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jueves, 16 de febrero de 2017

Centenario de la Revolución Rusa: 1905 y su balance

9 de febrero de 2017 | #Prensa Obrera 1446 | Por Christian Rath y Roberto Gramar
 
Las tres concepciones de la revolucion rusa

El lugar histórico de 1905 fue presentado por León Trotsky en 1939 de este modo:
 
“La revolución de 1905 no fue solamente el ensayo general de 1917 sino que fue también el laboratorio en el cual se constituyeron todos los agrupamientos fundamentales del pensamiento político ruso y se formaron y dibujaron todas las tendencias y matices al interior del marxismo ruso. En el centro de las disputas estaba la cuestión del carácter histórico de la Revolución Rusa y de las vías ulteriores de su desarrollo” (1).
 
Sin duda que la cuestión central que planteó 1905 fue la de la naturaleza de la revolución y por la misma razón, su fuerza motriz.

La naturaleza de la revolución


Había un acuerdo general en la II Internacional y en los pensadores marxistas, incluidos los rusos, de que la revolución en un país atrasado como Rusia iba a ser burguesa y que su conquista política era una república democrática, que iba a ser el escenario de una prolongada lucha de clases nacional e internacional.

Este acuerdo general ocultaba una divergencia profunda sobre la intervención de la clase obrera y los socialistas, su actitud ante la burguesía, las consignas democráticas y el rol del campesinado. La versión conservadora, identificada con Gueorgui Pléjanov, y compartida por muchos mencheviques, era que la clase obrera tenía que cederle toda la iniciativa a la burguesía, no hacer nada que pudiera atemorizarla, plantear un programa agrario lo más conciliador posible y no rebelarse con sus propios métodos contra el atraso.

En su curso, la revolución de 1905 mostró que el comportamiento de la burguesía no se correspondía de ninguna manera con este esquema, pues no estaba dispuesta a ninguna lucha efectiva contra el régimen político y el atraso ni por la movilización del campesinado. Sin embargo, las concesiones del zarismo durante 1905 fueron hechas ante la movilización de la clase obrera, las huelgas, la huelga política de masas, la formación de los soviets.

La primera revolución del siglo XX, que se producía en un país atrasado, no iba a repetir el esquema de la gran revolución francesa y su ala extrema.

Lenin y los bolcheviques extraían política y prácticamente conclusiones muy diferentes a partir de la caracterización de la revolución como burguesa. El proletariado, lejos de someterse al programa y la dominación política de la burguesía, debía llevar adelante una lucha democrática consecuente y sobre todo movilizar en forma revolucionaria a los campesinos. La burguesía, en cambio, conciliaba y claudicaba. Por lo tanto, la lucha contra el absolutismo y el atraso tenía que imponer un régimen político democrático bajo la forma de una “dictadura revolucionaria de obreros y campesinos”, que traería un sendero democrático en el campo, y que iba a poder apoyarse en el desarrollo de la revolución en Europa occidental para avanzar lo más rápidamente posible al socialismo.

El balance de la revolución

Los acontecimientos de 1905 confirmaron la cobardía de la burguesía y su oposición a llevar adelante toda movilización contra el régimen absolutista.

En cambio, dieron lugar a una novedad: la irrupción de la clase obrera en un país atrasado con sus propios métodos y reivindicaciones, la huelga general. En octubre de 1905 se formó el soviet de San Petersburgo y asistimos a la paradoja notable de que la primera institución democrática en Rusia fue una organización insurreccional de la clase obrera.

La irrupción del proletariado fue el cambio radical de la revolución de 1905. El dirigente del POSDR que juega el rol más destacado es Trotsky, que termina por presidir y dirigir aquel soviet. En 1906, desde la cárcel, escribe su balance de la revolución, un ensayo de 100 páginas titulado “Resultados y perspectivas”. La Policía secuestró la edición y la circulación fue restringida. Llegó a pocos militantes y Trotsky afirma que Lenin no conoció el texto en ese momento.

Se trata de la primera formulación precisa de la revolución permanente.
¿Por qué la clase obrera rusa había jugado un rol revolucionario que casi nadie predecía y cuáles eran las consecuencias sobre el desarrollo de la revolución en su país y en Europa?
El rasgo fundamental del desarrollo económico y social en Rusia era el atraso. El Estado y el capital extranjero habían tenido un rol preponderante en el crecimiento de la industria; la burguesía era una clase débil y el campo estaba dominado por la gran propiedad y la dispersión de los campesinos. La clase obrera, en cambio, estaba fuertemente concentrada en grandes fábricas y jugó un rol central en las ciudades.

Trotsky extrajo las consecuencias políticas de este análisis concreto de la sociedad rusa y del comportamiento de sus clases sociales. Planteó que la clase obrera iba a ser la clase dominante de la revolución. Tenía que dirigir la revolución burguesa y luchar por el poder, con el apoyo de la masa campesina. Una vez en el poder, no se limitaría a las tareas democráticas, comenzaría también a avanzar en las tareas de expropiación de los capitalistas, de organización de la producción, es decir, transformaciones socialistas. El ritmo de avance dependería a su vez del curso de la revolución en los países avanzados de Europa; la revolución debía considerarse permanente en sus tareas y en su carácter internacional.

Trotsky rompió así con la concepción estrecha y conservadora de la II Internacional. Para sus dirigentes, la revolución debía ser el fruto maduro del desarrollo capitalista y sus crisis y del crecimiento de la clase obrera y sus organizaciones (con sus matices Kautsky -1908- desarrolló la idea de que, haciéndose con el poder, el partido proletario, por la lógica objetiva de su situación, comenzaría a aplicar un programa socialista).

El revolucionario ruso ubicó el resorte de la revolución en el desarrollo revolucionario de la clase obrera y no en el crecimiento del capitalismo; en la movilización revolucionaria y no en la rutina de las relaciones entre sindicatos y patrones. La experiencia de 1905, las huelgas contra el zarismo y los soviets fueron el terreno fértil que le permitió pasar de un análisis agudo de la sociedad rusa a la formulación de un programa revolucionario.


Corresponde agregar que la otra figura dirigente que comprendió el significado de 1905 fue Rosa Luxemburgo.
Formuló entonces su llamado a la huelga política de masas, para enfrentar al reformismo y el conservadorismo de las direcciones sindicales y de la socialdemocracia alemana.

El reagrupamiento del ala revolucionaria de la socialdemocracia se produjo sin embargo casi 10 años después, luego de la bancarrota de la II Internacional en 1914.

La cuestión del partido

El folleto “Resultados y perspectivas” fue publicado nuevamente en 1919, con un prólogo de Trotsky. En este texto analizó su lugar en relación a bolcheviques y mencheviques.

“El autor ha defendido, durante una década y media, el punto de vista de la revolución permanente,
pero al evaluar las fracciones en lucha mutua dentro de la socialdemocracia cometió un error.
Como entonces ambas partían de las perspectivas de una revolución burguesa, el autor creía que las divergencias de opiniones no eran tan profundas como para justificar una escisión. Al mismo tiempo esperaba que el transcurso posterior de los acontecimientos demostraría claramente a todos, por un lado, la falta de fuerzas y la impotencia de la democracia burguesa rusa, y por otro, el hecho de que al proletariado le sería objetivamente imposible mantenerse en el poder dentro del marco de un programa democrático; y que, en suma, ello haría desaparecer el terreno de las divergencias de opinión entre las fracciones.

Sin pertenecer a ninguna de las dos fracciones durante la emigración, el autor subestimaba el hecho cardinal de que en las divergencias de opiniones entre los bolcheviques y los mencheviques figuraban, de hecho, un grupo de revolucionarios inflexibles por un lado, y por el otro una agrupación de elementos cada vez más disgregados por el oportunismo y la falta de principios” (2).

Estas contradicciones se manifestaron claramente durante 1905. Luego de la escisión de 1903, los bolcheviques organizaron en Londres su propio congreso, conocido como Tercer Congreso del POSDR, en abril y mayo de 1905.
Sin embargo, en Rusia el movimiento de los militantes y comités bolcheviques y mencheviques tendió a la unidad.
Lenin escribió al respecto hacia fines de 1905: “Las disputas anteriores del período prerrevolucionario fueron reemplazadas por la solidaridad en las cuestiones prácticas” (3). Más aún, la conferencia bolchevique de Tammerfors (Finlandia) de diciembre de 1905, aprobó la conformación de un Comité Central unitario de las dos fracciones para organizar un congreso conjunto. El congreso tuvo lugar en Estocolmo en abril de 1906. La unidad se mantuvo muy conflictivamente entre 1906 y 1911.

El primer impulso que provocó la revolución de 1905 fue hacia la unidad de las dos fracciones del partido, a pesar de sus divergencias políticas y organizativas. Cabe recordar que muchos militantes mencheviques fueron más activos que los bolcheviques en los soviets. Comités bolcheviques que desconfían de los soviets y exigen que la nueva organización reconozca el rol dirigente del partido.

En 1917, este movimiento hacia la unidad de bolcheviques y mencheviques y de desconocimiento del rol de los soviets se reprodujo en círculos dirigentes del bolchevismo. Pero el laboratorio de 1905 no había pasado en vano. Lenin produjo las Tesis de Abril, que reorientaron y reorganizaron la actividad del partido, por la revolución proletaria, por todo el poder a los soviets, por una mayoría bolchevique en los soviets. En agosto de 1917, Trotsky fue elegido al Comité Central del Partido Bolchevique.
 
Notas
León Trotsky, Writings (1939-40), Pathfinder Press, Nueva York, 1969.
León Trotsky, 1905: resultados y perspectivas, Ruedo Ibérico, Madrid, 1971.
E.H. Carr, La Revolución Bolchevique (1917-1923), Alianza, Madrid, 1985.
 
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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