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lunes, 30 de septiembre de 2013

Pedradas contra la política



Por Ulises Bosia.

Mientras los distintos partidos políticos se preparan para la campaña electoral, Cristina confirma un cambio de su política comunicacional y la agenda de la semana puso en primera plana el repudio a la violencia.


La semana pasada, en esta misma columna de los lunes, se lanzó la hipótesis de que tras la derrota de las PASO el gobierno nacional había decidido cambiar su estrategia comunicacional, es decir, hacer un “giro mediático”. Con el anuncio y la posterior transmisión de un nuevo capítulo del programa “Desde otro lugar”, esta vez con Jorge Rial preguntando, esa hipótesis se ve fortalecida.  

¿A que temperatura hierven los fideos y quien se baña primero . quien maneja el control remoto y que dentifrico usa para lavarse los dientes ?  Ese es el reportaje que presenta la Presidente argentina buscando a toda cosa no hablar de la realidad sino de su vida familiar para la novelita de la tarde con la Canosa
Tampoco es la primera vez que tras un revés electoral el kirchnerismo pone la mira en el problema de la comunicación. En realidad, cuando el propio ex presidente Néstor Kirchner -acompañado de Scioli y Massa- perdió las elecciones legislativas del año 2009 en la provincia de Buenos Aires, también su balance público fue que había un problema de comunicación.

A diferencia de la entrevista conducida por Hernán Brienza, en este caso la figura de Rial fue determinante para que se generara una mayor expectativa en el programa, lo que fue convalidado por las mediciones de audiencia. Ello expone, por un lado, las limitaciones claras del dispositivo oficialista de comunicación, del que Brienza forma parte.

Es evidente que el conjunto de medios públicos y privados afines al kirchnerismo -Canal 7, Radio Nacional, C5N, CN23, Tiempo Argentino y Página/12, entre otros- tienen un alcance limitado en términos de pluralidad de su audiencia, lo que en este contexto político representa una traba grande para la política oficialista.

Y por otro lado, la expectativa mayor para esta segunda entrevista tuvo que ver con una mayor apuesta del kirchnerismo, que eligió a un periodista que manifestó recientemente que apoyaba a Sergio Massa en las elecciones. A diferencia de la semana pasada, Rial sí eligió poner en aprietos a la presidenta con sus preguntas, elevando el interés por la entrevista, aunque tampoco se trata de un periodista enrolado en la beligerancia antikirchnerista.

Y no es menor tampoco que se trate de una figura surgida del mundo del chisme y el espectáculo, de muchísima llegada popular. Esto coincide con la voluntad de la presidenta de mostrarse “desde otro lugar”, de manera más “humanizada”, algo visible en el rumbo de sus respuestas, en las que frecuentemente hizo referencia a anécdotas políticas y familiares.   En algun momento me dio la impresion de que ella ve la realidad leyendo los diarios a los que luego acusa por sus propios errores e incompetencias como figura política , se ve a cada paso que la muerte de Nestor le quito gran parte del apoyo tecnico-politico como para poder gobernar a partir de un liderazgo en el PJ que se pierde en 2010 y se ve ahora en la interna del PJ por encontrar el nuevo caudillaje
El tabú de la violencia
Otro elemento de la semana política tiene que ver con la violencia política, a partir del episodio anecdótico en el que una caravana del Frente Renovador recibió pedradas a su paso por La Matanza.
Yendo al grano, es evidente que la violencia política llegó a ser hoy una mala palabra, prácticamente un tabú de nuestra democracia. A casi treinta años del final de la Dictadura, es relevante un breve repaso a vuelo de pájaro de un recorrido repleto de episodios violentos: desde alzamientos militares hasta sangrientas represiones policiales, pasando por la aplicación dura de las políticas neoliberales y el desamparo del Estado hacia los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.

Y por supuesto no se trata de algo que haya quedado en el pasado: el gatillo fácil, la desaparición de personas y el asesinato de militantes populares tienen nombres y apellidos imposibles de separar de la década kirchnerista como Julio López, Luciano Arruga, Marita Verón o Mariano Ferreyra.

Ante todos estos hechos, el repudio de la violencia forma parte de una reacción ética y política imprescindible, acompañada por la exigencia de justicia. Que esta actitud tenga tanto consenso sin duda tiene que ver con la experiencia de los organismos de derechos humanos y particularmente con el ejemplo de las madres de Plaza de Mayo.

Sin embargo, al mismo tiempo, el tratamiento mediático de este tema encierra una trampa desde el punto de vista de la transformación social. Promueve el descrédito de la práctica política, o bien asociándola directamente con la violencia o bien generando una imagen inmaculada que nada tiene que ver con su efectiva realización concreta, ni con la de ninguna otra actividad en nuestra sociedad.

Esta segunda argumentación forma parte del bagaje discursivo de los sectores de la nueva derecha, que hacen política sobre la base del descrédito de la política. Son los que siempre evitan las definiciones ideológicas y en verdad las esconden detrás de la propaganda de una presunta buena gestión y de la “cercanía con la gente”. No son pocas las contradicciones que uno encuentra en ellos. Es muy poco creíble escuchar por ejemplo a Mauricio Macri condenando la violencia después de haber visto el desalojo policial de los terrenos del Borda.

Por otro lado, cualquier hecho de violencia pasa a ser equiparado, perdiendo totalmente las proporciones y el sentido. Parece ser lo mismo el asesinato de un militante del movimiento campesino como Cristian Ferreyra por parte de sicarios del poder terrateniente sojero que las pedradas a la caravana de Massa producto de un conflicto entre bandas opuestas del aparato punteril del PJ.

Las desigualdades estructurales de nuestra sociedad y la existencia de intereses sociales antagónicos y de privilegios patriarcales muy marcados, son invisibilizadas mediante este repudio genérico que impide profundizar una comprensión del origen de la violencia.

Y por otro lado, aunque sea políticamente incorrecto, es necesario recordar que la historia de lucha del movimiento popular argentino destroza rápidamente cualquier ingenuidad referente a la posibilidad de alcanzar una patria justa e igualitaria de manera pacífica y sin conflictos sociales. Al contrario, siempre que los intereses de la clase dominante fueron afectados, la violencia se descargó duramente sobre el movimiento popular.

En este último sentido, vale la pena preguntarse si el horizonte de la democracia liberal construida tras la Dictadura coincide con las posibilidades de un proyecto auténtico de cambio social.

Fuente : Marcha

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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