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lunes, 22 de diciembre de 2014

CUBA Y EL ACERCAMIENTO A EE. UU

 
Quien escribe esta nota lo hace con dolor. Mis abuelos maternos, mis padres, mis tíos, mis primos, fueron defensores de la Revolución Cubana; en el caso de mis abuelos, desde sus mismos comienzos, cuando Fidel, el Che y Camilo eran unos personajes semilegendarios que combatían en la mítica Sierra Maestra. De ahí que autor escriba estas líneas con rabia.
El acercamiento diplomático entre los EE. UU. y Cuba marca la clausura formal de la Revolución Cubana. Formal, porque la finalización real de la Revolución  se dio hace ya mucho tiempo. En este sentido, el acuerdo es un hito más en el proceso contrarrevolucionario que conduce con paso lento pero seguro a la restauración plena del capitalismo en la isla. Lejos de ser un triunfo del pueblo cubano, expresa de modo desembozado la capitulación de la burocracia gobernante frente al capitalismo.
Este artículo no pretende historiar el proceso mencionado en el párrafo anterior; por eso,  voy a limitarme a esbozar sus rasgos fundamentales, a sabiendas de que el cuadro es forzosamente incompleto. En principio, corresponde hacer una aclaración. Es habitual atribuir el fracaso y/o las taras de la Revolución Cubana a los efectos del embargo llevado adelante por EE. UU. Dicho de otro modo, fue el imperialismo yanqui quien puso en jaque a la Revolución. Sin negar la influencia del embargo (para nada es un tema menor), hay que señalar que se trata de una manera simplista de abordar la cuestión. Muchos capitalistas norteamericanos vienen afirmando que, lejos de debilitar al régimen cubano, el embargo lo fortalece y mejora la posición de las empresas de otros países que pugnan por apropiarse los diferentes mercados de la isla. Por otra parte, la presión constante de varios gobiernos estadounidenses sobre Cuba (sabotajes, propaganda anticubana, financiamiento a grupos opositores, etc.), reforzó al régimen, pues permitió a éste jugar a pleno la carta del nacionalismo. Atribuir la crisis o las crisis de la Revolución a la presión del imperialismo es una solución fácil que, como todas las soluciones fáciles, deja al margen lo principal.

Para explicar la clausura de la Revolución es preciso dar cuenta de los procesos internos que llevaron a esa situación. No basta mentar al imperialismo como un conejo que puede ser sacado todo el tiempo de la galera. La Revolución Cubana fue, entre otras cosas, una gigantesca movilización popular, en la que jugaron un papel fundamental los campesinos. La profundidad de la Reforma Agraria pagó con creces el apoyo de los campesinos a la Revolución y se convirtió en uno de los baluartes más sólidos del régimen. La derrota de la dictadura de Batista, por otra parte, se tradujo en una etapa de libertades democráticas como nunca había experimentado la isla. Reforma agraria más libertades democráticas, he aquí el programa inicial de la Revolución Cubana que, en estos términos, no puede considerarse de carácter socialista. El avance hacia el socialismo llegó después, como consecuencia de la acción de una parte de la dirigencia revolucionaria y de la necesidad objetiva de apoyo económico a partir de las presiones crecientes de los EE. UU. En este marco, la alianza con la U.R.S.S., producto de las necesidades de supervivencia de la Revolución, puso límites muy estrechos al avance de ésta. Al implantar métodos estalinistas de gestión económica, la política económica revolucionaria suprimió paulatinamente la posibilidad de que los trabajadores participaran en la toma de decisiones en la producción. Al reforzar el estatismo, fortaleció la posición rectora de la burocracia revolucionaria, que pasó a ser la clase dominante en la sociedad cubana. Es verdad que se trataba de un sector social que carecía de propiedad privada de los medios de producción (éstos pertenecían al Estado), pero su influencia sobre el proceso económico era inmensa.
El desarrollo de la burocracia se dio de la mano con otro proceso, mucho más lento y subterráneo, que fue horadando a la sociedad revolucionaria. En Cuba, la circulación mercantil jamás fue suprimida por completo. De hecho, a medida que se producía un deterioro en la capacidad económica de la isla (esto fue especialmente notorio a partir de la caída de la U.R.S.S.), el régimen cubano se vio obligado a recurrir a mecanismos de mercado para garantizar, por ejemplo, el abastecimiento de alimentos a las ciudades. Como es sabido, la producción mercantil no es gratis en término de sus efectos sociales. Su mera existencia posibilita el desarrollo de una acumulación desigual de riqueza, en beneficio de aquellos que tienen un mejor punto de arranque (por ejemplo, la diferencia entre un campesino que posee un buey para tirar del arado y otro que debe hacerlo con sus brazos). Esto, sumado a la existencia de la burocracia mencionada en el párrafo anterior, genera un sinfín de posibilidades de acumulación desigual de riqueza. Es verdad que esta acumulación tropieza con dificultades objetivas como, por ejemplo, un régimen jurídico que no contempla la propiedad privada de la tierra ni de los medios de producción; no obstante, estos límites tienden a ser eliminados por el régimen.

El mercado mundial fue otro factor central en la erosión paulatina de la Revolución. No es novedad que Cuba posee una economía que requiere de importaciones para poder subsistir. Ahora bien, el mercado mundial funciona siguiendo la ley del valor, esto es, los productos se cambian por sus equivalentes en valor. De ahí que exista una tendencia a uniformar las condiciones de producción en los distintos países. Si un país se decide a jugar en el mercado mundial (cosa inevitable, por cierto), debe aceptar las reglas de juego. Es verdad que en Cuba la inmensa mayoría de los trabajadores son empleados del Estado y que, en muchísimos casos, reciben una paga (exigua) por no hacer nada. Esta situación, lejos de ser un logro del socialismo, expresa el grado de descomposición de la economía cubana. Pero en los sectores donde se ha permitido la inversión extranjera (por ejemplo, la hotelería), las reglas de juego del capital han comenzado a implantarse, generando una fuerte presión para modificar la legislación laboral cubana. Además, la necesidad de obtener divisas para pagar las importaciones en el mercado mundial, ha hecho que el gobierno cubano sea especialmente permisivo con las actividades que generan dichas divisas (entre ellas, la prostitución – Cuba es probablemente uno de los prostíbulos a cielo abierto más grandes del mundo -).

El turismo internacional ha sido una de las puntas de lanza en la implantación de relaciones mercantiles en la isla. Quienes trabajan en el sector turístico, ya sea directamente o como proveedores de servicios para dicho sector, poseen un acceso privilegiado a las divisas, la mercancía más deseada por la sociedad cubana. En un país donde la libreta de abastecimiento garantiza el acceso a alimentos de pésima calidad, el poseer unos pocos dólares hace la diferencia. Es difícil exagerar los efectos disolventes de esta desigualdad en el acceso a las divisas. En Cuba se ven personas que juntas hasta la última moneda cubana para poder comprar algo en los desabastecidos mercados locales, en tanto que los que poseen divisas pueden acceder a los bienes que se venden en las tiendas para turistas. La corrupción, el delito, la pérdida de esperanzas en el futuro, prosperan en esta situación que favorece la acentuación de la desigualdad social.

Todos estos factores potencian el peso de la burocracia gobernante en la isla. Hace ya mucho tiempo que el PC cubano eliminó las manifestaciones de disidencia en sus filas. En este momento, el debate en su seno gira en torno a la vía elegida para retornar plenamente al capitalismo, no sobre un giro socialista o cosa por el estilo. En una economía devastada y en una sociedad donde cada vez más impera el sálvese quien pueda (o quien tenga divisas en el bolsillo), la burocracia constituye el único reaseguro de que las cosas funcionen mínimamente. Para ello recurre al control policíaco y a la persecución de toda actividad independiente de la población. El recurso al nacionalismo, al poner en la misma bolsa a quienes pretenden defender las libertades democráticas con aquellos que promueven una restauración capitalista, resulta especialmente efectivo.

En los párrafos anteriores intenté demostrar cómo el proceso revolucionario cubano colapsó mucho más por una combinación de factores internos y la acción del mercado mundial, que por la intervención del imperialismo yanqui. Esto es difícil de percibir porque, en nuestro país, como en tantos otros lugares, se ha forjado un mito de la Revolución Cubana. Dicha imagen heroica obtura cualquier posibilidad de análisis serio y, en los hechos, termina por ser un obstáculo a la comprensión de la Revolución y a la elaboración de una política revolucionaria. El mito deja de lado la cuestión de que el Estado y la burocracia ocuparon el lugar de los trabajadores en la dirección del proceso revolucionario. Embellecer la realidad no sirve a la causa revolucionaria. 
 

Villa del Parque, viernes 19 de diciembre de 2014

Fuente:http://miseriadelasociologia.blogspot.com.ar/2014/12/cuba-y-el-acercamiento-ee-uu.html

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