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lunes, 10 de febrero de 2014

El deslizamiento Kirchnerista a la derecha hace que hasta Horowicz termine validando a Scioli


La crisis del dólar y la política nacional

Por: Alejandro Horowicz

Diagnosticar una crisis, determinar sus motivos, constituye un asunto políticamente relevante. Cristina Fernández hizo su lectura: recordó a los empresarios que el modelo les garantiza la ganancia porque tienen asegurada la demanda. "En vez de fugar al exterior divisas, que las inviertan en su país", pidió en su reaparición pública, e insistió en la necesidad de construir una burguesía "con conciencia nacional". 

Pero si en estos años aumentó la extranjerizacion de la economía a que se referiría Cristina con invertiorlasen su pais , seria invertirlas en España p invertirlas en Brasil ? Ademas parece no haber reconocido ni siquiera el fracaso de meter empresarios amigos como Esquenazi sin poiner un centavo para seguir vaciando las reservas nacionales de gas y petroleo , esa es la burguesia nacional parasitaria que puede existir en estas pampas

Contar con una "burguesía nacional" fue la idea fuerza de los programas peronistas clásicos, salvo cuando los trabajadores hacían política. El segundo peronismo produjo las propuestas de Huerta Grande y La Falda, programas donde el Estado y el movimiento obrero sustituían esa fantasmática burguesía. El tercer peronismo, José Ber Gelbard, aportó un programa nacional de la burguesía; fracaso primero, para terminar destrozado después por María Estela Martínez de Perón. El fatídico '75 parió un nuevo programa del bloque de clases dominantes, el cuarto peronismo. El ingeniero Celestino Rodrigo, en público, y José Alfredo Martínez de Hoz y sus amigos, en privado, implementaron la nueva visión. No se trató de una perspectiva de circunstancias. Desde esa lejana fecha hasta el estallido de 2001 tanto la economía como la política argentina se la pasaron sin ninguna burguesía patriota. Más bien los términos resultaron inequívocamente antitéticos.

Los cambios del mercado mundial liquidaron tan académico debate. En la Europa de los 27 nadie conoce a la burguesía europea; en China la burguesía no hace política, y una aceitada bancocracia global pone en entredicho el maridaje entre capitalismo y democracia política. Al menos, en Europa. Entonces, se vote lo que se vote, casi los mismos funcionarios hacen lo mismo en la Eurozona, sin que la crisis dé muestras de amainar. El dólar se vio espectacularmente reinstalado como valor de referencia, y el euro corre el riesgo de morir de muerte natural. Mientras tanto, esas economías aletargadas se hunden irremediablemente, sin que nadie políticamente relevante atine a nada.

Y ahora los ramalazos de esa crisis terminan por llegar hasta nuestras costas. Una sensación termina por imponerse: el país está parado en el mismo lugar. Una idea patética cuaja: no hay destino colectivo. Desde ese abordaje la moneda estadounidense, adquirirla constituye la última salvaguarda, la autodefensa de los castigados hijos de doña Rosa. Mentalidad semicolonial, gritan los críticos culturales del gobierno K; es el capitalismo, idiota, sostienen los izquierdistas canónicos. Propongo otra cosa: observar la crisis acá. Entender cómo se manifiesta. 

Más allá de la ultimísima paridad cambiaria, las reservas del Banco Central prosiguen su marcha descendente. El viernes 31 de enero, el BCRA contabilizó 27.742 millones de dólares, que termina siendo la cifra menor del quinquenio 2008-2013, y si este monto se compara con el pico alcanzado en mayo de 2011, la caída asciende a 24.318 millones de dólares.


No siempre fue así. Entre enero de 2003 y mayo de 2011 las reservas no cesaron de expandirse hasta alcanzar los 52 mil millones de dólares, y entonces el mercado global ya funcionaba como una aspiradora monetaria. El excedente aun alcanzaba, pero el incremento de las reservas se detuvo por las crecientes importaciones de combustible. El superávit de la balanza comercial terminó siendo devorado por las compras de energía. 

 La falta de suficiente producción interna de petróleo, en virtud de una inadecuada política de inversiones, terminó siendo responsable de la incapacidad de sostener una economía que avanzaba a tasa china.
 Repsol no hizo las inversiones requeridas para sostener el crecimiento de la demanda, y ante la extrema pasividad de las autoridades, la posterior recuperación de la actividad extractiva –vía nacionalización de YPF– no guardó adecuada relación con las necesidades de la industria y los consumidores particulares; esta imprevisión, la creciente necesidad de importar, se hizo sentir con mucha antelación y produjo una reversión de la tendencia a acumular reservas líquidas, dando paso a una sangría permanente de divisas. Por eso, el stock de dólares del BCRA terminó registrando una caída superior al 46%, en el transcurso de 33 meses.

Y el pago de la deuda ilegitima y candela ?

Vale la pena observar con cierto detenimiento la marcha del descenso. Durante 2012 las reservas se mantuvieron en torno de los 43 mil millones de dólares, para derrumbarse en diciembre de 2013 hasta los 30.599. La política del BCRA tuvo por objetivo implícito, en el lapso consignado, controlar la paridad cambiaria, evitar una devaluación del peso frente al dólar, y el costo de esa política monetaria –sumado al incremento de la importación de combustibles– se tradujo en caída neta de reservas. Existe, más allá de los tecnicismos, una correlación directa entre paridad cambiaria y la distribución del ingreso nacional. Basta mirar la historia de las devaluaciones para comprobar su efecto desolador sobre el ingreso popular. Los precios de los bienes transables, bienes que se realizan en el mercado global, se alinean con la nueva paridad cambiaria, arrastrando a los demás, mientras los ingresos de los asalariados se incrementan en menor proporción. Con criolla ironía el general Perón daba cuenta de ese comportamiento: "Los precios suben por el ascensor, los salarios por la escalera." Ese es precisamente el ajuste, una redistribución regresiva del ingreso popular, dado que el sector empresarial no está dispuesto a reducir su tasa de ganancia en dólares, por muchas invocaciones que se les haga reclamando consciencia nacional.

Durante 29 meses, el gobierno se resistió al ajuste, pagando la paridad cambiaria con reservas, y está claro que ya no puede sostener el mismo comportamiento. Ese y no otro es el motivo de la reciente devaluación. Basta recordar que la última vez que el BCRA perdió un monto equivalente, alrededor de 20 mil millones de dólares, fue durante la convertibilidad. Esto es, cuando en defensa del 1 a 1 permitió que los bancos saquearan las reservas, que llevaron al default y a la crisis de 2001.

Con un agregado decisivo, la convertibilidad actuaba como un chaleco de plomo, ya que al trabar las exportaciones, terminó arrojando una balanza comercial negativa para todo ese período. Sólo el ingreso irrestricto de capitales –mediante el endeudamiento permanente– permitió la sobrevida del elemental sistema monetario diseñado bajo la responsabilidad de Domingo Cavallo y Carlos Saúl Menem. En cambio, cuando se computan las exportaciones del lapso 2003-2013 se comprueba que trepan hasta los 649.310 millones de dólares, mientras las importaciones totalizan 513.714 millones; de modo que el saldo de la balanza comercial arroja un superávit de 135.596 millones de dólares. Y aun así las reservas del BCRA no totalizan 28 mil millones de dólares. Esto es, apenas algo más del 20 por ciento de una balanza comercial única. Es que la fuga de capitales es un dato constante, estructural. Conviene hablar claro. De ninguna manera esta situación es homologable a la de 2001. El Banco Central puede defender las reservas si acepta que el mercado fije la paridad cambiaria. No tiene capacidad de actuar en ambas direcciones. Y en ese punto, las variables macroeconómicas se cruzan con las políticas. El bloque de clases dominantes no está interesado en conservar el "modelo K". Y esta preferencia coincide con el comportamiento del sistema político, que no muestra ninguna aptitud para sostenerlo a futuro. ¡Acompaña el PJ el modelo K! Es razonable esperar que el próximo presidente surja de la interna del PJ. Sergio Massa no se arrimará a Mauricio Macri, ambos se observan como enemigos. Y si se neutralizan mutuamente, cubrir ese vacío será tarea pejotista. Por eso, Daniel Scioli tiene una chance cierta. La pregunta es: ¿actuará como heredero del intento K, o volveremos al programa del '75? Veremos. Si el gobernador lograra la presidencia terminará quebrando una maldición implícita de la historia nacional: impedir que el jefe del Ejecutivo bonaerense arribara a la poltrona de Rivadavia. 

Fuente:Tiempo Argentino 

1 comentario:

Roberto dijo...

Buen analisis, dejando de lado que omite el monto pagado en el periodo en concepto de deuda externa.

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Politica Obrera

Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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