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jueves, 5 de septiembre de 2013

La batalla geopolítica por el petróleo y el gas


La batalla geopolítica por el petróleo y el gasPor Pablo Gandolfo. 



La guerra contra Siria es un capítulo más de la batalla geo-energética que se libra en Medio Oriente y el Cáucaso, pero que se extiende más allá, desde el Norte de África hasta Asia Central. Unidos por ese hilo conductor se encuentran hechos que en los medios de comunicación aparecen como sucesos aislados, y no como piezas de un mismo rompecabezas.

A esa trama pertenecen los atentados del 11 de septiembre de 2011, el terrorismo en el Cáucaso Norte, las invasiones a Irak y Afganistán, la guerra entre Georgia y Rusia, la mal denominada “primavera árabe”, sus hermanas las precedentes “revoluciones de colores” en países integrantes de la ex URSS, los acuerdos energéticos de Rusia con China y Alemania, el asedio a Irán, y una larga lista imposible de enumerar.

El jugador principal es Estados Unidos, y sus contendientes son China y Rusia (que es al mismo tiempo partícipe y parte del territorio donde se libra la batalla). La Unión Europea interviene, pero no de manera unívoca sino atravesada por una trama de contradicciones y acuerdos entre sus componentes principales (Alemania, Francia y Gran Bretaña). Otros actores importantes son Irán e India. Con papeles menos relevantes -de manera subordinada a o semi-solapada con los actores principales- también intervienen Turquía, Qatar, Siria y Arabia Saudita.
Un caso particular es el de Japón, que a pesar de ser una potencia y tener una gran dependencia hacia el abastecimiento hidrocarburífero de la región, no proyecta una línea de intervención a la altura de sus posibilidades (producto de sus relaciones con Estados Unidos).
El factor clave de la situación siria no es la aspiración democrática de una parte de la población que se declara en rebeldía contra una dictadura. Eso existe en franjas de la población, pero en ningún caso cuentan con fuerza suficiente para desarrollar una guerra civil.

Por el contrario, el factor clave es la desestabilización interna mediante decenas de miles de mercenarios armados, entrenados y pagados por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Qatar, Turquía y, se prepara para el relevo, Arabia Saudita. Por eso no se trata de una guerra civil, sino de una agresión externa.

El objetivo geopolítico inmediato y urgente de Estados Unidos en Siria es evitar las peores consecuencias de la derrota en Irak. La desestabilización de Siria comenzó al mismo tiempo que se negociaba un proyecto que cristalizaba ese resultado. Irán, Siria e Irak firmaron en julio de 2012 un acuerdo para la construcción de un gasoducto que comenzaría en el campo gasero de South Pars en Irán y desembocaría en la costa siria del mediterráneo. No se trata apenas de un proyecto más de infraestructura. En medio de una guerra geoenergética, la afrenta ocurría en el campo de batalla principal. Y el país contra el que se desarrolló la invasión aparecía firmando un acuerdo de proyección estratégica con dos enemigos de Estados Unidos en la región. Hay más, la salida del gasoducto sería por el puerto de Tartus, donde Rusia cuenta con una base para su flota en el Mediterráneo.

Así también se explica el activo papel de Qatar y Turquía. Qatar, tercera reserva de gas del mundo detrás de Irán, tiene en carpeta un proyecto alternativo de gasoducto, con origen en ese país, salida al mediterráneo por Turquía y apoyo de Washington. Por su parte Turquía, carente de recursos hidrocarburíferos, pretende incrementar su valía geoestratégica, siendo territorio de paso obligado para los hidrocarburos de Medio Oriente y el Caspio.

Una disputa similar entre gasoductos rivales se lleva adelante desde hace una década entre la el proyecto Nabucco, apadrinado por trasnacionales de los hidrocarburos (por territorio turco), y South Stream (por debajo del mar negro para evitar Turquía), proyecto ruso, a través de Gazprom, destinado a abastecer el sur de Europa. Este gasoducto complementa a Nord Stream, gasoducto que ya se encuentra operando y que une Rusia con Alemania.

Por estos motivos, Turquía y Qatar son los padrinos más activos de los mercenarios que actúan en Siria. En el momento en que se desarrolla la acusación sobre el uso de armas químicas, vaya casualidad, el proyecto de gasoducto Irán-Irak-Siria retomaba nuevo impulso.

Hay otros motivos que hicieron conveniente, desde la mirada estadounidense, la desestabilización siria: es uno de los principales socios de Irán, el principal apoyo de Hezbollah en Líbano y de la resistencia palestina. Es también un ejemplo exitoso de régimen laico que permite la convivencia de etnias y corrientes religiosas en paz. Para completar el cuadro, en los últimos años se descubrieron importantes yacimientos de gas… en la costa oriental del mediterráneo (Líbano e Israel, pero se presume que se extenderá a Siria y Egipto). ¡Bingo!

Balcanizar mediante una miríada de guerras étnicas y religiosas parece ser el único plan coherente y de aplicación sistemática que Estados Unidos tiene, no para Siria, sino para toda la región.

Fuente : Marcha

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