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martes, 13 de mayo de 2014

La estatización de las Madres: el precio de la parálisis

hebe
Por: Brian Majlin  (@bniljam)

Cuando a fines de 2013 el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Julio Alak, presentó la intención del kirchnerismo de estatizar la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo, puso en evidencia —blanqueó— el intento de efectivizar una estatización virtual que se efectuó por años a través de subsidios, negociados y corruptela en planes de vivienda. En suma, la legalización de la cooptación política —a través de la tutela económica— que sumió a las Madres de Plaza de Mayo en la podredumbre.

En la última semana, el kirchnerismo intentó emitir dictamen del proyecto en el Senado, pero encontró resistencia de la oposición por el dudoso financiamiento de las operaciones que investiga la Justicia y por los 200 millones de pesos que adeuda la Fundación. Pero esa oposición, que nada tiene para decir respecto de la cooptación política que supone la intromisión del Estado en los organismos de DDHH, solo puso el ojo en la corrupción, olvidando un detalle: bajo el manto de la asistencia económica aparece la sumisión ideológica.

Veamos:

En aquél tórrido diciembre de 2013, desde el mismo escenario en que estaba Alak, la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y rectora honoraria de la Universidad, Hebe de Bonafini, sonrió y agradeció.

-Es un premio al esfuerzo –dijo, sin caer en la cuenta de que abría la pregunta: ¿a qué esfuerzo se refiere?

Apenas unas semanas antes, en su revista –”Ni un paso atrás”— Bonafini había entrevistado al jefe del Ejército, teniente general César Milani, brindado un esforzado apoyo al gobierno kirchnerista, ante las críticas por el nombramiento y sostenimiento de un general investigado por la tortura y el genocidio que perpetró la última dictadura cívico militar en la Argentina.

La foto, el abrazo de Bonafini y Milani, fue un cimbronazo para aquellos que aún guardaban esperanzas en que las Madres de Plaza de Mayo revirtieran la pésima imagen que quedara por la malversación de más de 1000 millones de pesos estatales para viviendas a través del programa Sueños Compartidos, que acabó en la mediática pelea entre Hebe y los Schoklender.

Pocos días después, Raquel Angel y Alberto Giulis, dos docentes de la Universidad de las Madres que llevaban 14 años al frente de una cátedra de perspectiva marxista, anunciaron que habían llegado al final de su experiencia en la organización.

-Esto marca un límite- dijeron, en una carta que es el documento histórico que mejor refleja el derrotero de la Fundación, que fuera modelo en su pelea independiente del Estado por más de 30 años y que se dejara cooptar y seducir por el kirchnerismo y su frondosa billetera:

“El momento de inflexión empezó con la llegada del gobierno kirchnerista. Al principio de esa deriva, quisimos creer que aunque las Madres lo apoyaran, la Universidad podría seguir conservando su independencia. Pensamos, sin imaginar hasta qué punto nos estábamos equivocando, que si no se tocaba un programa como el de nuestra materia –“Modernidad y genocidio”- elaborado desde una perspectiva marxista, quizá podríamos mantener un núcleo de resistencia, desde el cual ir recomponiendo la vieja Universidad, tal como era, tal como la soñamos con quienes ya no estaban, pero que habían hecho posible que esa Universidad existiera”.

Como grafican con su carta, la institución, que emergiera bajo consignas como “estimular el pensamiento crítico y organizar ámbitos grupales de reflexión creativa” o el más rimbombante objetivo de “crear cuadros políticos culturales para transformar la sociedad” (palabras de la rectora Inés Vázquez en Clarín del 30/04) fue quedando subsumida al relato oficial y perdiendo cualquier atisbo de independencia estatal.

De este modo, como se advirtió cuando se destapó la olla de Meldorek, Sueños Compartidos y la millonaria defraudación, “la cooptación, la integración al Estado de organizaciones que en el pasado tuvieron un lugar importante en la lucha democrática, convierte en basura todo lo que toca” (Prensa Obrera, 2/06/11).

No se trata tan solo de un eslogan potente, de una elevación teórica de la independencia estatal, sino de una muestra empírica de sus efectos contrarios: el compromiso con el Estado hace imposible la crítica, la persistencia de la lucha -ya no revolucionaria sino apenas democrática-, así como la denuncia del Proyecto X, de los Berni o de los Milani.

Ese es el objetivo que persigue –que persiguió- el kirchnerismo con la estatización y cooptación de organizaciones sociales, políticas y culturales. La inmovilización de la crítica, la parálisis de la lucha. La salvaguarda inmaculada – de parte de las Madres, en este caso- del relato que supieron construir.


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