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martes, 2 de febrero de 2016

Ciencia y empresas, un círculo vicioso

  | #Prensa Obrera 1397 | Por Juan Winograd, consejero directivo FCEyN-UBA 
 
Una nota publicada en La Nación (3/1)(1) caracteriza el entrelazamiento entre ciencia y empresas que marcó a la era Barañao. Sin embargo, al intentar defender este entrelazamiento cae en fuertes contradicciones y falacias. 
 
La principal falacia es el “círculo virtuoso” en el que los avances científicos se convierten en negocios y estos en “beneficios concretos” para la sociedad. Esta teoría del derrame de la ciencia está muy lejos de la realidad. Lo que mueve a los negocios es el lucro privado y no los beneficios para la sociedad. Esta trivialidad que vale en todos los terrenos, vale todavía más para la ciencia. La ciencia aplicada a los negocios son los medicamentos con precios prohibitivos, los derrames de cianuro en Veladero, el aumento del cáncer en los pueblos fumigados con glifosato o las pistolas taser para la represión policial. Históricamente, el mayor ejemplo de avances científicos convertidos en negocios es la bomba nuclear. 
 
Sin industrialización no hay desarrollo científico 
 
Esta sola cuestión valdría para impugnar la “unión” de ciencia y empresas. Sin embargo, tampoco es cierto que está unión impulse el desarrollo de la ciencia en la Argentina. Barañao se lamenta, en cada reportaje, de que el sector público representa el 75% de la inversión en C y T, mientras que en Estados Unidos, la proporción público-privada es inversa. El programa que cita el artículo de inserción de doctores en empresas tuvo en cuatro años de existencia sólo 27 inserciones exitosas(2). Es que la atrasada industria argentina, que no pasa de una armaduría, no tiene la capacidad ni la intención de impulsar el desarrollo científico. 
 
Las declaraciones de Melo en este punto son ilustrativas. El CyT macrista afirma que la cosecha de soja aporta al país lo mismo que aporta la venta de patentes del instituto científico israelí, pero la mejor conclusión que saca es que “hay que empujar la actividad (sojera) y mantenerla”. Evidentemente, el hombre está cegado, la razón por la que Argentina no tiene un verdadero desarrollo científico es justamente porque la soja representa el 40% de nuestras exportaciones. Por eso, el único ámbito en que la Argentina tuvo un “destaque” fue en el desarrollo de plantas tolerantes a la sequía -aunque por supuesto, los “beneficios concretos” de este desarrollo fueron para Bioceres. 
 
Sobre los casos de colaboración público-privada que se citan, falta un análisis más a fondo. La regla general fue, igual que con Cirigliano en el transporte o con Szpolski en los medios, el parasitismo empresario. El Estado aporta los investigadores y los laboratorios, y las empresas se llevan los beneficios (patentes). Esto queda definitivamente claro en la afirmación final del artículo sobre el programa que implementaría la provincia: “En este caso, por cada dólar privado, el Estado aportaría tres o cuatro”. 
 
Sin un plan de industrialización y de desarrollo nacional basado en las necesidades de los trabajadores no vamos a tener verdadero avance de la ciencia.
 

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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