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domingo, 2 de julio de 2017

Lenin y la cuestión del Estado

29 de junio de 2017 | #Prensa Obrera 1464 | Por Andrés Roldán


"Si me matan, publiquen este cuadernito sobre el marxismo y el Estado”

Cuenta J.J. Marie que el 9 de agosto, partiendo hacia un exilio forzoso en Finlandia, que culminaría en las vísperas de la Revolución de Octubre, Lenin, con la incertidumbre de qué pasaría con su vida al día siguiente, entregó un pequeño cuaderno azul a uno de sus compañeros con esa orden: “Si me matan, le pido que publiquen este cuadernito sobre el marxismo y el Estado”.

Sin embargo, los conceptos de El Estado y la Revolución -a ese texto nos referimos (que en las "Obras Completas" aparece escrito “entre agosto y septiembre de 1917”)- son los que Lenin adelanta, en forma concentrada y como plan de acción en las Tesis de Abril.

Es más, en su discurso ante el Congreso de los Soviets, en las vísperas de la enorme movilización del 18 de junio, por primera vez dominada por las consignas bolcheviques -Abajo la Duma zarista, abajo los diez ministros capitalistas (del Gobierno Provisional), Todo el poder al Soviet-, Lenin interrogará a los delegados: ¿pero es que hay algún país de Europa, pregunto yo, algún país burgués, democrático, republicano, en el cual exista algo parecido a los soviets? Necesariamente tendréis que contestar que no... En ningún país existe ni podría existir una institución semejante, pues sólo cabe: o un gobierno burgués con esos ‘planes' de reforma que aquí se esbozan y han sido propuestos decenas de veces en todos los países, quedando siempre en el papel, o esa institución que ahora se invoca, ese 'gobierno' de nuevo tipo que ha creado la revolución y del que sólo hay ejemplos en la historia de los más grandes ascensos revolucionarios, como en Francia en 1792 y 1871 (La Comuna) y en Rusia en 1905”.

Habitualmente se destaca en las Tesis de Abril de Lenin la cuestión de su posición frente a la revolución democrática y su mecánica de clases -es decir el rol del proletariado como líder de la revolución y la necesidad de una segunda revolución que coloque en el poder al proletariado instaurando la dictadura del proletariado. Pero no se tiene en cuenta en la mayoría de los casos cómo llegó Lenin a esas conclusiones y muchas veces se las considera como un resultado (agudo por cierto) de su apreciación de la mecánica con la que se desenvolvió la revolución de febrero.

Un nuevo tipo de Estado

Pero esto es sólo una parte de la historia. La calificación de los soviets como un nuevo “tipo de Estado” y su oposición frontal con la “república democrática parlamentaria”, que aparecía como la máxima aspiración de los socialistas conciliadores (mencheviques y socialistas revolucionarios), no fue una improvisación ni el resultado exclusivo de una apreciación de los resultados contradictorios y “paradójicos” de la Revolución de Febrero. Además de eso, fue el resultado de una intensa investigación llevada a cabo por Lenin en su exilio suizo durante los meses de enero y febrero de ese año 1917.

Esta investigación, plasmada en aquel “cuadernito azul”, fue en respuesta, en cierta medida, al impulso que le produjeron dos trabajos de Nicolai Bujarin, de 1915 y 1916, sobre los cambios que experimentaba el Estado bajo el imperialismo. Estos trabajos contenían una fuerte crítica a las posiciones de Karl Kautsky, líder teórico de la socialdemocracia alemana, que había mantenido una polémica unos años antes (1912) con el dirigente del ala izquierda de ese partido, Anton Pannekoek, justamente sobre la actitud frente al Estado.

Pannekoek sostenía “que el socialismo no podía emerger de la obtención gradual de una mayoría parlamentaria, sino de la creciente erosión del Estado burgués y de la simultánea creación de un contraestado proletario a través de la acción de masas” y tomaba como ejemplo la experiencia de los soviets en la revolución rusa de 1905.

Kautsky le respondió que “el objetivo de nuestra lucha política sigue siendo el mismo: conquistar el poder estatal ganando una mayoría parlamentaria y convertir al Parlamento en el centro del gobierno. Y no destruir el poder estatal”.

Bujarin adoptó una postura crítica frente a la de Kautsky y mucho más cercana a la de Pannekoek. Analizando los cambios operados en el Estado bajo el imperialismo, lo denunciaba como la “organización de hierro que aprisiona el cuerpo vital de la sociedad” y concluía que la tarea de los revolucionarios, ante un Estado que había cobrado esas características, era “destruir la organización estatal de la burguesía”.

Lenin inicialmente criticó la posición de Bujarin como semia-narquista y le recomendó, en una carta de agosto-septiembre de 1916, que dejara “madurar” sus ideas sobre el punto.

Pero el que realmente se puso a “madurar” sus ideas sobre la polémica en relación al Estado fue el propio Lenin, en esos cruciales meses de enero y febrero de 1917. Se concentró en la biblioteca de Zurich, donde vivía, para investigar exhaustivamente los textos de Marx y Engels sobre la cuestión del Estado, llegando a conclusiones que aunque no eran idénticas a las de Bujarin, lo apartaron decisivamente de la posición de Kautsky y de la mayoría de la socialdemocracia alemana (y mundial), y lo colocaron claramente en el camino que va a sintetizar en las Tesis de Abril. La conclusión fundamental a la que llegó es que mientras Marx y Engels llamaban a la “destrucción” y “demolición” del aparato estatal burgués, los oportunistas y los kautskistas “lo ignoraron sistemáticamente”.

Fue más allá de lo que Bujarin y la izquierda alemana habían planteado al llamar a “identificar a los soviets creados en la revolución de 1905 como la nueva forma de Estado que el proletariado debería introducir”, soviets que consideró “estructuralmente afines a la Comuna (de París de 1871)”. Lo sintetizó a su modo: “reemplazar la vieja máquina estatal y los Parlamentos por soviets de diputados obreros y sus delegados. ¡Esta es la verdadera esencia del asunto!”.

Imperialismo y el nuevo tipo de Estado

Volvamos de nuevo. Aunque El Estado y la Revolución fue finalmente escrito por Lenin durante su retiro clandestino de julio-octubre (y será publicado recién en enero de 1918) lo hizo a partir del “cuaderno azul”, donde ya estaban plasmadas las ideas principales que son, además, fácilmente reconocibles en las Tesis de Abril.

Para entender las conclusiones de este texto fundamental, debemos tener en cuenta los dos desarrollos sucesivos y complementarios que Lenin fue desarrollando durante el transcurso de la guerra.
El primero fue su caracterización del imperialismo, íntimamente asociada a su postura frente a la guerra mundial y a la bancarrota de la II Internacional, al alinearse detrás de las burguesías imperialistas. El segundo fue el cambio y ajuste de su postura sobre la actitud de los revolucionarios ante el Estado, piedra de toque que va a diferenciar de allí en adelante a los revolucionarios de los socialistas conciliadores. La ruptura de Lenin con Kautsky, ya era evidente en el primer punto (la actitud ante la guerra), al punto que Lenin denunciaba a la derecha de la Conferencia de Zimmerwald por su actitud conciliadora hacia el centro liderado por Kautsky. Pero si tenemos en cuenta sus conclusiones de los primeros meses de 1917 y el “cuaderno azul”, las diferencias con Kautsky frente a la cuestión del Estado se vuelven irreversibles. Un año después, en 1918, escribirá su célebre folleto contra “el renegado Kautsky”.

Sobre la caracterización de los soviets como un nuevo tipo de Estado (tipo Comuna), es llamativo comprobar que Lenin llegó a esa conclusión tomando en cuenta la experiencia de 1905 y antes de que se produjera la Revolución de Febrero. No fueron los soviets de 1917 los que lo llevaron a formular esa caracterización. De allí que podamos afirmar que esa comprensión por parte de Lenin del significado de los soviets lo llevó a anticipar (a su manera) el rol de los soviets en 1917 (más allá de sus vaivenes en el curso de la revolución).

La contraposición que formula Lenin entre un Estado tipo Comuna de París, basado en los soviets y la república democrática, tal cual está formulada en las Tesis de Abril, va a ser material de la propaganda bolchevique durante los meses siguientes. Un primer elemento sobre el que Lenin insiste es la capacidad de renovación interna de los soviets, cuya composición, de hecho, cambiará notoriamente entre febrero y octubre. Otra de las características de este Estado nuevo es el reemplazo de una fuerza armada especial por el armamento del pueblo. La milicia obrera no sólo impedía el retorno de la policía y el ejército del zar, sino que debía “conjugar funciones militares con funciones generales del Estado y con el control de la producción social y la distribución”. Sostendrá: “No a una república parlamentaria -volver a ella desde los soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás, sino una república de los soviets. en todo el país, de abajo arriba. Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia”. Lenin denunciará que la consigna “el poder a los soviets” es frecuentemente mal entendida, como “un ministerio formado con los partidos mayoritarios de los soviets”, siendo que esto es sólo un cambio de personas en todo el viejo aparato del poder gubernamental. “El poder a los soviets” significa la eliminación de ese aparato y “su reemplazo por otro nuevo, popular -o sea auténticamente democrático, el de los soviets, que implica una mayoría organizada y armada del pueblo”.

Fuentes
J.J. Marie: Lenin, Ediciones POSI, Madrid, 2008.
Christian Rath: "Las elecciones municipales de mayo y junio de 1917", Prensa Obrera N° 1.462.
Lenin: Obras Completas, T. XXIV y XXV, Editorial Cartago, 1958.
Lucas Poy: "Cuándo y por qué Lenin escribió 'El Estado y la Revolución'", en Un mundo maravilloso, Editorial Biblos, 2009.
 

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