus filiales en el exterior y usan testaferros para llevar adelante las inversiones.
Cuba tiene la particularidad de contar con una colonia de exiliados muy fuerte económicamente, que reclama la devolución de las propiedades que les confiscó la Revolución. Pero esta devolución parece bastante difícil en muchos aspectos, porque una parte de estas propiedades ya está en manos de otros capitalistas. La liberalización de las inversiones extranjeras ha planteado el problema de si los “gusanos” que viven en el extranjero también pueden invertir. Fidel ha respondido por la afirmativa; que si los “gusanos” vienen con capitales y con tecnología, están en las mismas condiciones que el resto. Efectivamente se está explorando un proceso de inversión: una parte de los capitales que está entrando es de los “gusanos”.
El año que viene, el Papa va a Cuba. Y el Papa negoció con el imperialismo norteamericano que levantara el bloqueo de giros que la colonia cubana de La Florida hacía a sus parientes en Cuba, y está reconstituyendo el partido clerical. Se plantea la devolución de los derechos políticos. La colonia de los “gusanos” está dividida: una parte es totalmente intransigente o finge, y otra parte está de acuerdo en iniciar un “diálogo nacional”.
Tenemos dos procesos: la apertura de Cuba al capital extranjero, y junto con eso, la presión para que la apertura económica vaya de la mano de lo que se llama la apertura política, devolución de los derechos políticos, preparación de elecciones “democráticas” en Cuba, etc.
Diferenciación social
Las medidas económicas ‘aperturistas’ están produciendo en Cuba una diferenciación social muy grande. En primer lugar, hay muchas familias que ahora están autorizadas a recibir dólares del exterior. Tenemos un 25% de la población que recibe giros del exterior. En general, es el sector más ligado a los exiliados. Un dólar es igual a 25 pesos cubanos, y el salario promedio de un trabajador cubano es de 350 pesos corrientes. Una parte de los precios en pesos corrientes es baja. Tiene precios bajos, subvencionados.
El segundo problema es que las empresas que radican sus capitales pagan los salarios en dólares, pero no a los trabajadores, sino al gobierno, que paga a los obreros en pesos corrientes. Se produce una expropiación del trabajador.
Teóricamente, el gobierno lo hace para mantener un igualitarismo, si no, los trabajadores que están en empresas extranjeras ganarían 20 veces más que sus compañeros que trabajan en empresas estatales. Pero es una expropiación. Para los que tienen pesos convertibles hay tiendas especiales. Se pueden comprar en Cuba productos especiales sólo con dólares o pesos convertibles. Y a eso no tiene acceso el trabajador común. Los únicos que tienen acceso son los que reciben dinero de la emigración (los giros que manda la familia), la gente de la burocracia estatal o los que tienen algún tipo de acceso a la corrupción del régimen hotelero. El gobierno cubano ha ido eliminando los subsidios sociales, para nivelar el déficit de presupuesto.
Crisis y revolución política
El régimen cubano mantiene una lucha con el gobierno norteamericano por el problema de los derechos políticos. Desde ya que no otorga ningún derecho político a los trabajadores cubanos. En Cuba no existen sindicatos libres e independientes. No existen partidos políticos, sólo está el partido político oficial, y todo el régimen político cubano está regimentado. La población nunca se pronuncia en función de una estrategia o de un programa de conjunto. No tiene posibilidad la población de organizarse políticamente. Y crece, cada vez más, el poder personal, bonapartista, de Fidel.
¿Qué tenemos por delante? Una liquidación total del régimen político que comenzó en el 59. Vuelve el capital, las masas no tienen ningún principio de organización. Entendemos perfectamente que en una situación económica difícil se procure llegar a acuerdos con sectores capitalistas. En la Rusia soviética, después de una guerra civil muy prolongada, Lenin hizo acuerdos con algunos capitales extranjeros para explotar ciertas áreas económicas que la URSS no tenía posibilidad de desarrollar (extracción de petróleo, etc.). Pero Lenin mantuvo el control de todas las palancas decisivas del Estado en sus manos, el control del comercio exterior, el control de la banca, de las principales industrias, y, más importante que eso, obligó a que los capitalistas reconocieran la existencia de sindicatos. Pero en Cuba no, el derecho de huelga está prohibido, los sindicatos no existen. Cuba es, en la actualidad, para los capitales extranjeros que se han radicado, un paraíso. Porque el régimen cubano garantiza una estabilidad total, una tranquilidad social como no existe en otro país. Se pretende seguir avanzando en el proceso de apertura económica con un gobierno centralizado, que vaya arbitrando los conflictos. Hay un régimen que mantiene todavía cierto consenso, pero que avanza lenta pero sistemáticamente contra las posiciones de las masas: permite el acrecentamiento del capital externo, permite el acrecentamiento de la influencia de los partidos contrarrevolucionarios (los “gusanos”, el clero) y ha abierto un proceso de restauración capitalista.
Frente a esto, lo que interesa a una corriente revolucionaria es cómo levantar un programa de transición que permita a los trabajadores organizarse en forma independiente. Derecho a tener sindicatos y a las huelgas. Derecho al control obrero sobre las industrias nacionales y privadas. Impedir que vengan los partidos contrarrevolucionarios. Legalidad para todos los partidos que dicen defender los principios de la revolución socialista. Es un programa contra una intervención del imperialismo extranjero y de los “gusanos”, que impulsa a la clase obrera a luchar contra el restauracionismo capitalista y en defensa de las conquistas de la revolución.
Notas
1. Julio Carranza Valdés, Cuba: los restos de la economía.
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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