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martes, 17 de septiembre de 2013

Canje, canje y más canje


Por Francisco J. Cantamutto. 

Otra reapertura del canje de bonos en default fue aprobada en el Congreso. Desde 2005 la política oficial se anuncia como de “desendeudamiento”: Argentina no deja de pagar. El camino de la cesación de pagos al “pagador serial”.

El problema de la deuda está lejos de resolverse. Los festejos de un supuesto desendeudamiento son difíciles de conciliar con la realidad palmaria de la política nacional: por tercera ocasión, se reeditan las condiciones del canje de 2005.

¿Cuál es el derrotero reciente de la deuda?

La deuda externa argentina, que creció sistemáticamente desde la dictadura, explotó a fines de los noventa, en un contexto de crisis nacional e internacional. La sucesión de estallidos económico-sociales de las entonces “estrellas” del crecimiento (los países del sudeste Asiático y Rusia) elevó el costo de financiamiento, provocando la salida de los capitales de la periferia. Argentina se vio afectada por este aumento de la prima de riesgo -el famoso riesgo país- y la recesión en Brasil. La respuesta, en lugar de impulsar la demanda agregada, fue el ajuste: echar nafta al fuego de la movilización popular.

En ese contexto, el gobierno de De la Rúa completa 3 negociaciones de la deuda pública. En diciembre de 2000 se cierra el Blindaje financiero, que comprometió fondos de organismos y de los países del Club de París. En junio de 2001 llegaría el Megacanje, una operación que roza lo faccioso, pues los mismos tenedores de bonos operaron como colocadores, y la deuda canjeada creció unos US$40.000 millones. En noviembre de ese año se realiza el canje de deuda en manos de tenedores locales a cambio de bonos garantizados por la recaudación fiscal: ¡Cavallo había hipotecado hasta lo que aún no existía, los impuestos por venir! Cerrado este canje, el FMI niega su aprobación y el país se queda sin acceso a fondos externos.

Es en ese momento cuando el Grupo Productivo demanda públicamente cesar los pagos de deuda para renegociar. Así, la declaración de Rodríguez Saá no fue más que blanquear un hecho ya acontecido, y bajo los términos de la gran burguesía. Nada de soberano ahí.

Duhalde comenzó de inmediato a gestionar la renegociación de la deuda en default, sin dejar de pagar a los organismos internacionales. Ésta fue la misma estrategia seguida por Kirchner: pagar a los organismos y a la deuda canjeada antes del default. El problema era negociar con los acreedores restantes.

La oferta llegaría en Dubai, incluyendo la famosa quita -que no fue del 75% como se promocionó; apenas si afectó al 35% de la deuda total- y la promesa de bonos atados al crecimiento del PBI. Tras algunos ajustes, ese sería el canje completado en 2005.
Fueron clave para el éxito del mismo el ingreso de las AFJP -que tenían un quinto de los bonos elegibles-, la baja en las tasas de interés internacionales, y la aprobación de la llamada “ley cerrojo” (n° 26.017). Esta impedía la reapertura del canje: quienes no entraran en esta oferta, se quedarían con papeles sin valor. Debe aclararse que tanto el FMI como el gobierno de Bush fueron fervientes defensores de este canje, porque: 1) volvía a cerrar las puertas a una auditoría; 2) no cambiaba la jurisdicción de aplicación; 3) prometía grandes rendimientos; y 4) emulaba el formato de acción de una convocatoria de acreedores privada. Así tres cuartas partes de los bonos entraron al canje.

De esta forma volverían a crecer los pagos de intereses y capital de la deuda, tal como ocurría en los noventa.

Sin embargo, los fondos no ingresaron a Argentina, que se volvía así un pagador en regla sin recibir ningún beneficio. Gran parte de los bonos que no entraron al canje, supuestamente ya perimidos, fueron comprados por tres de los más grandes bancos del mundo (Barclays, Citigroup y Deutsche Bank) a cerca del 20% de su valor nominal.

En 2008, esos bancos acercarían a Cristina Fernández una propuesta de reapertura de canje bajo la promesa de fondos frescos. La presidenta, entusiasmada, anunció esta intención y la de pagar al Club de París. Mientras que esta última promesa jamás se cumpliría por desacuerdos en los montos, la primera sí lo haría: en abril de 2010 el Congreso se desdice derogando la ley cerrojo, y permitiendo el ingreso de esos grandes bancos. No se trató de un nuevo canje, sino de la reapertura del antiguo canje de 2005, bajo condiciones semejantes, que permitieron a los acreedores litigiosos obtener los mismos derechos que aquellos que ingresaron al canje en el momento original: sin tomar el riesgo, aceptaron una propuesta vieja, y obtuvieron pagos en efectivo. No hubo pequeños bonistas aquí: fue un negocio a la medida de grandes especuladores.

Un escaso 7% de los bonos originales en default quedó sin ingresar, pero ya sin incentivos para hacerlo: el gobierno nacional había mostrado que no tenía inconvenientes en cambiar la legislación a la medida de los acreedores.

Grandes fondos buitres compraron a precio vil esos bonos y se encargaron de demandar a Argentina en todos los tribunales extranjeros que pudieron. El embargo de la fragata Libertad en Ghana fue un episodio asociado. Finalmente, consiguieron los fallos favorables del juez neoyorkino Thomas Griesa, obligando a Argentina a pagar el valor nominal más intereses caídos. El gobierno, que esperaba por un fallo a su favor a la vista de cierta racionalidad agregada (se jugaba la posibilidad futura de cualquier canje), se quedó expectante. Pero la reacción no se hizo esperar: la semana pasada, y haciendo gala de su propia trayectoria, nuevamente se reabrió el canje de 2005. De esta manera, los fondos buitres pueden esperar por cobrar el 100% o cobrar ahora mismo la jugosa oferta de 2005. Habiendo comprado los bonos a precio de remate, incluso la oferta de 2005 es un negocio millonario.

Argentina ha pagado US$173.000 millones desde 2003. Sin embargo, la deuda pasó de US$145.000 millones en 2001 a US$197.500 millones en 2012. Canjes y pagos, sin dudas, ¿y el desendeudamiento?

Fuente: Marcha

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